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Fachada exterior

miércoles, 22 de julio de 2009

LOS CONDUMIOS DE DON EXE


14 DE JULIO CON CHAMPAGNE FRANCÉS

Pocas veces veo a Mathy ensimismada con alguna invitación. Es extraño pero no le gustan (como al común de las hembras) ni las bodas ni los bautizos. Los encuentra latosos y aburridos. Sin embargo cuando le conté que estábamos invitados al lanzamiento del champagne francés Drappier en el restaurante La Cascade el mismísimo Día Nacional de Francia, estaba tan feliz que incluso fue a depilarse. Yo, mientras la esperaba en las afueras del centro comercial aprovechaba de deleitarme con las beldades que asomaban esa fría tarde por el mall.

Llegamos a las 20 horas, ni un minuto antes ni otro después. Está bonito el nuevo ambigú de La Cascade ahora en BordeRío. Casi elegante diría. Con una copa de Drappier en mano comenzamos a saludar y a conversar con antiguos y viejos amigos que también estaban convidados a este acontecimiento. Divisé a varias amistades nacionales disfrutando el día de Francia. Que yo sepa, ningún franchute estaba presente. Varios, quizá, descendientes de franceses en el país, cosa que nada le pone ni nada le quita a esta celebración.

Ostras y Drappier Carte D’Or brut para comenzar. Muchas ostras y bastante champagne. Para mis lectores, falta poco tiempo para que el término champagne esté asociado solamente a las botellas que se elaboran en esa región de Francia. El resto se llamará de otra manera. Espumoso, sparklin wine, cava o quizá qué otra nominación. Como somos tan creativos los chilenos, terminaremos ocupando el nombre genérico de espumoso (como los remedios del Laboratorio Chile). Me habría gustado más Pop Wine… pero parece que a los eruditos creativos chilenos no les gusta ese término. ¡En fin…!

- ¿Sabías querida que este champagne era el preferido de De Gaulle?
- Y de Juan Soto también, recalcó
- ¿Quién es Juan Soto?
- No tengo idea querido Exe. Es una forma de decirte que me importa un rábano quién tomó de este champagne. A mí me gusta, y eso es lo que vale.

Andaba chúcara mi amada esa noche. Creo que era de hambre ya que por ir al mall a depilarse y a su sesión de “chiropody”, no almorzó. Las burbujas la pusieron algo odiosa, pensé. Algo que pronto se le quitaría ya que la conozco. Y fue rápido, ya que no tardó en llegar la entrada de esta cena a la francesa. En la cocina, Edouard Weisz, el heredero del lugar preparaba todo. Ostiones gratinados en su concha; locos con salsa y una fina empanadita de masa philo rellena de centolla. Le volvieron los colores a Mathy, quien ya locuaz, no paraba de alabar la cocina francesa. Ni gabacha que fuera.

Globos blancos, rojos y azules dispuestos como bandera alegraban el lugar. Sommeliers de La Vinoteca con sus impecables trajes negros y corbata burdeos servían incansablemente la famosa Drappier. Esa que se elaboraba en Francia cuando nosotros aun andábamos a pata pelada y tomando, con suerte, mudai. ¡Qué ganas de haber estado en Paris, sentado con mi Mathy en un bolichito en Le Marais, celebrando el 14 de julio en vivo y en directo!

Todo el sabor y la elegancia del estragón sirvió para aderezar un fino corte de salmón a la parrilla acompañado de unas deliciosas papas doradas. La salsa bernaise en todo su esplendor y Mathy, con sus ojitos fuera de orbita, alababa el condumio, como se fuese parte de su última cena. Yo, tranquilo la miraba. Total, de aquí a que vuelva a beber champagne francés, pasará muchísimo tiempo.

Y eso no era todo ya que como fin de fiesta salieron a relucir botellas y más botellas de Drappier Rosé Val des Demoiselles, el rosado de la familia, que acompañó un filete de cordero asado con gratin de papas. Los alabaré de los presentes, más que el plato de fondo, fue para el líquido, que estaba para mascarlo.

De postre, champagne y un sabayón con frutos del bosque (¿conoce el lector algún fruto que salga en un bosque aparte de las callampas, que no son precisamente frutos?). Con tanto huevo y mantequilla en el menú, mi colesterol pedía a gritos un Lipitor. Mathy, sin esos problemas, aprovechó para comerse la otra mitad de mi postre y chispeante, con el champagne, me preguntaba si conocía algún lugar para ir a bailar tras esta experiencia. Yo, a sabiendas que a mi edad el baile no conduce a nada, le propuse beber un cognac Napoleon Courvoisier y fumar un Gaulioses en su departamento. Era el día de Francia, el que finalizaríamos escuchando acurrucaditos a Aznavour…

A tu espalda corrí, con ganas de ayudar
Tan pálida te vi, como una flor de azahar
Y el cierre descorrí, más luego al intentar
Cerrarlo lo partí, ay de mi por piedad…

… Dónde quieres cenar, muy triste te pedí

tardaste en contestar, diciendo luego así
prefiero caminar, contigo por París
y luego regresar, para ser muy feliz.

Exequiel Quintanilla