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Fachada exterior

martes, 2 de mayo de 2017

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


 
CARDOENLAND
La tierra de Disney y la tierra de Cardoen. Disney en Orlando, Cardoen en Santa Cruz. Ambos expertos en entretención. Uno, preferentemente infantil; el otro, en su gran mayoría, adulto. Resultado: uno de los mejores proyectos turísticos que se hayan creado en torno a una comuna. Hotel, casino, Spa, ferrocarril, viña, aldeas mapuches, nortinas y pascuenses; museo, centro astronómico y mucho más, donde la distracción está asegurada en una comarca que hace unos años dormía como muchos pueblos campesinos del país.

Y escribo de pueblo y ciudad ya que Carlos Cardoen ha convertido Santa Cruz en una ciudad hecha y derecha. Y turística para más encima. Todo partió hace unos años con la explosión de viñedos en el interior de San Fernando. Cardoen, con capitales frescos, decidió construir lo que para muchos era una locura. Un hotel de categoría en la Plaza de Armas de Santa Cruz. Luego vinieron los compradores extranjeros que visitaban viñas y el hotel se hizo conocido por muchos. Al poco tiempo quedó chico y tras diversas ampliaciones hoy ya tiene 113 habitaciones de gran calidad y ocupa casi una manzana completa. Allí también construyó su casino de juegos (en sociedad con Enjoy) y es difícil encontrar una habitación desocupada incluso en estos tiempos.

Y se las juegan con la comida chilena, más bien criolla. Su comedor principal, Los Varietales, ha sido premiado y reconocido por periodistas y críticos gastronómicos, como uno de los mejores restaurantes de comida típica en el país, ya que combina carácter y distinción en un cálido entorno. En su carta destaca lo más representativo de las recetas e ingredientes de la cocina chilena: un recorrido gastronómico de norte a sur con lo mejor de nuestra tierra y mar.

Su carta  comprende productos nacionales y especialmente del Valle de Colchagua, como lo es la quínoa de Paredones, Aceite de Oliva de Lolol, sal de Cahuil, quesos de Peralillo, vinos y licores del valle, cuenta con 28 platos repartidos entre entradas, platos de fondo y postres, todos de especialidad chilena con toques de cocina internacional. En Los Varietales durante la semana puede escoger a la carta y los fines de semana existe la alternativa de un completo y sabroso Buffet Criollo que va acompañado de carnes a la parrilla, preparadas en un quincho al aire libre, con una perfecta vista a la piscina.

Cené en un comedor repleto de turistas y degusté varias de sus últimas preparaciones. Increíblemente buenas estaban unas empanaditas de masa de hoja con cochayuyo y queso maduro. ¡Geniales! Luego, fresquísima centolla sobre espárragos y huevos de salmón. Más allá, un asado de tira estofado con porotos granados y jugo de vino tinto y unas guatitas a la campesina guisadas con arvejas y acompañadas de arroz y papas fritas, que me hizo congraciarme con esta cocina de gran sabor y buena factura. A pesar de un par de errores, un atún demasiado cocinado y una crema de papas algo insulso, quedé más que contento con esta gastronomía, su estupendo servicio y la calidad de sus productos.

En la punta del cerro

La diversión continúa en la viña Santa Cruz, ubicada en las cercanías de Lolol. Cerca de quince mil visitantes anuales llegan a este lugar tanto a conocer la viña como apreciar todas las atracciones que Cardoen ha instalado arriba… en la punta del cerro.

Se llega tras un pequeño viaje en teleférico y es posible conocer una típica habitación aymará, un ambiente y museo pascuense y otro mapuche. Unos pasos más allá, una moderna construcción alberga un observatorio astronómico que incluye meteoritos encontrados en todos los lugares del mundo y grandes telescopios para regocijarse mirando las estrellas. Un poco alejado del lugar, una gran “ruca” mapuche construida recientemente y habilitada como alojamiento de gran lujo, con hidromasajes, plasma y todas las comodidades del siglo XXI, espera la llegada de familias que desean aislarse del mundo sin perder comodidades.

Entretiene Cardoenland. Se necesita por lo menos un par de días para conocer toda la infraestructura del lugar. Su museo, uno de los mejores del país, es para pasar una tarde entera. El moderno spa y el casino son otras de las alternativas de descanso y diversión. Los almuerzos buffet son algo dignos de conocer, ya que la cantidad y variedad de platos es infinita. En fin. Un viaje que hay que realizarlo casi como peregrinación y digno de estar en todos los libros y folletos que se escriben de nuestro país. Y eso que no alcanzamos a comentarles otras maravillas de esta ya célebre ciudad huasa. (Juantonio Eymin)

Hotel Santa Cruz Plaza: Plaza de Armas 286, Santa Cruz, fono 72220 9600