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Fachada exterior

martes, 2 de mayo de 2017

LA NOTA DE LA SEMANA


 
LA CRÍTICA Y LAS REDES SOCIALES
¿Se acerca el fin de la crónica gastronómica?
Si te hacen una buena crítica, eres un tremendo profesional. Si algo falla y no es tan buena, ya no te quieren tanto. Si es mala, son capaces de quitarte el saludo. Eso no sólo es verdad sino que es parte de la idiosincrasia de los propietarios de restaurantes en nuestro país. Pocos ven la crítica como algo constructivo, para mejorar. Al contrario, el cronista se transforma en algo así como un personaje perverso que revisa los platos, manteles y ambiente como el abogado del diablo.

Los críticos, cronistas o periodistas que muestran la realidad gastronómica no somos aves de mal agüero. Es cierto que conocemos más y nos percatamos –generalmente- de detalles que no encuentra el público en general. Pero siempre escribimos para nuestros lectores. Sea bueno o malo. Es nuestra misión elevar el nivel culinario nacional, más aun en tiempo de blogueros, donde una buena foto de un plato es capaz de confundir al lector ya que gracias a las redes sociales y los dispositivos móviles, todos -más aun los nativos digitales- pueden ser críticos gastronómicos. Gracias a los blogs –y tutoriales-, es posible preparar una receta de alta cocina. Sin embargo, y a pesar que las redes sociales son una forma “fácil” de llegar al cliente objetivo, la crítica gastronómica seria, la que ve el negocio a largo plazo y no se confunde con esquizofrenias gastronómicas al límite o al restaurante o producto de moda o de farándula, es capaz de procesar mejor la información y por ende, entregar al lector una visión más objetiva de la gastronomía.

También es cierto que la crítica gastronómica que aparece en diarios, revistas y plataformas -como esta revista-, se están quedando atrás en un mundo donde todo es rápido, urgente, instantáneo y desechable. La generación de  los millenials es diferente y el siglo XXI dejará huellas en la historia de la humanidad. Hay una revolución en proceso y tendremos que adaptarnos al recambio de mentalidad. Mientras tanto, ambas posturas –la del lector y la del que mira imágenes- tienen adeptos y mientras esto suceda, la crítica gastronómica limpia, la que tiene firma y se hace cargo de lo que opina con argumentos más que con fotos, continuará su recorrido. Algún día seremos reemplazados por otras tecnologías o aplicaciones. Por el momento seguiremos buscando aromas, sabores y colores diferentes para complacer a nuestros lectores. (JAE)