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Fachada exterior

miércoles, 27 de julio de 2011

LOS CONDUMIOS DE DON EXE



¡MATHY! ¿QUÉ HACES AQUÍ?

- ¿Cómo te llamas?
- Abril, dice.

Quedé marcando ocupado. Había llegado hace cinco minutos a la residencia del embajador peruano en Chile y me encuentro con esta delicadeza de mujer. Agradecí a los dioses haber ido sólo al lugar ya que algo me decía que algún día todos los astros se alinearían. Era pelirroja y sexy.

- ¿Chilena?, pregunté.
- No. Peruana, contestó.
- ¿Y que haces acá?
- Trabajo para la compañía, respondió.

La compañía era Sodexo. Esa empresa francesa de casinos industriales y de cheques de restaurantes. Venía de Lima ya que se lanzaría en Santiago un programa que apuntaría a entregar comida peruana en los comedores institucionales del país.

- ¿Conoces a Gastón Acurio?, preguntó mirándome los ojos y bebiendo un sour de poca monta pero sour al fin y al cabo.
- Lo he visto, respondí. Más me entretengo con Astrid.

Le conté que había compartido con ella en Lima el año anterior. Abril me cuenta que Astrid es su amigui y que suelen tomarse un café todas las semanas. –Es linda ella. Me observó.

Yo la miro de arriba abajo y la encuentro mejor. Pero callo mis comentarios. Como salvavidas pasan ofreciendo cebiche. Después de probarlo me ofrece una muestra de su propia cuchara.

- ¡Pruébalo Exe!, está divino.

Casi me trago la cuchara entera. Esto estaba en mejor camino de lo que podría imaginar. Resumiendo: en quince minutos de conversación supe que.
1) Su novio la había dejado hace dos semanas.
2) Estaba sola en Santiago
3) Se sentía sola
4) Le gustaban los hombres maduros

Comimos de la misma cucharita ají de gallina, causa limeña, tacu tacu y lomo saltado. Mis minutos de sinceridad fueron distintos
1) Mi novia no estaba en Santiago (eso pensaba)
2) Estaba sólo en el evento (era cierto)
3) Me encanta la selección sub 35 (¡demasiado!)

Si alguien sabe de aromas comprenderá lo que pasó a continuación. A lo lejos percibí una fragancia especial. No lo relacioné en un principio ya que estaba embombado con Abril. Era un aroma conocido pero a la vez inquietante. Una fragancia que conocía y que no me percate hasta que se hizo más profunda. Mi cerebro comenzó a analizar la situación, definitivamente olía a peligro.

Chanel 19, sin duda. Pero, ¿Quién usa Chanel 19 en estos tiempos?

¡¡¡MATHY!!!

Ahí estaba. Detrás mío. Y a decir verdad su cara no era de las mejores

- ¡Mathy! Que gusto verte. ¿Qué haces aquí?
- Me invitaron Exe, igual que a ti

Rápidamente elucubre la mejor manera de salir de esa embarazosa situación y le presenté a Abril.

- Mathy, quiero que conozcas a Abril… Una buena amiga que conocí en Lima el año pasado cuando fui a Mistura.
- Un gusto Abril, dice Mathy. -Gracias por entretener a mi novio. ¿Vamos, Exe?
- Vamos Mathy.

No hizo un comentario. Traté de tomarle la mano y solo sentí sus uñas clavadas en mi palma.

Como si nada hubiese pasado llegamos a los postres. Mathy, seria, me mira los ojos con los suyos inyectados de rabia y pregunta:

-¿Vas a Lima este año, querido?
- Bueno, eso espero.
- Si no me llevas, te voy a cortar la cosita y me prepararé un cebiche.
- Pero…
- Nada de peros Exe. ¡No puedes ser tan lacho! ¡Es bonita la guacha esa, pero es mucho para ti!

A lo lejos, vi que Abril llevaba los dedos a su boca y me mandaba riéndose un beso a la distancia. Sería la última vez que la vería. Respondí su beso con un guiño…

Como se está haciendo común este último tiempo, no permitió que entrara en su departamento. Mientras viajaba a mi Plaza Ñuñoa llegué a la conclusión que tendría que portarme bien de ahora en adelante ya que a Mathy también la estaban invitando a eventos varios. No quiero imaginarme lo que extrañaré a Colomba, a Ara, a Paulita y otras chicas que hacen de mí un tipo de veinte. Ahora tendré que mamarme una seriedad que no comparto. Pero Mathy es Mathy… y ella es la que soporta mis mañas de veterano.

Echado en el bergere de mi departamento, pienso en Abril. Linda como un sol. Busco en la cocina del departamento las sobras de lo que venga para brindar por ella. Encuentro entre varias botellas vacías un concho de pisco verde peruano. Como dice la canción “alcé mi copa y brinde por ella”.

En fin. Todo sea por la integración.

Exequiel Quintanilla