martes, 9 de febrero de 2016

Buenos paladares

CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONOMICA

MUJER
PILAR HURTADO
(FEBRERO) THE RAJ (Manuel Montt 1855, Providencia / 227 160 077): “Los platos elegidos fueron un roll de espinaca y queso, del que vienen 6 trozos y es frito, acompañado de una salsita de hierbas. También dal makhani, deliciosas y cremosas lentejas que sirven en un baldecito metálico. Además baingan bartha, guiso de berenjenas y vegetales ligeramente picante, realmente delicioso. Para acompañar, un arroz con castañas de cajú en buena cantidad y generosa porción. Mi amiga tiene vasta experiencia en comida india, y le gustó harto lo que probamos. Yo también me considero una fanática, y todo me pareció aliñado muy equilibradamente, se nota que el cocinero tiene muy buena mano, ya que no eran sabores invasivos ni que se anularan unos a otros. Además me gustó mucho la textura de todo lo que probamos. Como postre pedimos un mango kulfi, que es helado de leche y fruta, y gulab jamun, bolitas de masa fritas, en almíbar y servidas tibias.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(FEBRERO) COLMADO (Juan de Dios Vial Correa 1291, Providencia): “Primero, la idea del brunch, que ofrecen los días sábados y domingos. Brunch es el resultado de comprimir las palabras anglo para desayuno y almuerzo, y responde a una comida que se sirve a una hora indefinida entre ambos hitos. A veces viene acompañado con algún "nivelador" del ánimo, como un Bloody Mary o una mimosa, o con algún buen jugo vitaminoso (no con uno AFE, por muy natural que sea). Lo otro es que es más voluminoso y variado que un desayuno normal, con alguna proteína por ahí, frutas o algún lácteo. O sea, algo con más cariño que dos huevos revueltos con queso o prosciutto (y poco), junto a un poco de tomate picado con algo de aceitunas y tres tostadas bañadas -con pica- en mantequilla. Eso es un desayuno, no un brunch (y a $7.900), por más que venga con un café (espresso = impecable) y un postre (ambos de los probados, de lujo: un queque de zanahoria y una torta de chocolate con su acento de frutos rojos).”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(FEBRERO) EL MIRADOR (Marbella Resort, Km 35 camino Concón-Zapallar / 322 795 900.  ) Hace algunos años visitamos el restorán El Mirador, del resort Marbella. Volvimos ahora y nos encontramos con un buen lugar para matar el hambre, pero solo eso.” “En esta ocasión preguntamos si se permitía tomar la entrada del buffet y el segundo, de la carta. Como se podía, fuimos al buffet que, a decir verdad, no es muy rico ni variado: unos cuantos cebiches de mariscos, salmón ahumado (bueno), fondos de alcachofa (de tarro, en conserva de vinagre) rellenos, espárragos (excesivamente "al dente": esta hortaliza debe estar cocida para tener sabor), algunas ensaladas, salsitas.” “Pedimos una corvina del chef, pero como no había corvina, pedimos el plato con congrio ($9.500): la concepción del plato no es buena: un pescado puesto bajo una capa de ostiones con pesto, no es capaz de dar una pelea gustativa contra tales elementos, y el resultado es que el pescado desaparece. Un pescado debe estar cocido a punto y con la menor manipulación o aderezo posibles. Figuraban como contorno los mismos espárragos y alcachofas del buffet.”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(FEBRERO) PICÁ MAR ADENTRO (Rengo 20, Peñuelas, Coquimbo / 512 240 121)
"Pescados y mariscos siguen siendo de frescura garantizada (su proveedor es el Pez Ángel del Terminal de Coquimbo, de doña Hilda Palma Ossandón), los platos abundantes. No son baratos (nada lo es), pero la experiencia les dejó un plato ícono, el ceviche tsunami ($10.000) para compartir, que puede ser de reineta, corvina, lenguado, mero, o mixto. Siguen las empanadas desde queso, pasando por camarones, ostiones y machas, hasta locos. Sopas y caldillos, platos de jaibas, ostiones, machas. Un jardín del mar ($15.000) para grupos. Y si los postres son frutas frescas o al jugo y helados, lo bueno está, si tiene suerte con la pesca de esos días, en los deliciosos pescados de arena, mar o roca: lenguado, vilagay, palometa, albacora, atún, blanquillo, cabrilla, rollizo, corvina, apañado, pejesapo, pichihuén, vidriola, y del sur, salmón y merluza austral. Y si no le van los frutos de mar, encontrará lomo a lo pobre o con agregado, que ser mañoso no es fácil."

 

 




 
 
 
 

martes, 2 de febrero de 2016

Revista Lobby


REVISTA LOBBY
Año XXVIII, 4 al 10 de febrero, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: La comida coreana
MIS APUNTES: Castillo Forestal: un saludo a la gastronomía francesa
CRÓNICAS CON HISTORIA: Bar Don Rodrigo… simplemente el mejor
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

La nota de la semana


LA COMIDA COREANA
La comida coreana llegó hace unos años a Santiago y son cientos los fanáticos que disfrutan diversos platillos originarios de este país asiático. Como estamos en pleno febrero y tenemos más tiempo de ocio, esta semana les dejamos un reportaje a la comida coreana (versión no apta para estómagos delicados), realizado por el destacado chef norteamericano Andrew Zimmern, que recorre el mundo mostrando y evaluando las cocinas de todos los rincones del planeta.  ¡Que disfruten!

Mis apuntes


CASTILLO FORESTAL
Un saludo a la gastronomía francesa

El toque parisino del Barrio Forestal fue la fuente de inspiración para un grupo de empresarios que lograron que el famoso Castillo Forestal, perteneciente a la Corporación de Desarrollo de Santiago, se convirtiera luego de años de trámites, permisos y celosas remodelaciones en un restaurante de corte francés que gracias a los arquitectos Mathias Klotz y Lilian Allen, está dando que hablar en el circuito gastronómico turístico de nuestra capital.

Dos pisos con varios salones-comedores y una agradable terraza es lo primero que se observa al llegar a este espacio ubicado frente al Museo de Bellas Artes. El lugar es muy chic, ameno y ofrece una carta de especialidades francesas con toques latinos gracias al chef argentino Matías Guzmán y el francés Nicolás Samson, socio encargado del lugar.

En la temporada veraniega la terraza es ideal. Allí llegué un día de la semana pasada para conocer y degustar las especialidades que ofrece una acertada carta y los cócteles que prepara en una barra especial un mixólogo. Tragos con y sin alcohol que es necesario beberlos para apreciar la gama de sabores que es capaz de entregar en cada porción. De ellos, absolutamente recomendable el Apple spyce ($4.500) y su Pisco sour ($3.500).

La carta gastronómica es entretenida. Desde tablas de quesos, embutidos y verduras grilladas ($9.900 para compartir) hasta platos de raigambre francesa como sus tradicionales tártaros además de cordero, caracoles, pato y algunos cortes de Angus. De ellos, degusté unas sabrosas mollejas (los argentinos saben cómo prepararlas) a la mantequilla con toques de arrope de Chañar y una demi glace de ajo y tomillo ($6.500); además de una original cazuela de caracoles. Complementa la carta una variada selección de cervezas nacionales e importadas y una carta de vinos agrupados por zonas vitivinícolas.

Con happy hour de lunes a jueves entre las 18 y 21 horas y música en vivo los fines de semana, la terraza del Castillo Forestal es ideal para enfrentar los largos atardeceres de Santiago. La vista –hacia el Parque Forestal y el Museo- lo han convertido en favorito de los extranjeros que pululan por el sector. Es buena idea conocerlo ya que se sorprenderá gratamente y se percatará que Santiago es más hermoso de lo que se piensa.

Castillo Forestal, Av. José María Caro 390 –Parque Forestal - /226 641 544 

Crónicas con historia


BAR “DON RODRIGO”… SIMPLEMENTE EL MEJOR

“Don Rodrigo" es mi bar favorito de Santiago, desde hace varios años, como lo es también para los innumerables rostros que se me hacen conocidos por allí y se me aparecen en cada jornada, sea día de semana o viernes. Siempre asomarán por sus puertas, salvo el domingo, cuando el local no abre.

Se ubica junto al Hotel Foresta, a un costado de la entrada norte del cerro Santa Lucía, por la esquina donde convergen las calles Victoria Subercaseaux y Merced. Ubicación privilegiada en el Centro de Santiago, suficientemente cerca del barrio Lastarria como para que se acerquen desde él personajes intelectuales y nuevos bohemios, pero suficientemente al margen del mismo, como para aislar a los clichés y los lateros postmodernistas que suelen pulular en el barrio. En otras palabras, por aquí vienen poetas de verdad; no rumiadores nerudianos.

 "Don Rodrigo" ya es, por lo tanto, un clásico de la historia en este sector la capital y un hito en la recreación del entorno del Santa Lucía.

Se trata de un piano-bar tipo inglés, maravilloso y encantador. Ni en el living de mi propia casa me resulta tan acogedora una cerveza. No es grande, pero la distribución de sus elementos, incluso de la decoración, es la óptima: cómoda y ordenada. Abundan los objetos antiguos y de orientación artística; hasta el papel mural es de enorme elegancia clásica, rara vez presente en los bares chilenos más comunes.

La clientela es segura en el negocio, por lo tanto cerca de las ocho de la noche, sólo una hora después de abrir sus puertas, ya empieza a llenarse; y lo hará con toda seguridad durante los fines de semana, cuando la demanda es tal que debe cerrar sus puertas, ubicadas en Victoria Subercaseaux 353. Además, es común encontrar entre sus mesas a extranjeros que alojan en el propio Hotel Foresta, al lado, en el número 355.

La barra es notable. Enorme y amplia. Aunque no suelo socializar mucho, las conversaciones fluyen de manera inevitable: he conocido en ella a toda clase de faunos, como viajeros, médicos, artistas, actores, holgazanes (además de mí), pintores, escritores, bailarinas, ingenieros, etc. Es bastante democrática la situación allí. Varias veces he vuelto a casa desde ese mesón acolchado con tarjetas de presentación y algún e-mail anotado en una servilleta, en un bolsillo. Como esta barra no tarda en coparse, de algún modo u otro trato de conseguir un lugar allí, generalmente llegando temprano o permaneciendo al asecho de quien se levante por última vez desde alguna banca.

El mesón de barra es, así, un observatorio. Desde ella se mira al frente sobre una repisa enorme, alta y llena de botellas de licores, algunos de ellos exóticos. Toda una colección. Los cocineros y mozos pasean por una puerta que da a la cocina, una y otra vez, trayendo vasos, lavando jarras o solicitando pedidos. Las  letras de neón cuelgan sobre ellas: "Don Rodrigo", dicen, salpicando de fulgor rojizo el entorno. Los espejos parecen hacer más grande este local y reflejan la intensidad que se desarrolla a espaldas del visitante anclado en esa barra, por las mesas, por el piano, por las salas menores, etc. Calculo que con unas 50 personas debe llenarse por completo la capacidad del local.

Los precios, sumamente convenientes y milagrosamente respetuosos del perdido principio de la calidad a poco valor, son la mitad del atractivo; la eficiencia y la cordialidad de la atención es el otro. Cuando uno pide un schop o algún trago, además, suelen colocarle como acompañamiento un pocillo con maní y pasas, o bien pequeños canapés. En otras ocasiones me han tocado nachos con salsa mexicana de tomates. Estos detalles necesariamente motivan la lealtad de la clientela.

El nombre del local es otra curiosidad del mismo: se relaciona a un personaje que el caricaturista chileno René Ríos Boettiger, alias Pepo, había creado además de su famosísimo Condorito, y que correspondía a una armadura antigua que había sido poseída por el espíritu de un fallecido millonario, viviendo así sus aventuras post-mortem con fuerte acento en la picardía. La armadura se llamaba Don Rodrigo, precisamente. Como este bar y el hotel fueron fundados por Guido Vallejos, el conocido caricaturista nacional autor de la recordada revista "Barrabases", quiso homenajear a su admirado amigo y colega Pepo, poniéndole al local el nombre de la armadura animada cuando lo fundó, en 1988.

El mito entre los clientes dice, sin embargo, que el personaje que aparece en el logotipo del bar, especialmente en las tapas de menúes y posavasos, es una figura de modales refinados y aspecto aristócrata correspondiente a una caricatura que Vallejos hizo de sí mismo, aun cuando actualmente el negocio es conducido por su hijo Gabriel. No me extrañaría si así fuera, sin embargo, porque la mano de don Guido parece encontrarse en varias partes del bar, empezando por la carta-menú, que tiene una evidente e innegable influencia de la gráfica de las historietas.

La oferta de la barra del bar "Don Rodrigo" es amplia. Don Santiago, el maestro barman, viene de una escuela envidiable: formado en las barras-escuelas de "Chez Henry" y el "Bar City", por lo que sus credenciales y pergaminos son notables. Aficionado a las rancheras y música por el estilo, maneja la coctelera como lo haría un mago con su sombrero, derramando sobre las copas toda clase de líquidos coloridos en lugar de conejos. Kir Royal, pisco sour, vodka tónica, vodka naranja, whisky, martinis, etc. Casi todos los tragos más conocidos alcanzan en su carta. Y contar con un maestro como éste para hacerlos es un lujo, sin duda.

Otro personaje del local es el pianista Hernán Lavandero, un espigado y delgado músico que siempre pasea con su gorrito Dundee y que luce talentos de hombre orquesta mientras toca simultáneamente piano, teclado eléctrico, armónica y, más, encima, cantando. Lo hace cada cierta cantidad de minutos y ameniza el ambiente con algo de temas clásicos, de pronto algo nostálgicos. Da la impresión de que don Hernán se ha mantenido por mucho más tiempo en estas labores del bar, confundiéndosele por ratos con el resto de la clientela.

A decir verdad, todos son figuras de peso propio en el "Don Rodrigo": el muchacho moreno que vigila de uniforme la entrada (abre la puerta cordialmente saludando a los visitantes, en especial durante los días de invierno), la chiquilla pecosa de la caja y debe lidiar con treinta pedidos a la vez, el veterano mozo que pasea acrobáticamente con enormes bandejas entre los estrechos pasillos demostrando su vasta experiencia en estas artes, etc. He visto pasar por allí a personal que ya no está, además, como Janette, que antes atendía la caja, o una que otra estudiante que ha trabajado allí como camarera. También estaba la mujer rubia y risueña que cumplía el rol de pianista, desempeñándose con grandes virtudes en el instrumento.

Hace algunos años, a principios del actual siglo, "Don Rodrigo" no era tan popular ni famoso como lo es hoy día. Había un poco más de intimidad y de tranquilidad "asocial". Era frecuentado, por ejemplo, por un grupo de viejos masones que se pasaban por allí después de sus reuniones de ritos pitagóricos; también era sitio de encuentro para algunos estudiantes de la Universidad Católica, y por actores de teatro que siempre visitaban juntos el local desde la sede de la compañía Ictus. Sin embargo, como ahora ha adquirido cierta fama, apareció mucha gente nueva, llenando diariamente sus 45 asientos. Con ello, el carácter de "Don Rodrigo" ha cambiado un tanto con respecto a aquellos años, quizás en desmedro de los clientes melancólicos, pero ciertamente en favor del piano-bar.

Por otro lado, hay algunas pinturitas que presumen de haber sido clientes habituales de la Belle Époque del bar "Don Rodrigo", como un conocido escritor icono de los homosexuales chilenos, y cierto actor de televisión. La verdad es que nunca fueron más que visitantes esporádicos del bar, si es que en realidad lo conocieron alguna vez por dentro. Les daré el beneficio de la duda.

De espalda a las críticas que puedan hacer algunos, en uno u otro sentido, yo como cliente histórico de este pintoresco bar santiaguino, sólo puedo dar fe de que se trata de uno de los mejores y que es único en sus características, sin parangón alguno en toda la oferta de entretención de la ciudad. (Urbatorium)

Buenos paladares

CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONOMICA

MUJER
PILAR HURTADO
(ENERO) AMANITA (Partenón 1727, Vitacura / 222 123 115): “Probamos una pizza de masa integral cuya base costaba mucho cortar, con queso de cabra, aceitunas, alcachofas y albahaca picada; el relleno estaba rico. Uno de mis hijos pidió una pasta (de arroz, es decir, ideal para celíacos) con pollo, tomates y pimientos asados, que estaba correcta. El otro pidió un roast beef bien hecho y que sirven con papas rellenas con roquefort, apanadas en panko y sobre una salsa de zanahoria, muy rico el plato. Yo pedí una ensalada de quínoa con pepino y pimientos rojo, verde y amarillo, todo picado pequeño, menta y tomates cherry. Lástima que era demasiado pimiento y se come los sabores de todo lo demás. Picoteé tanto de los platos ajenos -especialmente del roast beef- que no pude terminar mi ensalada. De postre, los chicos quisieron compartir una mousse de chocolate que no me gustó por su textura un poco apretada. Nos pareció, eso sí, que las cosas ahí se hacían con cariño, aunque tal vez el resultado no fuera perfecto. El lugar es muy agradable y lindo, tal vez se podría ir a probar algo más.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(ENERO) RISTHEDAR (Vitacura 5461 / 232 040 981): “De fondos, un cordero con menta y cilantro ($9.500), gosht nilgiri korma, como para hacerle el quite al clásico y especiado rogan josh. Y resultó: picantito, como se pidió, y con otros aromas especiados. Lo mismo con uno de los platos vegetarianos que abundan en Rishtedar: achari bengan, unas berenjenas de vicio cocinadas con una "mezcla de salsa afrodisíaca", dice en la carta. Uno igual se enamora de este platillo. Y para compensar los dos fondos picantes, se pidió el dulce murgh mitha masala, un pollo con crema de almendra y coco ($6.900) que, junto a un arroz con frutas (kashmir pulao $4.800) y un basmati ($2.800) complementaron los extremos de la paleta de las especias. Todo esto, sin olvidar un gigantesco pan con abundante ajo, lasun naan ($1.700), que más parecía un mapa de Sudamérica.” “Todo bien hecho, todo en su tiempo. Si es por ponerse criticón, a la carta le falta una corrección de ortografía pero, en fin, como dicen: lo perfecto es enemigo de lo bueno.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(ENERO) CLUB HOUSE COSTA CACHAGUA (Ruta F.30E s/n, Cachagua, Camino a Zapallar / 332 295 814): “Tuvimos la sorpresa, reconfortante, de encontrarnos con el marroquí Mohamad El Ghammad, a quien le conocíamos la buena mano en otro restorán de Maitencillo, que prosperó mientras él cocinó allí, para caer luego en el nadir culinario cuando se fue.” “Ya con confianza, y aunque se nos dijo que, en realidad, el pil pil era a la chilena, o sea, al ajillo, pedimos un "peruco" en ese estilo, compuesto por champiñones, rebanadas de loco y camarones ($8.900), que resultó ser algo tan bien hecho, tan apetitoso, que no perdonamos ni un solo camaroncito (y eso que era un plato enorme). Las abundantes rebanadas de loco, suaves, blandas, gruesecitas. O sea, un acierto. Junto con él probamos un pastel de jaiba ($7.600) también enorme, puesto en gran lebrillo, con abundante carne del crustáceo, crema y queso. Delicioso.” “Reflexión: cuando manda en la cocina alguien que sabe, las cosas simples llegan a su perfección. Eso, felizmente, está ocurriendo aquí. Lugar muy, muy recomendable.”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(ENERO) NORMANDIE (Av. Providencia 1234 / 222 363 011): “Pruebe su caldero de fierro con choritos al vino blanco, a la marinera. Por lucirse llámelo “moules au vin blanc” ($9.000), con la misma golosa porción de papas fritas que acompaña a todos los sánguches. Y abra conchas, sorba la delicada carne, beba su delicioso caldo blancuzco.” “Por mí iría una vez al mes. No se requiere fortuna para gozar de esta deliciosa comida casera, informal, de carta breve y deseable. De carne muy rica a fuego lento (boeuf borguignon, $7.200). Las imperdibles creppes, y esas delicias que el chileno medio no sabe comer: pato en magret o confit, que Dios nos perdone; berenjenas, conejo, truchas, quesos varios (porque hay vida más allá del latero queso mantecoso o Chanco).” “Porque la moraleja es que no se necesita ser rey o magnate para comer bien. Y ni siquiera un ejecutivo ganador, tan sediento de éxito que no tenga tiempo para gozar de un aroma a hierbas de Provenza, o de la morbosa delicia de un pato cocinado en su propia manteca.

 

 

 

martes, 26 de enero de 2016

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVIII, 28 de enero al 3 de febrero, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: Pizzamanía
MIS APUNTES: Puerto Bellavista
CRÓNICAS CON HISTORIA: Iquique y sus tradicionales “sour”
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

LA NOTA DE LA SEMANA


 
PIZZAMANÍA
Masa madre, mozzarella, pizzaiolo… son términos cada día más comunes en el vocabulario de los chilenos. ¿La razón?: sencilla. En épocas de inestabilidad, muchos comerciantes advenedizos piensan que una pizzería es la clave del éxito en los negocios. Pizzas, pizzas y más pizzas. Por ello donde quiera que viajemos encontraremos no uno, sino varios expendios que gritan a los cuatro vientos que su producto es el mejor, que no hay nada como el horno eléctrico (o gas, o leña); que la masa reposa varios días y que el pizzaiolo viene directamente de la Toscana…

Poco a poco la pizza se transforma en una chilenidad más. ¿O no se venden por miles durante las fiestas patrias? Nuestro folclore se va globalizando, adaptando sabores y gustos foráneos. No son malas, pero les podría jurar que las últimas diez pizzas que he comido y todas de diferentes lugares, son exactamente iguales. Da lo  mismo si las comí en Santiago o en Pichilemu. Puede cambiar el ambiente pero la pizza es una eterna copia de una masa delgada, queso, salsa de tomates y guarniciones varias. Entre vender pizzas o rosados algodones de azúcar no hay diferencia. Y preocupa ya que eso no es desarrollo gastronómico. Es simplemente un negocio de comida rápida.

MIS APUNTES

PUERTO BELLAVISTA

Durante el transcurso del último trimestre del año pasado, abrió en el Patio Bellavista el primer restaurante de pescados y mariscos de este importante complejo gastronómico. Una construcción nueva y resplandeciente que se ubica en parte de lo que fue El Antojo de Gauguin y que en pocas semanas se convirtió en uno de los referentes más importantes de este espacioso centro de entretención.

Varios salones y terrazas decoradas ad-hoc y una gran disponibilidad de pescados y mariscos es la carta de presentación de una pulcra y novedosa cocina a cargo de José Luis Marín, un verdadero experto a la hora de abrir restaurantes. El lugar es otro proyecto del grupo gastronómico que lidera Andrés Turski, propietarios a la vez de los restaurantes Sport Café, Trattoria Rita y La Perla del Pacífico.

Un caluroso mediodía de la semana pasada almorcé ahí. No es un lugar para comer a la rápida ya que la idea es ir con tiempo y ganas de probar nuevas recetas o variaciones de platos emblemáticos de nuestra costa. Agua mineral para “barrer la cubierta” –en lenguaje náutico y luego un elegante sauvignon blanc Casas del Bosque para comenzar a catar las novedades de la carta. Acá el primer punto a favor: sus magníficas frituras que se pueden apreciar en las empanadas fritas, donde ofrecen seis variedades, desde la común –de queso (2.500)- pasando por mariscos surtidos e incluso de plateada-luco (3.900).

La fritura regresa en gloria y majestad para degustar uno de los favoritos del público durante estos primeros meses de apertura como son sus Calugas de pescado frito al limón (7.900), una gran porción de ellas aliñadas con limón, tomates cherry, cilantro y cebolla morada. Un plato enviciante y que no envidia a los blandísimos Locos con papas mayo (10.900), ambos en porciones que son capaces de saciar el hambre de un mortal común y corriente.

Pero hay más novedades. Gran sabor para unas láminas de salmón curado en sal de mar con maracuyá y palta (7.900) y un congrio frito al merquén y miel, que lo convierte en un sabroso plato agridulce. También se agradece un finísimo plato de pasta artesanal (9.900) con calamares, camarones y longaniza ahumada con salsa de tomates al vino tinto ¡gran plato!

La carta es grande y la cocina se esmera por entregar los platos en su temperatura correcta. Como debe ser en todo restaurante que pretende no ser excluyente, la carta incluye algunas preparaciones para carnívoros y un menú especial para los peques. Los postres, varios tradicionales chilenos como una añorada Leche asada con arroz con leche (3.900) y unas calóricas sopaipillas pasadas con helado de maracuyá (2.900).

El lugar es cómodo, estéticamente agradable a la vista, ricos sabores y –para felicidad de los clientes- sin olores que provengan de la cocina. El servicio –ese grave problema que enfrentan los restaurantes- se ve afiatado aunque falta que los camareros se “avispen” y sean capaces de vender las especialidades y no ser sólo tomadores de pedidos. Los precios son bastante adecuados y el resultado final es a favor. Hacía falta en el Patio Bellavista un espacio con especialidades marinas y se agradece.

Puerto Bellavista: Pio Nono 71, local 71 / 2 2656 7015

CRÓNICAS CON HISTORIA


IQUIQUE Y SUS TRADICIONALES “SOUR”

Iquique no está considerado en la zona pisquera chilena, como sabemos. Sin embargo, ostenta una relación particular con este producto que con el tiempo y la experiencia creo haber ido confirmado: a juicio de muchos viajeros, la Tierra de Campeones puede ufanarse ser una de las ciudades con los mejores piscos sour, ese maravilloso elíxir dulce y ácido que sirve por igual de aperitivo, bajativo y hasta en lugar de la comida para los más temerarios.

Tengo una obsesión por pedir piscos sour donde quiera que me encuentre y los encuentre, por lo que la leyenda no me es indiferente. En el caso particular iquiqueño, algunos adjudican esta calidad al fácil acceso a los limones de Pica y su maravillosa condición considerada óptima para esta clase de tragos. Otros creen que se trata de una especie de consenso de hecho: si bien la receta y la calidad no es la misma en todos los sitios, habría un esmero especial de la gran mayoría de los locatarios iquiqueños por ofrecer siempre un buen pisco sour, propiciado quizás por la competencia.

Para mi gusto e individualismos del paladar, además, la fórmula general que usan los iquiqueños no tiene la excesiva suavidad ni aditivos como clara de huevo o moderadores que uno encuentra en las recetas peruanas, pero tampoco la sencillez casi pasmosa de muchos piscos sour de la zona central de Chile, reducidas sólo a pisco, limón y azúcar. Acá hay cierta "cordialidad" con el cliente, adicionalmente: espolvoreo de canela, espuma del batido, gotitas de dulzor, etc. Como sea, comparto el juicio categórico de que los piscos sour iquiqueños están entre los mejores... Y créanme que conozco muchos.

Ahora bien, ¿de dónde procede esta buena convivencia del pisco sour con las cartas de tragos de Iquique? La explicación podría ser bastante más antigua y tradicional de lo que se cree. Oreste Plath, de hecho, sugirió alguna vez que el origen del célebre trago podría hallarse en esta ciudad, de acuerdo a lo que supo gracias al investigador Carlos Díaz Vera.

EL PISCO SOUR

El tema del pisco sour me es muy familiar, por cierto: tiempo ha pasado ya desde que estuve echando manos en el asunto de las controversias alrededor de las denominaciones de origen del pisco en Chile y Perú, cuando este último país, hace una década, inició su frustrada campaña "Chile, despídete del pisco", que al parecer no llegó a tener grandes efectos salvo como inyecciones de patriotismo.

Aunque el uso de limones es antiguo en la coctelería popular americana, probablemente del siglo XVIII o antes, de acuerdo a los datos que entonces manejaba, muchos de ellos provenientes sólo desde el folklore urbano, se decía que el pisco sour como tal habría nacido en Iquique, en un bar de un tal "gringo sour", aunque nada concreto había sobre datos duros.

Los investigadores peruanos, por supuesto, tienen otras versiones y pruebas que lo adjudican al ingenio local, aunque tampoco se ponen muy de acuerdo en todo: se lo considera nacido en famosos hoteles, bares e incluso en un selecto club social de principios del siglo XX. Luis Alberto Sánchez, por ejemplo, escribe en "Testimonio personal: Memorias de un peruano del siglo XX" una pintoresca historia en la que un estadounidense cojo llamado William Morris fundó para los mineros de Cerro de Pasco el "Bar Morris" hacia los años veinte, donde decidió cambiar una receta del whisky sour sustituyendo el ingrediente principal por pisco, naciendo así el pisco sour y dispersando la receta a partir del año 1933, especialmente después de tener que cerrar su local, ocasión en la que todos sus barmen se mudan llevando la fórmula hasta otros boliches peruanos como el "Hotel Maury", más tarde llamado "Gran Hotel Bolívar". Otros empleados como Augusto Rodríguez y Leónidas Cisneros Arteta habrían abierto después sus propios bares, creyéndose erróneamente que ellos habrían sido los creadores de la receta.

Si bien la interesante versión de Sánchez es respaldada por otros investigadores peruanos, como don Edgardo Portaro, también he oído allá teorías que adjudican la creación del pisco sour al propio "Hotel Maury". Autores del vecino país como José Antonio Schiaffino, aseguran que el pisco sour nació en bares del Barrio Buza de Lima, donde estuvo también el mítico "Bar Morris", agregando también que el nombre del gringo al que supuestamente se le adjudica la creación era un tal Víctor V. Morris, californiano, y no a William Morris.

 WHISKY SOUR vs. PISCO SOUR

Algunas de las principales pruebas esgrimidas por los investigadores peruanos sobre el origen del pisco sour en su tierra, dicen relación con demostraciones de su presencia en el comercio ya hacia los años veinte y treinta. Sin embargo, para el caso chileno hay una situación interesante: hay pruebas de su presencia en el Club de la Unión de Santiago en 1928, por ejemplo. Y, en 1934, Joaquín Edwards Bello menciona al pisco sour como ofertado en los hoteles capitalinos mientras escribe su novela "La Chica del Crillón", publicada al año siguiente. Dice allí también que este trago es llamado rotting-sour, título anglo que no me parece extraño a causa de lo que aquí quisiera exponer, a continuación, ampliando esa parte que quedó inconclusa en mi antigua investigación personal sobre el origen del pisco y sus controversias enfrentando a Chile y Perú.

Un detalle importante es que, 10 años antes, en el periódico "The South Pacific Mail" de Valparaíso, en julio de 1924, ya se había publicado una nota donde se hablaba del "Bar Morris" de Lima y de sus reputados piscos sour, aunque la descripción que hace la nota da por hecho que se entendía ya entonces qué era este trago, quizás porque el apellido sour señalaba en el conocimiento coctelero a una familia concreta de tragos con jugo de limón, con el whisky sour a la cabeza.

Pues bien: sería en la aparente relación entre el pisco sour como posible adaptación de la receta del whisky sour, que Iquique podría tener un valor originario, según el mencionado autor Carlos Díaz Vera y la publicación que hiciera de su teoría en la revista "En Viaje" N° 271 de mayo de 1956, basándose en antiguas observaciones del diario "El Comercio" de Iquique. Vincula allí la tradición del pisco sour a la presencia de los mineros del caliche y la influencia británica sobre estos territorios. En palabras textuales suyas: "¿Sabía Ud. lector, que el exquisito whisky sour, hoy día un trago para los acaudalados, tiene origen iquiqueño?

Cuentan las tradiciones y algunos párrafos del periódico 'El Comercio' de Iquique, que vimos en viejos archivos del Club Chino de ese puerto, que un buen mayordomo del velero 'Sunshine" determinó echar ancla en Chile y pidió su baja para instalarse con un bar en el puerto. Se estableció en las cercanías del muelle de pasajeros, en calle Vivar, como experto barman; en su negocio se paladeaban exquisitos aperitivos preparados en forma exclusiva y a base de limón.

Elliot Stubb -así se llamaba el barman- estaba haciendo algunos “experimentos en la 'coctelera” con whisky y limón de Pica y su sabor alcanzó delicias superiores a todos los otros 'menjunjes" que acostumbraba a dar a sus clientes.

Voy a ponerle un poco de dulce -se dijo-: echó azúcar a una porción de jugo de limón de Pica, un poco de hielo, whisky en proporción y batió algunos segundos. Probó y exclamó haber obtenido el más exquisito 'drink' que hasta la fecha había preparado. En adelante -dijo Elliot- éste será mi trago de batalla -mi trago favorito- y se llamará 'Whisky Sour' (sour, el ácido del limón...)

El whisky sour pasó muy pronto a difundirse como aperitivo obligado en los clubes sociales y bares del puerto iquiqueño y muy pronto, al igual que el salitre, dominaba las fronteras y hacía su aparición en Inglaterra, donde ya estaba cimentada la fama del limón de Pica que hasta ahora continúa su exportación a la capital del Reino Unido y otros puntos de las Islas Británicas.

¿UN VÍNCULO ORIGINARIO?

Vuelvo así a la posible relación originaria del whisky sour con el pisco sour como versión más económica y popular de aquél. Y conste que la analogía entre whisky y pisco no es mía: se sabe que don Ramón Luis Álvarez, uno de los pioneros de la industrialización pisquera en la región chilena de Coquimbo, promocionaba al pisco de su destilería elquina como "el whisky chileno", siendo premiado en 1889 en la Exposición Universal de París. Cabe recordar que, siendo dueño del Fundo Varillal Alto hacia el sector Rapel, el señor Álvarez trabajaba lo que antes había sido un pequeño taller familiar que podría remontarse al año 1830 o 1840, según recuerdan sus descendientes.

La versión recogida desde la tradición oral, hablaba también de un Elliot Stubb (o Staub) como un gringo de los Estados Unidos o del Reino Unido y que su cantina en Iquique habría sido llamada "American Bar". Quizás la leyenda de Stubb también haya ido adquiriendo variaciones y nudos, como parece suceder también con Morris en el caso peruano.

Hay opiniones de autores más radicales aún y que adjudican directamente a tierra iquiqueña la creación del pisco sour propiamente tal, como lo hace el cronista y escritor don Antonio Gil, en una de sus columnas publicadas en el diario "Las Últimas Noticias", en este caso publicada hace pocos años, hacia los días en que comenzaba la demanda peruana contra Chile en la Corte Internacional de La Haya y bajo el título "Los hermanitos tarados". Dice allí con bastante sarcasmo, burlándose también de la rivalidad patriotera entre ambos vecinos:

"Queremos recordar asimismo que el bendito pisco sour, ese dispéptico cóctel que las autoridades del vecino país han definido pomposamente como uno de los 'símbolos elementales para construir la identidad nacional' fue creado por el inglés Elliot Stubb, el 3 de mayo de 1872, en el American Bar del puerto de Iquique, por entonces peruano, como un remedio contra la gripe, y al que se conoció por años como 'gringo sour'. ¿O alguna eminencia como el abstemio general Donayre o el genial Alan García le habrá encontrado ya la raíz quechua a la palabra 'sour'?"

No sé cuáles son las fuentes de las que se valió Gil para los datos más precisos, pero en términos generales su versión de la historia es la típica que circuló algún tiempo, adjudicando la creación del pisco sour a un Stubb del "American Bar" aunque en tiempos peruanos del puerto (difiere en esto con lo informado por Días Vera) y comentando a la pasada lo del apodo del "gringo sour".

Existen varias otras recetas de tragos internacionales muy parecidas al pisco sour, a base de destilados como la grapa itálica o el aguardiente orujo española, pero no cabe duda de que hay una similitud patente entre de este trago que ha sido objeto de rencillas entre chilenos y peruanos, con el whisky sour, que podría ser la fórmula matriz del mismo como hemos dicho. El pisco sour parece sólo una adaptación más económica del mismo.

Quedará en la discusión histórica y cultural si, primero, el whisky sour es una creación iquiqueña, y segundo, si acaso el pisco sour es consecuencia de este mismo invento allí en el ex puerto peruano, donde se hallaría su raíz, por lo tanto. Sin embargo, no me cabe duda de que en Iquique existe una buena y reputada tradición coctelera que permiten a la ciudad jactarse de ofrecer en toda su gama de comercio, algunos de los mejores piscos sour disponibles para el viajero y el turista. (Urbatorium)

BUENOS PALADARES

CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONOMICA

MUJER
PILAR HURTADO
(ENERO) METROPOL (Av. Las Condes 7063 / 2 2891 9424): “Para comer hay opciones para compartir, como quesadillas, papas bravas, empanadas, chorrillanas. Probamos el crudo valdiviano: un bloque de carne molida acompañada de cebollita picada, ají verde, pepinillos en cubitos, perejil y cremosa salsa fría que le da justamente el toque valdiviano, estaba muy bueno y era supercontundente.” “Además probamos un churrasco italiano y una hamburguesa Escuela Militar, ambas pedidas por mis hijos; los sándwiches vienen con papas fritas. El churrasco estaba bien, la fricandela de la hamburguesa era tremenda y casera, bien aliñadita.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(ENERO) BAR HOTEL CUMBRES (José Victorino Lastarria 299, 2 2496 9000): “La verdad sea dicha, la carta es bien atractiva, con apuestas más complejas que las de un mero bar -hasta con un plato marroquí inédito por acá, como es la pastilla-, y con precios atractivos. Pero lo que llegó a la barra no era, precisamente, tan acorde a lo publicitado.” “Primero que nada, dos trozos grandes de una tortilla de papas fría ($2.500), con trozos de chorizo y algo vegetal indefinible. Aburrida. Y unas croquetas ($2.400) que se publicitaban como de jamón, carne y champiñones, de las cuales sólo se identificaba la de jamón, secas en su interior y de tamaños muy dispares. Aceitosas, además.” “Con una atención muy diligente, aquí el problema es de concepto, no de personal. O sea, si atienden puertas adentro, pueden mejorar y funcionar. Pero si quieren dar la pelea en la calle, necesitan a uno de esos consigliere de guerra como los de la película "El Padrino".”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(ENERO) DONDE PABLO (Playa Grande, Papudo): “La carta es, sobre todo, de pescados y mariscos, de buena calidad, algunos frescos (los de la zona, como la vieja) y otros congelados (como el salmón). Pero hay también algunos platos de tierra adentro, como los tallarines Bontú, rico plato casero chileno.” “…En cambio, la Vieja brava ($10.600), con salsa picantita y tocino, estuvo en su punto perfecto de cocción. Única observación: el aditamento de fondos de alcachofas, que es tan interesante, no lo encontramos por parte alguna. Cuidado. Por su parte, la Merluza austral a lo arriero ($9.800) fue absolutamente perfecta: tamaño de la porción, cocción del pescado, cantidad de ajo, mariscos bivalvos a punto, papas doradas. Una delicia. Y la corona se la llevó el Congrio frito a lo pobre ($10.400), cada uno de cuyos componentes alcanzó la cumbre: excelente fritura (seca, crujiente) del pescado, papas fritas estupendas, perfecta cebolla dorada, y su par de huevos.”

 

 

miércoles, 20 de enero de 2016

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVIII, 21 al 27 de enero, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: Aromas de verano
MIS APUNTES: Panko: Nikkei a precio justo
CRÓNICAS CON HISTORIA: Alameda 777: cualquier cosa, menos un lugar decente
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica