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Fachada exterior

martes, 6 de septiembre de 2016

MIS APUNTES



SIN PICOR, PERO CON ENJUNDIA

La cocina chilena no es picante –como la peruana, mexicana o thai- pero mantiene tradiciones donde manda la enjundia, un sabor que nos hace característicos y acreedores de una pintoresca historia gastronómica que se resiste al olvido. Para esta primavera, tres platos majestuosos de nuestra cocina típica, que serían un must en cualquier lugar del mundo.


AJIACO: EL REPONEDOR
El ajiaco chileno es una de los caldos más típicos de nuestra tierra, que por su calidad "reponedora" es consumida con gusto luego de las fiestas o celebraciones. Carne asada en tiras, cebolla en pluma y papas en juliana sobre un caldo de huesos es la base de esta preparación que se inicia con un sofrito donde no debe faltar el ajo y los pimentones rojos. A ese caldo hirviendo se le agrega un huevo –pochado- y perejil picado.  Poderoso, delicioso y una verdadera inyección de energías y proteínas para poder enfrentar un nuevo día, después de una noche de fiesta. Y lo mejor es que es sano, ya que es uno de los mejores reconstituyentes conocidos.

 

PATITAS DE CHANCHO:
EL APERITIVO DEL PUEBLO

Este plato de bajo perfil y sin intenciones de entrar a los grandes círculos gastronómicos, es  mantenido a raya en las picadas más tradicionales del centro de Chile. Sin embargo es una preparación de lujo, donde todo el colágeno que aporta este plato ayuda a que los miles de fieles que las comen (enteras o como causeo), no las cambien por ninguna otra delicatesen mundana. Entre amigos, con una buena copa de vino blanco y conversaciones largas y apasionadas, las patitas de chancho son todo un emblema de nuestra cocina campesina. Cuesta encontrarlas frescas y recién preparadas, sin embargo en este restaurante están para “chuparse los dedos”.

ARROLLADO DE CHANCHO:
NIRVANA AL PLATO

Cuando un cerdo está listo para ser faenado después de una larga engorda, el invierno golpea la puerta de las casas del país, por lo tanto, se aprovecha casi todo el animal, para matar el frío y celebrar algún aniversario. En el caso del arrollado se utiliza la pulpa y el tocino en tiras largas, ajo, pimienta y comino a gusto, se lo enrolla en el cuero del cerdo, pintando el cilindro que se forma con salsa de ají y amarrándolo con pitilla, para luego cocinarlo en un caldo, mientras la parentela comienza a llegar con el olorcito sabroso de esta preparación.