de 12 a 24 hrs.de lunes a sábado

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Fachada exterior

miércoles, 11 de abril de 2012

BUENOS PALADARES



LAS CRÍTICAS GASTRONÓMICAS DE LA SEMANA

SOLEDAD MARTÍNEZ
(Wikén)
(6 abril) SQUADRITTO (Rosal 332, Santiago Centro, fono 63 22121): “Siempre bajo la dirección de Raúl Squadritto, el chef es ahora Martín Olavarría, el "pizzaiolo" de estilo napolitano Luigi Sabarino y el jefe de garzones Daniel Medina, que nos atendió con amable profesionalismo.” “Para los platos de fondo volvimos a la carta principal con los "gnocchi filetto", grandes y hechos con papa, servidos con trozos de carne, muchos champiñones, lonjas de aceituna y espesa salsa con tomate, más queso rallado ofrecido aparte ($7.600), y lo que para mí es una excelente especialidad del lugar, a la que nunca dejo de recurrir: tres codornices de criadero, de buen tamaño y carne tierna, acompañadas de suave y cremosa polenta, con sabrosa salsa y hojas de albahaca ($8.600). El tiramisú de postre no me pareció la versión más clásica, pero sí muy agradable y de consistencia ligera ($3.600). Buen café expreso ($1.200) y vino pinot noir 2010 Tabalí, frigorizado en exceso ($13.800). Sin duda, ésta es una cocina segura y fiel a sí misma.”

ESTEBAN CABEZAS (Wikén)
(6 abril) BARANDARIAN (Estacionamientos Plaza Ñuñoa, fono 205 5810): “…un plato para compartir, una jalea mixta ($7.800), ayudó a la espera. Qué raro el nombre ¿no? "jalea", considerando que son trozos de mariscos y pescados fritos, cubiertos de cebolla morada pluma con jugo de limón. Pero bueno: rico el mix de lo frito y lo ácido.
Con algo de espera, llegaron los fondos. Y no había Inka Cola... Y los dos platos tenían sus problemas. Primero, un cebiche de corvina, calamar, pulpo y camarón que venía nadando en jugo de limón ($6.100). Raro. Casi chileno. Y un chupe de camarón de río ($8.700) con el huevo frito en vez de escalfado, y sin el clásico camarón entero de adorno comestible, y con demasiado arroz. Ya, el sabor era el correcto, pero otra vez era la ingeniería la que fallaba.” “Si mejoran, un aplauso. Si empeoran, una pena. Si siguen así, deberán conformarse con la medianía.”

BEGOÑA URANGA (El Sábado)
(7 abril) QUÍNOA (Luis Pasteur 5393, Vitacura, fono 954 0283): “Todo sano, bonito, que no engorda, muy cuidado, fresco y creativo. Jóvenes meseras complementan el entorno. El pan, integral y preparado en casa, viene en pequeñas bolsas de tela. La quínoa, haciendo honor al nombre del local, forma parte de varios platos. En croquetas o en ensalada, resulta rica y bien preparada. La lasaña de berenjenas es un must, así como la limonada con menta y estevia.” “¿El público? Abrumadoramente femenino, como si lo natural fuera cosa de mujeres. O porque nada desentona -salvo la dificultad para encontrar estacionamiento-: lindo, agradable, muy de moda, pero... le falta algo. Como a las campañas.”

DANIEL GREVE (Qué Pasa)
(6 abril) CEBICHERIA CONSTITUCIÓN (Patio Bellavista local 95-99, fono 248 9171): “La Cebichería Constitución es un espacio pulcro, oxigenado y a la vez cálido, algo sí como un "chiringuito" citadino, por donde desfilan tiraditos, cebiches y planchas calientes con productos del mar. Aquí hay buenos cocktails, con sabores fáciles de abordar -prueben el Cienfuegos ($ 4.500), con vodka, limón y maracuyá-, excelentes tiraditos -como el Limeño-, planchas regulares -el aceite de oliva, de mala calidad, mata todos los sabores-, además de contundentes Wantanes -de mariscos con salsa de rocoto- y buenos Tequeños de lomo (cualquiera de ellos a $ 5.000 ). Los cebiches, precisamente, se tropiezan con algo esencial: la falta de picardía -se echa de menos un ligero picor, aunque sea opcional- y un bajísimo punto de limón y sal. Nada, en todo caso, que no pueda mejorar.”

PILAR HURTADO (Mujer, La Tercera)
(7 abril) TAQUERÍA EL RANCHERO (Avenida Vitacura 6489, fono 2193106): “Nos demoramos en ordenar, sí, pero quién no lo hace cuando hay tres niños gritando lo que les gustaría y uno tratando de elegirles lo mejor. Pedimos un menú infantil: quesadilla con pollo, tomate y palta en un potecito y papas fritas, decía la carta, y sin previo aviso llegó una bolsita de papas envasadas. La sorpresa, con dulces y un juguetito, era lo que los niños querían. Entre el griterío, parece que otro de los niños quiso un menú de esos, que quedó anotado sin que nos percatásemos, y los grandes pedimos la quesadilla de flor, enchiladas, queso tostado y tacos al pastor” “¿Que cómo estaba la comida? Hasta insípida nos pareció. He aquí un claro ejemplo de cómo un mal servicio te echa a perder el sabor de la comida y la experiencia completa.”