martes, 7 de junio de 2016

MIS APUNTES


 
EL CID Y EL SEÑOR DE LAS SALSAS

Cuando el chef Gustavo Maurelli llegó a Chile en reemplazo de Josef Gander, el desafío era gigantesco. Gander llevaba años en una cocina que manejaba a su antojo mientras acumulaba alabanzas y premios. Tras el alejamiento de este emblemático chef, apareció en escena un uruguayo de larga trayectoria, buen currículo y con ideas bastante claras. La primera carta que presentó, ya hace cuatro años, deslumbró con el manejo de las materias primas y el uso de las salsas en platos tremendamente bien diseñados, supuestamente un arte que aprendió en los distintos países y variados paladares que debió enfrentar.

Sus presentaciones de cartas no son seguidas. Mantiene la visión de cada preparación durante meses aunque sea cambiando de materia prima debido a la estacionalidad. Recuerdo la “cataplana” de su primera carta, una especie de sartén con tapa donde cocinaba una serie de mariscos; la “tetera” de sopa de su segunda carta, donde vegetales se cocinaban en la mesa a la vista del cliente. En ambas ocasiones me impresiono positivamente el trabajo que hace con las salsas y que en esta ocasión vuelve a reiterar, ya que logra equilibrar los sabores y convertir una preparación en un producto único y quizá irrepetible.

Maurelli o “El señor de las salsas”, como prefiero llamarlo, tiene los conocimientos y los ocupa constantemente. Hace un tiempo descubrió que nuestras simples betarragas eran las mejores del mundo y no se equivocó cuando nos presenta una entrada de Centolla pochada servida sobre una maravillosa mousse de maíz y acompañadas de baby zanahorias, micro-verdes (que personalmente cultiva en una especie de invernadero que instaló en el mismo hotel) y una excelente vinagreta de betarragas, que inundaba con dulces aromas un plato que debería ser uno de los mejores del año. Un verdadero must que acompañamos con un espumoso Fervor de Casa Silva, vinos que también sirvieron para degustar toda la carta.

Continúa la degustación y las salsas se hacen presentes en todas las creaciones: mostaza y queso pecorino derretido para unos deliciosos Tortellini rellenos de zapallo; Mostaza y miel para un salmón ahumado en casa servido con un delicioso puré de papas, ajos tostados y alcachofas salteadas; Tamarindo y piña para un Lomo de cerdo acompañado de un puré de papas moradas y para terminar una salsa de funghi porcini para un gran Garrón de cordero con verduras asadas. Todo en perfecto equilibrio y si bien no pude “darle el bajo” al garrón, el dulce sabor de una Crème brûlée de pistacho y helado de avellanas hizo despertar nuevamente mi paladar.

El Cid nunca ha sido barato cuando se va por los platos de la carta. Tampoco podría serlo ya que acá el prestigio se cuida y el servicio es uno de los puntales del éxito. El chef Maurelli, que muchos conocen por aparecer en las pantallas de la televisión “destruyendo” restaurantes, lleva años en esta profesión y desde su posición como chef ejecutivo en varios hoteles de la cadena alrededor del mundo, conoce del tema a la perfección. Mirado desde el punto de vista de la nueva cocina, su acercamiento a ella es muy calculada. Si traducimos esto a lenguaje ladino… si hay que poner una espuma, él la pone… pero tiene muchas razones para hacerlo y no la usa a diestras y siniestras. Es posible que con los años de circo que tiene en el cuerpo, entienda que las tendencias hay que respetarlas, pero sin abusar de ellas.

El Cid es un buen comedor para ocasiones especiales: un aniversario, un cumpleaños o el cierre de un contrato. También lo es para todos los que gustan de la alta cocina capitalina. Una cocina con materia prima nacional confeccionada a nivel, sin deconstrucciones desastrosas ni especialidades extrañas. Una gastronomía sobria, muy elegante y exigente de la mano de un chef que si bien no ha sido premiado en nuestro país, es uno de los mejores que hemos conocido. (Juantonio Eymin)

El Cid: Sheraton Santiago & Convention Center /Av. Santa María 1742 / Providencia / 2 2233 5000

EL REGRESO DE DON EXE


 
DE FEIJOADAS Y OTRAS MENUDENCIAS

Cuando le conté a Sofía -la paquita- de mi amistad con Lulú, ni siquiera se sorprendió. ¡Estamos en el siglo XXI!, comentó. “A estas alturas es normal que existan chicas como Lulú e incluso hombres “como tu conserje”.

 ¿Carlitos gay? Sin duda los tiempos habían cambiado. No me atreví a preguntarle a Sofía si ella pertenecía a “ese club” ya que si fuese efectivo habría dado vuelta mi mundo en 180°. No podría ser –pensé- ya que ella está casada con otro paco y antes fuimos fogosos amigos con ventaja. Pero -según mi paquita- ello no es impedimento para que existan lelas, gays o incluso travestis. “Hay más de los que te puedas imaginar”, concluyó.

Todo esto mientras hacíamos el almuerzo del sábado pasado. Con dos estufas a gas y un frío de mierda recordaba esos veranos en Ñuñork en que ella cocinaba sólo con un mandil con pechera que me habían regalado en uno de mis condumios. Ahora, en cambio, estaba más abrigada que guagua de consultorio.

Cambió un poco la temperatura cuando le preparé un sour con jengibre que bebimos en copa catedral. Ella, por su parte, había aprendido una receta de feijoada que incluía cerveza negra, cachaza y jerez. En una olla tenia los porotos negros y en otra un caldo oscuro con unas costillas de chancho que estaba cocinando a fuego lento. Sofía, como haciendo un ejercicio de sanación mental, me contaba de las siete protestas que se tuvo que mamar durante la semana y de las magulladuras que le deja el uniforme de combate que utilizan. Lo que más lamenta es que luego de sacarse cresta y media en las marchas y meter preso a cuanto encapuchado encuentran con bombas molotov, al día siguiente persiguen a los mismos de la jornada anterior. “Estamos para el hueveo”, dice muy seria.

Al segundo sour se comenzó a relajar y dejó de contarme cosas de la comisaria y de su marido que está “pasándolo la raja en Chile Chico”. Poco a poco el calor comenzó a traspasar su piel y se sacó su grueso sweater para quedar con una polera verde bien chic que decía en la espalda “GOPE”. – “Nunca pensé sacarme el sweater, Exe. Así que te tendrás que contentar con esta polerita institucional…”

Como el frente del mal tiempo estaba avisado, mis pertrechos eran suficientes para no salir de casa durante todo el wikén. Sofía agradeció el gesto ya que sus papás no estaban en la capital y ella no quería estar sola. Como los horarios los determina el estómago, almorzamos como a las cuatro de la tarde y entre miradas van y miradas vienen, pensé que el bajativo lo beberíamos en el dormitorio, con sabanitas nuevas de 500 hilos de origen egipcio.

Tras dos platos de feijoada (que estaba realmente maravillosa) y una botella de Cacique Maravilla, un vino tinto de la cepa país que elaboran en Yumbel y que está para mascarlo, decidimos hacer un alto para descansar (de tanto comer) y lavar los trastos. Como en la cocina cabe una persona, me asigné como lavador oficial de platos mientras Sofia buscaba en la radio alguna música ad hoc para nuestro evento privado. Estábamos en eso cuando golpean la puerta. ¿Tienes invitados?, pregunta. Al ver que hacia un gesto negativo con la cabeza dice: ¿abro?

Era Lulú. Menos mal que mi paquita sabía toda la historia así que las presenté y ninguna se hizo rollos. Se saludaron de beso como si se conocieran de toda la vida y se sentaron en el sillón mientras yo seguía lavando platos. Me pareció una eternidad estar en la cocina mientras ellas hablaban despacito, cosa que yo no escuchara sus comentarios. Preparé una bandeja con tres copas de Oporto y un plato con un queso gorgonzola que me había llegado de regalo. Me integré a la charla y me tuve que sentar en una silla pequeña frente a ellas ya que el living es diminuto. Sofía y Lulú reían cuando hice un brindis y pregunté la razón de tantas risas.

No paraban de reírse cuando Lulú me pasa una cajita envuelta en papel de regalo. ¡Que lo abra! ¡Que lo abra! Gritaban al unísono. Bebí un sorbo de mi Oporto y me apresté a abrir ese liviano paquete que estaba en mis manos. Me puse colorado de vergüenza cuando aparece una caja de Viagra a la vista y risas de Lulú y Sofía.

¿Y por qué esto?, pregunté haciéndome el de las chacras. Lulú se levanta del sillón y me pregunta ¿tuviste un tren eléctrico cuando eras chico?
-         Nunca, le respondí
-         Ahora lo tienes en tus manos, querido. Serás una máquina.

Aun no se me pasaba el sorocho cuando Lulú se fue. Sofía queda mirándome y con cara inocente pregunta ¿Petrolero o eléctrico?
-         ¿Lo intentamos aunque sea a vapor?

Saca de su cartera un par de esposas, me las muestra y pregunta ¿te detengo o tú me interrogas?

Estoy seguro que muchos pensarán que el Viagra es lo máximo. ¿Ustedes no creen que posiblemente fue la feijoada?

Exequiel Quintanilla

PERSONAJES


 
XABIER ZABALA
El chef salva-niños
N de la D: El diario español El Mundo publicó el 7 de mayo recién pasado una crónica escrita por Lucas de la Cal donde relata la actual actividad de Xabier Zabala, el chef vasco creador de Infante 51 y que fue premiado como Chef del Año por el Circulo de Cronistas Gastronómicos de Chile. Dada la importancia de esta labor, reproducimos en LOBBY el artículo en cuestión, con la finalidad de reconocer y aplaudir el trabajo social que está desempañando en los suburbios de Ecuador.

No debe de ser fácil enseñar a cocinar a niños de la calle en un lugar donde la vida cuesta 23 euros. El precio que cobra un sicario por asesinato. Tampoco puede serlo encontrarte a un chico muerto en medio de la calle con el estómago cosido. Cuando le quitaron los hilos no había ningún órgano, sólo un sobre con 10.000 dólares dentro de su cuerpo. Los traficantes tuvieron la consideración de dejar ese dinero para la madre del crío después de haberlo secuestrado y haberle sacado todos sus órganos.
Los ojos de Xabier Zabala han visto demasiado. Los esconde tras unas pequeñas gafas que se han empañado del éxito de este chef vasco de 57 años que es una estrella culinaria en Latinoamérica. También se han llenado de lágrimas con las historias personales de sus alumnos de Santo Domingo de los Tsáchilas, una provincia de Ecuador en la que muchos jóvenes se ganan la vida asesinando y donde el terremoto del pasado 16 de abril dejó dos víctimas aplastadas por las paredes de sus casas. "Algunas viviendas y escuelas de la zona se han derrumbado. Ahora estamos recaudando fondos, junto con varias asociaciones de Euskadi, para construir albergues y alojar a los chavales".

La voz de Xabier cautiva al oído. Pronuncia suavemente todas las vocales que salen de su boca y utiliza muchas expresiones chilenas pese a haber nacido en Andoáin (Guipúzcoa). Vamos a presentar un poco más a este hombre que antes de terminar la carrera de Medicina en Valladolid huyó a finales de los 70 a México para no hacer el servicio militar. Allí estudió Antropología y abrió su primer restaurante. Años después se fue a Chile para ayudar en la construcción de una nueva ciudad. En Santiago tuvo su restaurante más prestigioso, se convirtió en el mejor chef del país y dio de comer a destacadas personalidades, desde Hugo Chávez hasta el Rey Felipe VI. Ahora salva a niños de la calle en Ecuador, enseñándoles, a través de la cocina, unos valores que les proporcionarán un futuro fuera de la delincuencia.
De la calle a fogón
Empecemos por el final. Xabier llegó por primera vez a Santo Domingo de los Tsáchilas en las navidades de 2013. Su amigo, un cura escolapio vasco llamado Martin Gondra que gestiona una Casa Hogar para jóvenes en exclusión social, le invitó a pasar unos días con ellos. Xabier se quedó impactado al conocer la trágica vida de los chavales y se ofreció a darles talleres de cocina.

Entre sus alumnos está Edison, un crío de 13 años que fue violado por un cliente de su madre, prostituta. También están Joel, Fredy y Emerson, tres hermanos que vienen de una familia de sicarios. Su padre mató a su madre en su presencia. Y Andy, que con 18 años se está empezando a travestir y se gana continuas palizas y amenazas por ello.

Xabier aterrizó con su manto de cocinero para ayudar a estos chicos en una de las 24 provincias de Ecuador, con 460.000 habitantes, ubicada entre la cordillera de los Andes y el océano Pacífico, donde el 59,5% de las mujeres han vivido algún tipo de violencia. "Al llegar me llamó la atención que la guía Lonely Planet ponía que no era recomendable parar en este sitio. Calles sin asfaltar, casas e iglesias sin terminar y las violaciones, asesinatos y secuestros están a la orden del día. No sabía qué pintaba yo aquí hasta que miré a los ojos a los chicos del centro. Era una mirada vacía, sin futuro, que había que llenarla con esperanza, motivándoles con algo que les gustara y que les diera las herramientas para poder llevar una vida lejos de las calles", nos dice Xabier.
Así empezó a trabajar con los niños de la Casa Hogar Niño Jesús, una propuesta educativa de la Fundación Proyecto Salesiano, que lleva 19 años en esta ciudad. En el centro hay 60 jóvenes con muchos problemas, todos chicos entre ocho y 18 años. Las chicas están en otro centro. "Si les juntan se pasarían el día follando y no harían nada", bromea Xabier, que durante tres años ha utilizado sus talleres de cocina como instrumento para incentivar la autonomía personal. Ya ha "salvado" a 19 chicos. "Aprenden a organizarse, limpiar, manejar un pequeño presupuesto y saber gestionarlo, ir al mercado a comprar y relacionarse con la gente. El futuro que les espera es bastante jodido. Tienen que empezar a aprender a vivir".

Joao, de 17 años, ha participado en todos sus talleres. Es especialista en hacer flan de mango. Porque en la cocina nuestro chef vasco no les enseña sólo a preparar simples platos. Con los productos locales y un mínimo presupuesto, les exige una calidad y una presentación gourmet como si fuesen a dar de comer a su presidente Rafael Correa.
"¿Cuánto vale un dólar?", les pregunta Xabier al comienzo de la clase. "Dos libras de arroz", contestan ellos. "Estos chicos son unos supervivientes. Si canalizamos su energía y picardía, y lo llevamos a la cocina, pueden convertirse en excelentes cocineros y ganarse la vida".

Xabier divide a sus alumnos en equipos de cinco. Cada uno de los grupos recibe 30 dólares para los cinco días que dura el taller -en Santo Domingo la gente trabaja 14 horas diarias cobrando 60 dólares al mes-. Con ese dinero los chicos tienen que organizarse, hacer las cuentas (matemáticas) y repartirlo entre la comida, el transporte, agua para beber y cocinar, y los productos de limpieza. Aprenden a trabajar en equipo y a tener orden. El hogar de acogida les proporciona una sala de cocina de dos fuegos, un balón de gas, una mesa de trabajo y un refrigerador. "Cada día tienen un nuevo reto. Unas veces no pueden usar ninguna proteína y otras les damos sólo media hora para cocinar todo el menú. Les enseño cocina popular ecuatoriana, picar yuca frita, preparar arroz con carne apanada y ensalada de atún con coliflor", explica Xabier. Sus chicos poco a poco van cogiendo el testigo de la empresa de catering que lleva las comidas en la Casa Hogar y están montando una granja para cultivar sus propios productos.
Xabier ha estado con ellos en febrero impartiendo su último taller de cocina. La última vez que pisó España fue en navidades, con su mujer madrileña, África Ovejero. Durante esos días nos tomamos un café con él en una cafetería en el centro de Madrid, antes de su regreso a Santiago de Chile, donde vive en un buen barrio a las afueras de la ciudad. "Volveré para quedarme junto a mi pareja cuando nos jubilemos", dice el cocinero, que salió de España por primera vez con 21 años para escapar del servicio militar.

Estudiaba cuarto de Medicina en Valladolid cuando se convirtió en un prófugo para la Justicia española. Su destino fue México. Allí llegó en 1979 sin documentación, y por eso se pasó unos días en el calabozo de Gobernación en México DF. Cuando salió empezó a estudiar Antropología en la Universidad y con ayuda de su familia compró un pequeño restaurante. El negocio le fue muy bien. Estuvo siete años en México, consiguió pasaporte latinoamericano, pero seguía sin poder volver a España por su condición de prófugo.

Entre Chile y Ecuador
En el 86 decidió irse a Chile, en un momento en el que el dictador Augusto Pinochet había impuesto el toque de queda en el país. Allí montó un pub llamado Vicious, en honor a Lou Reed. Abrió también un restaurante en la misma calle, Kaia, especializado en pescados y mariscos.

En ese momento le ofrecieron un jugoso proyecto difícil de rechazar: construir una nueva ciudad. El grupo Cruz Blanca le contrató para gestionar todo el concepto culinario en Curauma, un área forestal a la salida de Valparaíso prevista para que vivan 200.000 personas. "Estuve dos años trabajando en el proyecto. Contactaron conmigo por mis conocimientos en la cocina y en antropología. La idea era mostrar una ciudad temática como las que se estaban construyendo entonces en Estados Unidos. Mi función fue la de diseñar restaurantes y el tipo de comida que se debería hacer. Fue un lujo y encima me pagaban una fortuna", explica Xabier Zabala.

Cuando terminó su parte del proyecto y con los bolsillos llenos, volvió al País Vasco en 1994. "No me integré, me sentía raro y echaba de menos Chile". Por eso volvió meses después y empezó de cero. Primero se metió como gestor de una caleta de pesca en la ciudad de Quintay, donde montó un restaurante junto con el sindicato de pescadores. Su nombre empezó a sonar con fuerza en el país andino y en 2003 decidió alquilar en Santiago una villa de 1928. La restauró y la convirtió en un restaurante, Infante 51, dedicado a servir los mejores pescados capturados en la costa chilena. "Llegué a un acuerdo con las cofradías de pescadores para que me vendieran directamente todo lo que sacaban del mar", relata el cocinero.
Cinco meses después de la inauguración, ya le habían asignado siete tenedores y había sido nombrado Mejor Chef del Año en Chile, un premio que sólo se puede ganar una vez en la vida. Este triunfador lejos de su tierra puede presumir de haber dado de comer a las personalidades más importantes del momento. "He cocinado para todos los presidentes de Latinoamérica y para muchos artistas de talla mundial. En 2012, la embajada española me dijo que iban a hacer una visita los entonces príncipes Felipe y Leticia, y me encargaron que les preparase una cena especial", cuenta.

Un año después traspasó su exitoso restaurante y empezó a dar clases de gastronomía en la Universidad de Las Américas. Ahora compagina su labor solidaria en Ecuador y la docencia en Chile con frecuentes apariciones en programas de televisión y radio. Con su mujer, África, que trabaja allí como gerente de marketing en una multinacional, viven acomodados en una ciudad que les ha dado todo.
En julio, Xabier tiene pensado volver a Santo Domingo de los Tsáchilas. Seguirá con sus clases de cocina para chicos de la calle como Edison, Joel o Andy. Ellos han sido testigos de cosas terribles para las que ningún chaval de su edad está preparado. Ahora, entre fogones, y con los consejos de nuestro chef vasco, tienen una oportunidad para salir de un pozo muy hondo en el que han estado a punto de ahogarse.

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(JUNIO) BORAGÓ (Nueva Costanera 3467, Vitacura/ 2 2953 8893): “Sin ir al detalle -tampoco uno tiene que ser el latero- hay estaciones de sabor que son un logro superior y una sorpresa: un chupe de hongos silvestres y un "pulmay de rocas", con un caldo hecho de la raíz del cochayuyo y, efectivamente, con unas piedras en el plato, una de ellas envuelta en un puré comestible. También es inolvidable un trozo de cordero con una milhojas de... hojas de parra. Una chochoca -preparación chilota de papas- que envuelve una lengua de erizo, un tártaro con maqui y un congrio dorado con plantas de roca del borde costero son otros de los platos, igualmente logrados. Menos suerte con una jibia no tan blanda y con un chilenito con una frutilla en extremo ácida.” “Tema aparte es lo dulce. La fragancia de la rosa invade la boca al comer un cuchuflí con manzana. Lo mismo, full aroma, se percibe en otra preparación de sustrato vegetal, esta vez con rica rica. Se siente un placer terroso al probar un postre protagonizado por la semilla del espino y se siente poco empalago con la ingeniosa variante del postre de tres leches,” “En fin. Es toda una experiencia, en la que nota la obsesión de alguien que se ha jugado el todo por el todo sin claudicar.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(JUNIO) CARRER NOU (José Miguel Claro 1802 / 2 2727 1161): “Es que ocurre aquí que la cocina es tan de universal gusto, afirmada como está en algunos estilos y modos de la cocina española que, al menos, por estas latitudes, es generalmente apreciada. Partimos con una tortilla española en variedad Carrer Nou, es decir, empaquetada en gran cantidad de láminas de jamón serrano ($5.700): fue nuestra entrada, aunque era para dos; y llegó como la pedimos (nos preguntaron cómo la queríamos): "seca como para echarla a rodar". Excelente.” “Entusiasmados a pesar de las cantidades ya ingeridas, seguimos con lo que se nos informó que era el plato más vendido, intitulado Euskadi ($10.900), que resultó ser un grueso medallón de filete, cocido a punto, acompañado de un riquísimo guiso de habas con puntas de jamón serrano. Vacilamos mucho entre éste y el atún Sofía, sellado y rodeado de migas de ajos (migas españolas aromatizadas de ese modo), que tenía una cara soberbia... Pero nos fuimos luego a un par de timbales de carne de cordero deshilachada y aliñada, con salsa de Oporto y un cerro de papas hilo fritas a la perfección ($11.900). Una verdadera fiesta.”

MUJER
PILAR HURTADO
(JUNIO) RIVOLI (Nueva de Lyon 77, local 11, Providencia /  2 2231 7969): “Ya en la mesa, pancito de la casa -tinta de calamar y anís, muy rico- y aceite de oliva. El garzón que nos atendió estaba un poquito impaciente porque demoramos en decidir qué queríamos, mientras él además nos contaba las sugerencias que no están en carta, como el pulpo y la burrata. Mi amiga quería sopa, así que pedimos un minestrone, con garbanzos, lentejas, acelga, zapallo, que nos trajeron en dos platos y estaba muy rico; los garbanzos, como siempre aquí, gigantes y perfectos. También compartimos una burrata, que es un queso fresco como un paquetito, una cosa entre mozzarella y crema, cuyo centro es más líquido, que a mí me gusta mucho.” “De fondo, ambas nos fuimos por la pasta, mientras llegábamos a la mitad de nuestra botella de merlot Los Boldos. Tagliolini con erizos para mi amiga, que se apenó porque encontró chicas las lenguas, si bien la pasta estaba maravillosa. Yo me tenté con los tortelloni de foie gras, cómo no. Lo que sí me pareció, y se lo comenté al chef, es que los dobleces del tortelloni crean unas partes más duras que contrastan con la suavidad del foie que venía en trozos dentro de la pasta; un lujo y un tema que Funari prometió intentar solucionar. Nada que hacer, a pesar de esos pequeños detalles, Rivoli se sigue sosteniendo, y sin duda la presencia de su chef ahí es parte de la receta.”

 

 

martes, 31 de mayo de 2016

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVIII, 2 AL 8 de junio 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: La ruta del arrollado huaso
MIS APUNTES: Pomeriggio: ¿qué diablos es la Burrata?
EL REGRESO DE DON EXE: El ascensor: ángeles y demonios
TURISMO: Capadocia: de hadas, globos y trogloditas
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

LA NOTA DE LA SEMANA


 
LA RUTA DEL ARROLLADO HUASO
Cuenta la historia que este típico plato del centro de nuestro país, tuvo su origen en la época de la Colonia, cuando la burguesía adaptó embutidos clásicos de la cocina francesa y española con el fin de sacarle mayor provecho al chancho, una de las carnes más consumidas en esos años. Esta incipiente pero sabrosa fusión de productos traídos de Europa y los propios de nuestro país, lograron convertir al arrollado huaso en uno de los principales platos de nuestra tradición gastronómica. El arrollado es tal vez la más sabrosa, blanda y enjundiosa forma de cocinar un chancho. Carne suave, sabor intenso, una blandura sin precedentes... un verdadero vicio. Se cocina con grasa de cobertura y se presenta envuelto en la tripa, la que se desenrolla y deja toda la pieza a la vista. Tres de los mejores que hemos probado forman parte de esta pequeña ruta dedicada a uno de los baluartes gastronómicos de Chile central.

Honorado, idolatrado y objeto de peregrinación es el nuevo hogar del ya célebre San Remo (Miguel Claro 2220), cuyo nombre es en Santiago sinónimo del mejor arrollado de la ciudad. Sus clientes lo veneran y prácticamente hacen romería para degustar su gigantesco arrollado caliente, con su piel tan perfecta que se deshace con el tenedor y donde su carne expresa los aromas más inconfundibles de nuestra tierra como el orégano, comino y cilantro, bien aderezado con una suave pasta de ají y acompañado de un buen puré picante. Un plato que lo dejará sonriente y con ganas de regresar una y mil veces a este santuario del arrollado huaso que nació como la carnicería La Vaca Gorda para luego transformarse en lo que es en la actualidad.

A pesar de que su nombre es originario del país de la bota, en el Liguria (Av. Providencia 1373) brilla –y con énfasis- la cocina chilena criolla, esa que se manifestó en los comienzos de nuestra República. Una cocina que es alabada por moros y cristianos y donde el arrollado elaborado en casa y servido frío con puré de palta, es uno de los platos insignia de esta cadena de restaurantes capitalinos que capitanea desde hace 16 años el cocinero autodidacta Alfredo Gutiérrez, quien aprendió el oficio junto a su abuela, en aquellos entonces propietaria de una fuente de soda.

Por último, en el año 1939, José Ignacio Vivanco (padre) con 17 años de edad, junto a su madre, dieron inicio a una artesanal picada en la calle Cumming, donde en un patio trasero de una verdulería que a la vez servía de hogar, atendían a algunos parroquianos que gustaban de los cocimientos de chancho y la chicha de Villa Alegre para acompañar tertulias de naipes y conversación. En los años ‘60 Los Buenos Muchachos (Av. Ricardo Cumming 1031) era una picada propiamente tal, donde sus principales platos eran la pichanga y el arrollado preparados por don Nacho. La fama de su arrollado acompañado con papas hervidas fue heredada generación tras generación y en la actualidad no hay festejo que no incluya el arrollado como uno de los más fieles representantes de nuestra cocina. (JAE)

MIS APUNTES


POMERIGGIO
¿Y qué diablos es la Burrata?
Hace un par de meses abrió en el Mall Casa Costanera el primer restaurante centrado exclusivamente en Mozzarellas y Burratas traídas desde Italia y que, por supuesto, cuentan con denominación de origen protegido. Se trata de Pomeriggio Bistró, que ofrece dos formatos para comer estas delicias italianas.
Sin mayor respeto por el prestigio de la cocina italiana -excepcional por su variedad y productos-, durante años hemos comido imitaciones de quesos italianos, peores que los peores quesos gouda industriales, que sin duda odiamos.

Nada que ver con los originales, claro. La Mozzarella se hace con leche de búfala, un queso fresco que se elabora sumergiendo la cuajada en agua que se calienta a noventa grados. La cuajada se vuelve una goma que se estira y modela con las manos -formando la pasta hilada-, hasta conseguir las bolas que muchos conocemos. Una vez acabado el proceso se introduce en salmuera y ahí debe conservarse mientras la consumimos. Esta delicadeza dura pocos días y dado que es un queso importado, conviene tener en cuenta su fecha de caducidad ya que se pierde en un suspiro.
Se produce en el centro y sur de Italia, es suave, delicada, ligeramente ácida, con notas lácteas, a mantequilla. La DOP sólo permite su producción a partir de búfala, un bóvido que se introdujo en Italia desde Persia en el séptimo siglo; ni que decir que el 90% de los que encontramos en el mercado están hechos con leche de vaca (fior de latte) y tienen un sabor y, sobre todo, una textura absolutamente diferente de la original -más elástica- debido a la mayor presencia de grasa en la leche de búfala. Pero dejémonos de tonterías ya que en Santiago lo que está de moda es la Burrata. No es que tenga mucha ciencia ya que en realidad este producto es sólo una Mozzarella fresca rellena de nata. El resultado es una textura cremosa, en la que se potencia el sabor lácteo y dulce con la nata, que compensa la acidez de la base. Si la Mozzarella ya es un exceso dietético, la Burrata es la reina del colesterol.

Y como les contábamos, el Pomeriggio, el único restaurante que posee el exclusivo mall Casa Costanera, incorporó estos quesos como productos insignias del local ubicado estratégicamente en el primer piso de este Mall urbano que aún no logra la personalidad suficiente para ser un digno rival de otros centros comerciales del Barrio Alto. Sin embargo Pomeriggio se repleta de conocedores de los productos italianos y uno que otro snob que intenta escalar su posición social. El lugar está muy bien decorado y bien armado (a pesar que no tiene baños y hay que usar los del Mall). Contribuyó en ello el chef Mathieu Michel, quien supervisó la carta de especialidades. En la terraza hay una buena barra (con mesas alrededor) donde los quesos, charcutería italiana y antipastos son los protagonistas. Se puede pedir, por ejemplo, porciones de suave Mozzarella fresca o ahumada a $ 6.800, y de cremosa Burrata, normal o trufada, a $ 7.800. También opciones para acompañarlas como verduras ($ 2. 200), embutidos ($ 3.800), pescados y mariscos ($ 3.800) y otros quesos ($ 3.500). Lo mejor es pedir la Tabla Pomeriggio Speciale ($ 14.500), que incluye mozzarella clásica, tomates cherry con pesto, grana padano, salame y prosciutto: el antipasto soñado.
Otros platos son la Caserola florentine ($ 5.500), una olla de hierro que en su interior lleva un huevo pochado, espinacas, suave salsa de queso parmesano y un toque de dulce mermelada de tomates; el Huevo al Tartufo ($ 5.500), que viene pochado sobre unos deliciosos capellini elaborados en casa y aromatizados con crema de trufa casera; y la Burrata fundida ($ 12.800), una intensa y sabrosa mezcla de hongos portobello, parís, shiitake, champiñones y funghi porcini salteados, que vienen acompañados de una cremosa Burrata a temperatura ambiente.

Si le gustan los quesos y se enamora de la Burrata, este lugar es ideal. (Juantonio Eymin)
Pomeriggio Bistró/ Casa Costanera, Avda. Nueva Costanera 3.900, Vitacura / 2 2486 2076.

EL REGRESO DE DON EXE


 
EL ASCENSOR
Ángeles y demonios
 ¡Maldito domingo!
En la vida no todas las cosas se dan como uno pretende. A decir verdad cada día me quejaba menos del hecho de vivir en pleno Santiago Centro y poco a poco comenzaba a olvidar mis costumbres allá en la Plaza Ñuñoa, donde los domingos salía a comprar el diario, me tomaba una copita en Las Lanzas y luego regresaba a mi nidito de amor a echar una siestecita o a leer un buen libro. Cotidiano pero feliz.

También así se estaban dando las cosas en mi nuevo departamento. Poco a poco me acostumbraba a mis vecinos, una majamama de inmigrantes que le dan color, olor y sazón al edificio. Aún más, hice un trato con los pinganillas que andaban en skate y en bicicleta en los pasillos de mi piso para que lo hicieran un par de pisos más abajo previo aporte de diez lucas mensuales en total. Ellos, felices, se cambiaron de piso y la tranquilidad se hizo presente como acto de magia.
Todo caminaba sobre ruedas hasta el domingo pasado. Como por la ventana vi que el tiempo estaba medio lluvioso, agarré impermeable y paraguas para bajar a comprar el diario y una “pichanga” para  amenizar el día. Acá no hay embutidos italianos ni fiambres españoles ni nada que se le parezca, así que la pichanga es la reina de los aperitivos. Cuando llegué al ascensor comenzaron mis problemas ya que habían puesto un letrero donde se leía clarito: “Ascensor fuera de servicio, prohibido su uso”

Malhumorado regresé a mi departamento y me comunique con Carlitos, el conserje. Algo me habló de carbones, cables, cortocircuitos y otras cosas que no recuerdo, y que con mucha cueva tendríamos ascensor el lunes. Luego de colgar pensé: ¿bajar 16 pisos está bien… pero subirlos?,  nica…
Hice un registro de lo que tenía en casa: tallarines, tuco en lata, pan de molde, vino (nunca falta), una botella de gin, media de whisky, café de tarro, té y una lechuga mustia, casi-casi de color marrón (los peruanos me enseñaron que el color café no existía y había que decir marrón). Con tales suministros, más una cajita de cigarros Café Créme, podía pasar 24 horas sin moverme de mi cueva.

Leí el diario por Internet, después vi una película y ya me estaba aburriendo. Ya era pasado mediodía cuando recordé a Lulú, que vivía en el piso 28. El diablito que tengo al costado izquierdo del cerebro me dijo ¿Por qué no la invitas a almorzar? ¿Crees que a ella le dé el cuero para subir y bajar?
A veces el diablito se pone inteligente, así que busqué su wasap y le mande un mensaje:

“También sin ascensor? Almorzamos juntos?

A los dos minutos recibí la respuesta: “bajo o subes?
-         Tengo tallarines con salsa!
-         Yo palmitos y tomates cherry!
-         Bajas?
-         En 10 min.

Wasap es maravilloso. Llegó enfundada en unos jeans rasgados –casuales- según ella; una polerita muy mona y una chaqueta de cuero de verdad. Se veía fenomenal. De una bolsa sacó un delantal de cocina y me ordena: ¡Prepárame un trago! Yo cocino.
Lulú es de esas minas que con un huevo es capaz de hacer entrada, fondo, postre y hasta un queque. Yo me encargué del vino y nos devoramos unos tallarines al tuco tan sabrosos como los bonaerenses. Sin ascensor, lloviendo y con algo de frío, le serví un whisky de bajativo y nos apretujamos tapados con un chal en el sillón que enfrenta mi televisor para ver cualquier cosa. Estábamos viendo El Padrino en Netflix cuando ella bebe un sorbo de su vaso y dispara:

- Tengo polola

Quedé petrificado y mudo. Quise saber la opinión de mi diablo mental pero se había arrancado. El angelito bueno me dice que no es malo tener amigas con polola. Como la paciencia es una de mis virtudes, bajé la adrenalina, le miro las pechugas y lamentando tremendo desperdicio le digo: - Me alegro que seas sincera. ¿Cuándo me la presentas?
Me dio un beso en la comisura de los labios y dice -“uno de estos días”. – ¡Me encantaría tener un abuelo como tú!

¿Me entienden ahora por qué el domingo fue nefasto?
Exequiel Quintanilla

TURISMO


CAPADOCIA
De hadas, globos y trogloditas
Cada cierto tiempo uno se sobrecoge con algunos paisajes. Me pasó cuando visitaba Turquía y más precisamente la Anatolia central, en pleno Asia, con la finalidad  de conocer uno de los lugares más enigmáticos de nuestra tierra. La región se llama Capadocia y fue epicentro del turismo mundial hasta que los movimientos extremistas asolaran varias ciudades de este país. Llegar allí no es fácil. Dos días de viaje con suerte. Pero por lo visto y recreado, es realmente una maravilla.
¿Será así la luna… o marte? Un verdadero paisaje marciano me recibe en la región de Capadocia tras una hora y minutos de vuelo desde Estambul. Un pequeño aeropuerto con una gran pista de aterrizaje para los miles de turistas que visitan esta región que se formó hace 3 millones de años con la erupción de los volcanes  Erciyes, Hasandag y Malendiz. Las cenizas, lava y barro cubrieron toda la meseta de Anatolia Central con un grosor de decenas de metros. Al enfriarse esa masa caliente, se contrajo y agrietó. Luego con la erosión provocada por la nieve, agua, aire y cambios de temperatura,  se crearon las formas más insólitas y alucinantes que se pueden ver en este mundo.

A las cuatro de la mañana me pasan a buscar al hotel. Noche oscura para iniciar una travesía en un globo que se eleva para observar desde el aire las figuras que se han formado en este espacio único. Tras un grato desayuno, una van me traslada al lugar del ascenso. Aclara cuando comienzan a elevarse cerca de 50 globos con más de un millar de turistas con el fin de conocer desde el aire estas figuras de lava que cavadas por el hombre a través de la historia, aparecen como un queso gruyère una al lado de la otra por kilómetros y kilómetros. La sensación de estar en el aire es indescriptible. 

Franceses, musulmanes y turistas de otras nacionalidades completan los 16 cupos del globo en que viajo y que pagan doscientos Euros cada uno por la experiencia. El piloto, un experto en esto de la navegación, lo eleva y baja a su voluntad. Transmite experiencia y profesionalismo. Nos internamos por valles llenos de figuras volcánicas repletas de puertas y ventanas con el fin de entender que en este lugar vivió mucha gente en verdaderas cuevas cavadas en la blanda roca volcánica. Sinceramente no parece real y da la sensación de estar en un set de películas marcianas. Sin embargo todo es verdadero. Una realidad que estremece.
Ya en tierra firme, más historias increíbles. Decenas de pueblitos situados casi uno al lado del otro muestran orgullosos sus monumentos naturales. En Göreme se encuentra el Museo al Aire Libre más visitado por los turistas. Allí, los monjes ortodoxos dejaron en el siglo III de nuestra era, innumerables testimonios de la cristiandad. Aún existen cavadas en la roca volcánica monumentos, capillas, alcobas, almacenes e iglesias, muchos de ellos decorados con frescos de los siglos XI y XII.

El lugar sobrecoge. Capillas e iglesias cavadas en la roca con frescos de referencias cristianas que los musulmanes cuidan como hueso de santo. Las cocinas y comedores de los monjes y toda una infraestructura guardada para testimonio de la humanidad. Todo eso que nos contaron los libros de religión, vive y palpita en Capadocia.
Impresiona el respeto del pueblo musulmán por las imágenes cristianas, Desde la época de los sultanes, han cuidado todas las referencias del paso de Cristo por esta tierra. Por ello no molesta ni incomoda la diversidad de culturas y religiones en este país que vio nacer los tulipanes y que andaban con zapatos cuando nosotros caminábamos a pie pelado. Cuando uno se enfrenta a lugares como estos, que nacieron hace miles de años y que aún perduran en el tiempo, nos hace pensar lo pequeños que somos y lo grande de nuestra historia.

Más curiosidad provoca conocer los pueblos subterráneos que se emplazan en toda la región. En 1963, un habitante de Derinkuyu derribando una pared de su casa-cueva, descubrió asombrado que detrás de la misma se encontraba una misteriosa habitación que nunca había visto; esta habitación le llevó a otra, y ésta a otra y a otra… Por casualidad había descubierto la ciudad subterránea de Derinkuyu, cuyo primer nivel pudo ser excavado por los hititas alrededor del año 1400 A.C.
Los arqueólogos comenzaron a estudiar esta fascinante ciudad subterránea abandonada. Consiguieron llegar a los cuarenta metros de profundidad, aunque se cree que tiene un fondo de hasta 85 metros.

Capadocia huele a damascos y hoy en día modernos pueblitos reemplazan las habitaciones de sus habitantes que recién hace cincuenta años dejaron de vivir en las cuevas. En la actualidad, cerámicas, alfombras, joyas y toda una alfarería está a disposición del visitante. Acá la seda es natural del gusano de seda y una alfombra de dicho material se confecciona después de tres o más años de arduo trabajo manual. Tan solo verlas, ya es un lujo. Y tenderse en una de ellas -que valen cerca de doscientos mil euros-, es un privilegio.
 
Si alguna vez llega a estos rincones lejanos, no se pierda la ceremonia ritual de los Derviches. Quedará pasmado y con los ojos demasiado abiertos. Es lo más esotérico e hipnótico que he visto en mi vida. Luego de la ceremonia, que dura cerca de media hora y que no permiten fotografiar, nos retiramos en silencio, tratando de entender lo inexplicable. Recorra sus pequeños poblados, beba té de manzana, súbase a un camello a pesar del pésimo olor que expelen y visite un Hammam, o baño turco como lo llamamos nosotros, donde lo dejaran como nuevo aunque haya dormido poco por este paso por Capadocia, ya que se hacen insuficientes los días para lo mucho que hay que ver.

Bueno, casi la totalidad de la región de Capadocia es así: llena de historia y misterios. El paisaje conmueve… y una imagen vale más que mil palabras. (JAE)

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(MAYO) UNCLE FLETCH ÑUÑOA (19 de abril 3545, Boulevard Plaza Ñuñoa / 2 2904 5091): “…bienvenida sea la llegada de Uncle Fletch al barrio de Plaza Ñuñoa. Y en especial por los más inquietos amantes de la cerveza, porque este puede convertirse en su lugar de encuentro. Para quien no conoce el local original de Bellavista, se trata de una hamburguesería de calidad. Hay cosas para picotear, pero el fuerte es un buen pan y una buena carne molida.” “De lo no vacuno, un sándwich de pescado (merluza austral, $5.800), con una presa de pescado imposible de comer entre panes, con lechuga, tomate y ají verde. Bien frita, sabroso todo, pero con estructura de zigurat (o sea, de torre sumeria). Luego, una Big Texas ($8.500), con queso cheddar, tocino, unos aros de cebolla y jalapeño. La versión adulta y noble de aquello que se puede comer en versión carnaza en las cadenas de comida rápida. Y, finalmente, lo más recomendado: los Tres chanchitos ($8.800), un trío mini de hamburguesas, una con tocino, otra con queso azul -y hojas de espinaca- y otra con queso cheddar. Cero pérdida, señores.

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(MAYO) DON CARLOS (Isidora Goyenechea 2895, Las Condes / 2 2232 7144): “  Por ejemplo, aparte de que nuestro matambrito de chancho (pulidamente denominado "de cerdo"...) resultó adecuado como entrada (apreciable cantidad de carne chanchulina bien asada y cubierta con cebollitas de verdeo rehogadas; $4.500), la otra entrada que probamos, unas berenjenas a la parrilla cubiertas con abundante queso parmesano y unos trozos de pimiento rojo ($4.000), reveló algo que nos pareció evidente: el maestro parrillero tiene talentos reprimidos que pugnan por expresarse: esas berenjenas estaban magníficas, pero las preparaciones de su género, o sea, hortalizas y verduras, no abundan en la carta. ¿Por qué no darles más oportunidades? “Nos confirmaron en esta impresión las chuletas de cordero (400 gr de este animal; asadas al punto pedido; $9.900), acompañadas de unas espinacas a la crema, que si bien son un contorno algo banal, estaban muy buenas... Y El ojo de bife de lomo vetado (habrán querido decir "veteado", porque, hasta donde sabemos, no hay veto alguno que pese sobre esta presa de la vaca), aunque estaba bien hecho, venía acompañado, como pedimos, por unos excelentes champiñones salteados en aceite de oliva, tan buenos como hacía tiempo que no probábamos ($12.500; y 300 gr de animal, para quienes se interesan en la cantidad).”

MUJER
PILAR HURTADO
(MAYO) DON PEYO LA DEHESA (Av. La Dehesa 181 / 2 2954 2684): “Mientras elegíamos, trajeron una panera con sopaipillas y unas minicolisas muy buenas. El pebre con más tomate que cebolla. Como entradas, luego de la felicidad del borgoña, probamos el arrollado huaso de la casa, que no comimos por seco y duro; una pena que este emblema de nuestra cocina esté tan pésimamente representado. También una lengua muy bien hecha y deliciosa, ambas acompañadas de mayonesa envasada y ají para el arrollado. Las porciones son muy generosas, pero aun así no nos privamos del fondo: un buen pernil al horno, sabroso y bien aliñado, que acompañamos con un poco de cebolla frita, y un tentador charquicán con huevo frito y arvejas, servido en una paila de greda. Atención esmerada y que fue bajando un poco su intensidad a medida que el local se fue llenando. Cajitas de plumavit muy adecuadas para llevarse lo que uno no se alcanza a comer. En este caso, el pernil lo seguimos picoteando un par de días después. Y seguía rico. En suma, todo un descubrimiento, a muy buenos precios, por lo que supongo será ideal para ir en familia.

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(MAYO) CALETA LA REINA (A.Valenzuela Llanos 1358, La Reina / 9 5613 2980): “Funcionan diariamente con un menú que incluye, con alternativas, entrada y fondo más postre, por amigables $4.900. También disponen de una carta cuya oferta fría considera ceviche de caleta (bueno, cortado en cubos, sabroso); ceviche mixto, causeo, pulpo al olivo, carpaccio de salmón, tartar de atún, o ensalada marina. Cada plato alrededor de $6.500 o poco más. En platos calientes preparan pulpo agridulce, al ajillo, a la diabla, pilpil de camarones, machas parmesana, chupe de jaibas, salmón con alcaparras, sándwich de pescado y pescado a la plancha.” “Como bebidas disponen de jugos y de varias marcas de cerveza, que sirven en vaso helado; la mesa incluye pebre y pancitos amasados de cortesía. El domingo incluyen también música en vivo, y los partidos trascendentales se pueden ir a compartir allá. Interesante mencionar el buen nivel de su servicio higiénico, y la preocupación de los jóvenes empresarios por hacer cada vez un poco más atractiva su caleta.”