martes, 16 de agosto de 2016

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVIII, 18 AL 24 agosto, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: Pisco is Peruvian
CURIOSIDADES: La Seven Up: un medicamento
MIS APUNTES: El Ancla
EL REGRESO DE DON EXE: Soy un fetiche
BREBAJES: Sours peruanos en Chile
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

LA NOTA DE LA SEMANA


 
PISCO IS PERUVIAN

Un productor de pisco peruano realizó una agresiva campaña publicitaria que incluyó la colocación de un panel publicitario en la calle Ahumada, la principal avenida del centro de Santiago, con el lema: “Pisco is Peruvian” (el pisco es peruano), el cual, y como era de esperarse, desató polémica entre los chilenos por el origen de este destilado.

La original idea fue, como aseguran en su página de Facebook, promocionar la bebida peruana ya que de acuerdo a sus datos, “un chileno consume 10 veces más pisco que un peruano y ya adoptaron como suyos el ceviche, el pisco sour, la causa, la leche de tigre y el suspiro a la limeña”. La polémica no quedaría solo en el cartel ubicado en el Paseo Ahumada, sino que la empresa peruana realizó también un video

Según informó la marca de este destilado, la primera producción de Peruvian, que es un exclusivo lote de botellas numeradas que se entregan a domicilio, ya se encuentra disponible.

Interesante tema para concluir que los peruanos manejan el marketing bastante mejor que los creativos nacionales. Con el apoyo del gobierno peruano se las han ingeniado para promover su gastronomía y el pisco de una forma positiva y han convertido al Perú en un modelo a nivel latinoamericano. En Chile, ni los productores ni los gobiernos ni las agencias de marketing han logrado realizar campañas efectivas y duraderas. Falta dinero y creatividad, pero cuando nos demos cuenta que nos pasaron por encima con el pisco y la comida peruana, ya será tarde para reaccionar. (JAE) 

 

CURIOSIDADES


 
LA SEVEN UP: UN MEDICAMENTO
 
La Coca Cola no es el único refresco que comenzó como un elixir farmacéutico. El 7 Up (o Seven Up, que en español sería algo como Siete arriba), refresco cítrico que ha cumplido 87 años, una vez se llamó con el bastante menos pegadizo nombre de Bib-Label Lithiated Lemon-Lime Soda. Entre sus componentes principales estaba el litio, para levantar el espíritu.

El litio ha sido usado durante mucho tiempo como tratamiento para la depresión y el trastorno bipolar. Un ensayo de la psiquiatra de la Universidad de Cornell Anna Fels publicado recientemente por The New York Times se posicionaba a favor de añadir dosis bajas de esta sustancia (especialmente usada para producir cristal, pilas y objetos de cerámica) al agua potable en aras de reducir las tasas de depresiones.

Los efectos antisicóticos del litio pueden haber formado parte de los comienzos del Seven Up. Esta bebida, que contenía el compuesto líquido denominado citrato de litio, comenzó a venderse justo dos semanas después del gran crack de la bolsa de octubre de 1929, dando comienzo oficialmente a la Gran Depresión.

Las teorías sobre el origen del nombre son diversas. La explicación más lógica es que el número siete del nombre se refiera a los siete ingredientes principales de la bebida: agua carbonatada, azúcar, aceites cítricos, ácido cítrico, citrato de sodio y citrato de litio. La palabra Up, arriba, se referiría al subidón dado por el litio, según la psiquiatra Fels. La FDA (la administración de comidas y medicamentos de Estados Unidos) prohibió el uso del litio en los refrescos en 1948, y la Seven Up fue reformulada dos años después.

MIS APUNTES


 
EL ANCLA
Chiloé tiene historias del Trauco, la Llorona, el Caleuche, la Pincoya y muchos más; cuentos que en su mayoría giran en torno al mar que rodea al archipiélago. Sin embargo, en esta ocasión no fue una criatura mitológica, sino una real catástrofe ambiental la que se cernió sobre la zona. El gran problema comenzó a fines de abril, cuando la Armada dio a conocer que detectaron cinco kilómetros de machas varadas en Chiloé. Una enorme tragedia para quienes gustan comérselas a la parmesana, pero sobre todo para la gente de la zona, que vive de la extracción de estos bivalvos.

La marea roja es un fenómeno natural que no es ni marea ni necesariamente roja, de hecho, su tonalidad puede ser roja, amarilla, verde, café o incolora. Y en realidad es provocada por la proliferación explosiva de una o varias microalgas, que forman parte del ecosistema y normalmente son beneficiosas para la vida marina al constituirse como la base de la cadena alimentaria. Por ello, y durante meses, nos tuvimos que abstener de comer cholgas, almejas, machas, navajas, navajuelas u ostiones que hayan sido extraídos en medio de una marea roja. Por cierto, como nadie (o muy pocos) conocen el origen de las especies, la marea roja fue algo así como una veda total de pescados y mariscos.

Hace cinco años –una eternidad para la longevidad de los restaurantes en Santiago-, abría en una calle lateral a la Av. Providencia, la sucursal de una picada marina que estaba en las cercanías del Terminal Pesquero en La Cisterna. La familia Bustos (padre e hijos) habían crecido manejando una pescadería en ese terminal y un día decidieron pasarse a la vereda del frente y comercializar sus productos con el valor agregado que representa un restaurante. Para ello consiguieron una casona esquina (donde antes habían funcionado –y fracasado- los restaurantes 191, De Rokha y Robinsonia) y el éxito vino de inmediato. La carta estaba íntimamente ligada a los mariscos frescos y algunas preparaciones calientes, pero favoritos del público eran sus jaibas, locos, machas, mariscales y toda una línea de platos a precios muy económicos y porciones de gran tamaño.

Hace un par de semanas regresé a almorzar a sus comedores. Sus propietarios ya tienen tres locales a su haber (uno nuevo en Maipú), y me encontré con una carta muy bien elaborada con sabrosos platos marinos. Los precios han ido aumentando y posiblemente sean similares a los de cualquier restaurante del barrio alto, pero el producto sigue siendo fresco, una de las particularidades de este comedor marino que se convirtió en –valga la redundancia- en el restaurante ancla del sector, hoy repleto de restaurantes de toda índole.

Sabrosas empanadas fritas de locos para partir (3.900) y un suave sour peruano (aunque no les agrade a los chauvinistas), mientras repasábamos la carta del lugar. Un Carpaccio de salmón ahumado (9.500) sin mayores comentarios y sabrosas Calugas fritas de pescado (7.900) que devuelven el alma al cuerpo. Para beber, Amaral sauvignon blanc 2015 (12.500) y un servicio correcto, oportuno e informado.

Merluza austral (6.600) con acompañamiento –que se cobra aparte- fue el primer fondo, para finalizar con un “Arroz pirulo” (9.500), un caldoso de arroz elaborado con fondo de locos y vino blanco, con machas, camarones, ostiones y pulpo, un plato de gran gusto y de sabor extraordinario.

La carta de postres es bastante pobre. Como de caleta, posiblemente, aunque destacan algunos postres “de la casa” como la leche nevada y los panqueques celestinos (3.500).

En resumen: Amplia carta con precios dispares. Si escoge bien y adecuadamente, la cuenta no será exorbitante. El Ancla dejó de ser una “picada” y actualmente es un buen restaurante con productos del mar. Respetan las vedas y la calidad del producto está asegurada. Si quiere sentir el aroma a océano en pleno Providencia, este lugar cumplirá con todas sus expectativas. (Juantonio Eymin)

El Ancla / Santa Beatriz 191, Providencia / 22264 2275

EL REGRESO DE DON EXE


 
SOY UN FETICHE
Hace unos días me percaté de algo que no le había dado importancia en mi vida pero que poco a poco se ha ido exacerbando. ¡Me descontrolan los pabilitos! A decir verdad es un fetiche que tengo metido en la cabeza y sin llegar a ser una enfermedad, cada vez que veo una lola con una polera con pabilitos, me pican las palmas de las manos. Hay veces que llego al paroxismo cuando veo que tras una polerita con tiritas, sobresalen otras, de diferente color, haciendo una especie de composé o contrapunto a mi libido.

Lo que tiene que suceder, sucede. Y últimamente estoy culpando a mi gato chino los avatares que me suceden. Claro está que mi libreta de amigas se ha convertido este último tiempo en una página triste y desolada. Ellas los prefieren jóvenes y capaces de sortear una fiesta con música electrónica (léase bum bum, bum bum) al sonido de grandes parlantes y un par de latas de bebida energética para no decaer. Yo, bien lo saben, prefiero una cena a la luz de lo que sea, bien regada y un buen vino para enamorar.

Con mi paquita con sus interminables turnos, no encontraba qué hacer. Busqué la respuesta en el gato. Éste, seguía meneando su mano izquierda de arriba hacia abajo y les juro que me sonrió. Últimamente creo más en el gato que en cualquier otra figura: mil cuatrocientos millones de chinos no pueden estar equivocados. Pensado y hecho, me armé de valor para salir solo por las calles nocturnas aledañas a La Moneda.

Nostalgia me dio cuando percibí que todas las chicas andaban acompañadas con sus parejas. Era, por así decirlo, uno de esos sábados calurosos de agosto y por lógica, las primeras noches sin abrigo ni bufandas. Visité el subterráneo de La Moneda, la plaza de la Constitución y un par de cuadras alrededor. También pasé por el Torres, donde aproveché de beber un Pillin – pisco con Ginger Ale-… y nada de nada. En eso estaba cuando se me aparece un ángel. Bueno, no era un ángel, era una angelita. Una fotógrafa de modas que había conocido tiempo atrás. De jeans rajados, una polera raída y zapatillas me saluda con una pasión que no entendí en principio. La polera le caía por los hombros y dejaba ver las tiritas de su sostén verde limón.

- ¡Exe, que gusto verte!
- El gusto es tuyo, para mí, un placer. ¿Qué haces en pleno centro, querida?
- Vengo a sacar unas fotos para un especial de una revista con ropa alternativa. ¿Y tú, qué haces acá?
- Yo vivo por estos lares. ¿Quieres beber algo?
- Dale Exe, las modelos son más lentas que cascada de manjar, así que te lo acepto. ¿Qué bebes?
- Pillín, una variante del chilcano peruano.
- ¡Me tinca! ¿Tú invitas? Mira que en esta profesión aparte de pagar mal, pagan tarde o nunca.

Cada vez que la miraba, más me gustaba la guacha. No era problema de pechugas más o pechugas menos, eran sus pabilitos los que me tenían casi esquizofrénico. La flaca tenía hambre así que pedimos unas papas fritas con huevos estrellados mientras las modelos se cambiaban de ropa. Mientras comíamos, yo miraba sus pabilitos y llegué a la conclusión que estaba enfermo… un enfermo muy especial.

- ¿Me acompañas a la sesión de fotos?
- ¿Puedo?
- Bueno… digo que eres mi asistente.
- ¿Y qué tengo que hacer?
- A decir verdad, nada. Pero si llevas un termo con esta pócima, capaz que mucho.

Los pabilitos de la fotógrafa me tenían fuera de sí. Hablé con Rosendo, el veterano garzón del Torres y me prestó un termo de dos litros. Le puso hielo, una botella de pisco y rellenó con Ginger Ale. - ¿De dónde sacas minas tan ricas?, preguntó.

- Llegan de la nada, respondí ufano.

Estuvimos, bueno, ella estuvo hasta las cinco de la madrugada sacando fotos. La plaza, La Moneda, los restaurantes, los paraderos de buses, la torre Entel, los edificios cercanos llenos de grafitis e incluso varias modelos tiradas como muertas en los pasos de cebra. Entre foto y foto, vaciábamos el termo con la fría pócima. Yo, eterno fetiche, sólo miraba pabilitos. Les juro que la próxima semana iré al siquiatra a preguntar si es una parafilia o simplemente una simple calentura. Pero definitivamente las cintitas verde limón me transportan al más allá.

Las tomas terminaron a las cinco de la mañana. Todas –y todos- estábamos reventados. Mi amiga fotógrafa pregunta si puede dormir en mi departamento. –No me da el cuero para llegar a Estoril, dice.

Me recibe el gato de la suerte con su pata sin moverse. Al condenado se le habían acabado las pilas. Le ofrecí a la fotógrafa la habitación de las visitas. Ella se tira en la cama y se queda dormida al instante. Le saqué sus zapatillas y la cubrí con una manta mientras miraba esos pabilitos que tanto me gustaban. Cierro su puerta (por fuera) y voy directo al gato para increparlo. Le cambio las pilas y me voy a acostar. Cierro mi puerta (por dentro) y el amanecer me pilló pensando en esas cintitas verde limón que me enloquecieron.

Mañana mismo voy en búsqueda de pilas de larga duración. Ojala de uranio. Para que no fallen cuando el goleador entra en el área chica.

Exequiel Quintanilla

BREBAJES


 
SOURS PERUANOS EN CHILE
Ojos que no ven…
 
“Déjame que te cuente, limeña / déjame que te diga la gloria / del ensueño que evoca la memoria / del viejo puente, del río y la alameda…”
 
Sorprende el Perú… y sorprende su pisco sour. Como un amor perdido y desesperado busco en Santiago y en todo Chile uno que se le asemeje en gloria y majestad. Por años hemos tratado de hacer un buen pisco sour y generalmente no nos resulta. No le echemos toda la culpa al pisco, su principal materia prima, ya que en varios restaurantes peruanos se dan la maña de elaborarlo con pisco chileno y pasan gato por liebre a su clientela la mayoría de las veces. Como diría un ex dictador – ex presidente,  vilipendiado y oscuro personaje: “los tengo a todos identificados”.

Muchos restaurantes chilenos y peruanos ofrecen la pócima “a la peruana”, que significa literalmente que ocupan materia prima chilena y procedimientos norteños. Muchas veces caemos en la tentación y lo bebemos pensando en hermosas limeñas de todas las razas y credos, sin saber que es sólo una imitación del sour verdadero, ese que proviene del Perú.
Yo, pecador, me confieso y tras extensos recorridos de norte a sur de mi Chile querido, encuentro los mejores sours peruanos de nuestras comarcas. Cuando sueño con un sour de esos que se beben fácilmente ya que son reconocidamente buenos, me llegan a la mente las barras de El Otro Sitio y actualmente en Carneros, donde Emilio Peschiera no transa sus materias primas. Acá el pisco es Barsol de la variedad quebranta, uva traída por los españoles al Perú y que se adaptó a los suelos pedregosos de la provincia de Pisco. El barman le suma limones y goma, la que elabora con cáscaras de piña, clavo de olor, vainilla y azúcar… y clara de huevo, que hoy ya viene en polvo para prevenir odiosas intoxicaciones. Servido en vasos de loza, una innovación que si bien al principio sorprende, al final uno se acostumbra y alaba incluso las dos gotas de amargo de Angostura que acompaña cada brebaje.

No es el único. El vidrio (o el cristal) se asoma para otros sours de excelencia. No dejo de alabar los que preparan en la cebichería La Mar ni en el Tambo. Allí el pisco Viñas de Oro es el favorito. Como a falta de pan, a veces son buenas las tortas, acá ocupan limones de Pica para elaborar la pócima. Sin embargo ello no es fácil ya que con el fin de que el preparado quede óptimo, a los pequeños limones les sacan las pepas antes de extraer su jugo. Y eso tiene su precio. Bueno, en Chile, todo tiene su precio y más aún cuando se esmeran en ofrecer calidad y mantener el prestigio. 
Queirolo es el pisco que utilizan en otros reconocidos restaurantes peruanos. Me atrevo a decir que es uno de los mejores y finos aunque por su valor, las porciones son más pequeñas que lo normal. No es que ande buscando “catedrales” por todas partes, pero cuando el sour es bueno, se requiere de un vaso normal. Aun así, mi tía Natalia, casquivana ella, me decía que todo lo bueno venía de a pares. Dos pechugas, exclamaba; dos nalgas, dos piernas y dos de lo que te imagines, contaba. Así que dos sours de aperitivo o al final de una jornada no son ni serán nunca pecado.

Corazón hecho anticucho y uno de los primeros que se atrevió a ofrecerlo tal como lo cocinan en el Perú. Y en Perú al Gusto, este huarique peruano armado por Alex Dioses, uno de los mejores cocineros peruanos en Santiago, los sours los elaboran con Viñas de Oro en su variedad quebranta y como dicen ellos, los limones de pica, sin pepas, los exprimen a mano. Si bien los platos son bastante económicos, el sour tiene su precio… Y los vale.
De eso se trata. Es posible que en mis recorridos haya olvidado algunas buenas experiencias con el pisco peruano. Pero valga un dato: si de sours se trata, el valor del cóctel es preponderante. Si es barato y masivo, no le quepa duda que lo elaboran con aguardientes nacionales. Si es caro y exclusivo… ahí hay que empezar a elucubrar.

Definitivamente, en pisco sour, los peruanos tienen mucho que enseñarnos. (JAE)

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA
 
 
WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(AGOSTO) MAESTRANZA (Franklin 1215 / 995377428): “La carta se presenta en una pizarra. Son platos concebidos, se nota, por la directriz de los mejores insumos del día. Y no necesariamente de los más destacados en otra clase de restaurantes de barrios más pitucos. Hay panita, corazón o entraña de caballo. O sea, el que viene sabe a lo que viene. Aquí no se transa, al parecer. El problema es que hay demasiadas advertencias y salvaguardias sobre lo lento de su cocina (que llegan hasta ser amenazantes para quien se atreva a alegar), las que repletan sus muros. “En una primera visita, sentados a la una y media de la tarde (hora a la que abren), con dos mesas ocupadas, llegaron 45 minutos después un pedazo de filete a lo pobre ($9.000) y uno de entraña ($8.500), casi crudos, vuelta y vuelta, sin limpiar (con sus membranas y grasas, difíciles de comer) y sin haber sido consultados previamente sobre su punto de cocción. Lo mejor, lejos, fue una prieta hecha en casa ($1.500), que se pidió fuera de la oferta.” “Para un sitio que parece propiciar la cocina de mercado, mal.

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(AGOSTO) MATSUDO (Príncipe de Gales 6918, La Reina / 22226 0498): “Matsudo es un lugar relativamente nuevo, todavía en rodaje. Otro más de los muchos de estilo nikkei, capaz de presentar algunas creaciones realmente notables en creatividad, calidad y solidez. “… donde volvimos a elevarnos, y esta vez hasta el mismísimo empíreo, fue con un plato peruano: el cordero al cilantro ($7.000), acompañado de arroz blanco y un trozo de yuca. ¡Qué garrón grande, tiernísimo, con el sabor corderil justo, sin pasarse ni un punto! La salsa podría, para nuestro gusto, haber tenido más cilantro; quizá los retaca aquí conocer ese nefasto dicho chileno: "Bueno el cilantro, pero no tanto". Error profundo y pernicioso. Este plato es digno de antología, siempre que traiga un cordero así de joven, tierno, suculento, cocido a la perfección y jugoso.” “Otro plato peruano de gran calidad, a la altura de los mejores que hemos probado, fue el picante de mariscos ($6.800), con su salsita de picor justo (quizá disminuido, para lo que se estila en Lima), con su arroz blanco.”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(AGOSTO) DON GAVIOTA (El Roble esq. Guanaco /Recoleta / 22621 1838): “Ni qué hablar de ceviches, chupes, caldillos, cancatos y pastas con mariscos, las tentadoras empanaditas e inevitables picoteos. Como la tabla de camarones ecuatorianos apanados ($11.900), locos con machas y ostiones parmesanos ($10.990), o su famoso jardín de mariscos ($21.990). Con un pulpo a la parrilla que promete. Para los que buscan novedades tienen unas sabrosas ancas de ranas brasileñas al ajillo ($13.900), conejo escabechado ($6.900), el atún sellado y hasta la centolla entera ($34.600). O una langosta al vapor ($38.000), que preparan en una hora (compare precios con el Mercado Central).” “Para beber auténticos pipeños, sangrías y terremotos, amén de algunos vinos bien elegidos para una picada. A lo que agrega interminable lista de buenos tragos, con clavos oxidados, martinis secos y una letanía de sabrosos destilados de certificada procedencia.”

MUJER
PILAR HURTADO
(AGOSTO) EL BATÁN (José Luis Araneda 20, esquina con Irarrázaval, Ñuñoa / 22349 3749): “La carta es contundente e incluye sánguches de chancho, butifarra, lomo saltado, pavo, pollo a la brasa, churrasco, e ingredientes poco habituales para estas preparaciones en Chile, como plátano, camote o piña. También hay ensaladas y porciones de papas y camote para picar. A esto se suma variedad de salsas peruanas (huancaína, olivo, pollera, rocoto) y tradicionales como tártara, mayonesa y golf (100 pesos la porción, muy ricas todas). Nosotras probamos los sándwiches peruano pobre y chanchirrón. El primero es una hamburguesa casera que nos pareció demasiado aliñada, con plátano frito, huevo frito, lechuga, tomate y salsa criolla (cebolla morada con limón) en pan amasado. En el mismo plato, al ladito, papas hilo (los peruanos suelen ponerlas dentro de los emparedados). El aliño de la hamburguesa hacía que el plátano pasara inadvertido, lamentablemente, porque la jugada de incluirlo nos pareció audaz y divertida. Es grande y no muy fácil de comer, considerando que en principio no ponen cubiertos. El chanchirrón nos gustó mucho más, es chancho confitado con especias, donde la carne estaba sabrosa y blandita, acompañado de camote frito, salsa criolla de hierbabuena y mayo peruana en marraqueta, un pan que combina muy bien con estos ingredientes. Este se puede comer con la mano. Hay buen café, y de postre nos tocó un correcto cheesecake de chocolate. La atención es amable y la carta larga”

 

martes, 9 de agosto de 2016

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVIII, 11 al 17 agosto, 2016
LA NOTA DE LA SEMANA: El placer de volar
CURIOSIDADES: La Fanta fue creada en la Alemania nazi
MIS APUNTES: Matsuri
EL REGRESO DE DON EXE: En la Embajada Argentina
TURISMO: La Alhambra
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

LA NOTA DE LA SEMANA


 
EL PLACER DE VOLAR

Hace algunos años el sólo hecho de volar nos provocaba sensaciones de felicidad. Viajar en avión siempre ha sido para nosotros un sinónimo de placer, descanso o aventuras, algo muy ligado a nuestra calidad de habitantes del último lugar del planeta y por lo mismo, con unas ganas locas de embarcarse en un avión y conocer tierras lejanas.

Lo que antes era un deleite, hoy es un desagrado. Los aeropuertos se han convertido en presas fáciles del terrorismo y las medidas que toman los gobiernos (en todos los países del mundo) son extremas. En un aeropuerto TODOS somos sospechosos. Seamos del color, raza o provenientes de oriente o del occidente. Y esa sospecha se transforma en horas y horas de espera para tomar un vuelo. Una o más revisiones en que más te vale no llevar consigo la autoestima, es pan de cada día en los aeropuertos del mundo. En definitiva, se ha perdido el glamour.

Los aeropuertos ya no son lo que alguna vez conocimos. Cada día más gigantescos, enmarañados y complejos, dificultan los traslados entre terminales para tomar otros vuelos, cosa poco agradable en aeropuertos de tránsito. Obvio, tampoco esperen una sonrisa del personal o vigilantes del lugar. No te olvides que eres un terrorista, un traficante o un inmigrante ilegal desde que ingresas hasta que salgas de sus límites.

Lo que antes odiábamos, como la aduana, es hoy la nada en comparación a los otros agentes aeroportuarios. Cuando por fin llegas a tu destino aún no se termina todo ya que hay que esperar las maletas. Otra larga y tediosa espera que hay que soportar.

Como estamos en el fin del mundo, es difícil reemplazar el avión para dirigirse a otro país. Argentina, Perú y Bolivia entre los cercanos. El resto, volando y soportando todas las reglas, normas y decálogos de los aeropuertos actuales. A decir verdad sería bueno tener un manual del “cómo viajar en avión sin que te jodan”. El autor se haría millonario. (JAE)

 

CURIOSIDADES


 
LA FANTA FUE CREADA EN LA ALEMANIA NAZI

El problema comenzó en diciembre de 1941, cuando los EE.UU entraron en la Segunda Guerra Mundial y las relaciones entre Coca-Cola GmbH y la empresa madre se perdieron. Los empresarios alemanes dueños de las embotelladoras se encontraron con la imposibilidad de seguir fabricando la bebida. Entonces, Max Keith, el jefe de la Coca-Cola Deutschland en Alemania nazi, creó el producto utilizando sólo ingredientes disponibles, incluyendo suero de leche y orujo de manzana (las “sobras de las sobras que nadie quería”).

La planta alemana fue efectivamente aislada de la sede de Coca-Cola durante la guerra. Después de la guerra, la compañía recuperó el control de la planta, la fórmula y las marcas, así como la planta de Fanta construida durante la guerra.

El nuevo refresco fue un éxito rotundo y en 1943 se vendieron tres millones de botellas, sólo dos millones menos que de Coca Cola en años anteriores. Sin embargo, las cifras podían estar algo falseadas, pues la población compraba Fanta para endulzar el té o las infusiones debido a que el racionamiento de azúcar era extremo entre los alemanes. En cualquier caso, había nacido una nueva bebida, y lo había hecho bajo el régimen nazi.

Fanta se suspendió cuando la empresa matriz se reunió con la rama alemana. Tras el lanzamiento de varias bebidas por la  Pepsi en la década de 1950, Coca-Cola ocupó y relanzó la marca Fanta en 1955.

MIS APUNTES


 
MATSURI
Lo nikkei está de moda

El hombre es un animal de costumbres. Más aún si se trata de cocina. Este hecho irrefutable juega a favor o en contra de los restaurantes, ya que por lo menos en esta parte del mundo renuevan constantemente sus cartas, donde pocas veces mantienen los platos tradicionales, esos que los hizo conocidos o famosos algún día.

Desde la inauguración del Matsuri, el teppanyaki –o plancha japonesa- causó curiosidad y luego furor. Las butacas que rodeaban las dos planchas ubicadas en el segundo piso del restaurante se llenaban de un ávido público que degustaban preparaciones cocinadas en estas planchas y no pocas veces las cenas terminaban con un cálido aplauso para el chef y sus ayudantes. Mis recuerdos para Tokijuru Yamada y luego Miriam Moriyama, dos especialistas en estas cocinas.

Como todo cambia y luego del traslado de Miriam para seguir cocinando en algún lugar del planeta, el chef Roberto Yagui se hizo cargo de este cómodo restaurante japonés del ahora Grand Hyatt capitalino, un hotel que hace unos años agregó un up grade a su calidad, convirtiéndolo en una línea de lujo bajo la marca “Grand”, dejando de ser Regency, un peldaño más abajo dentro de la estructura de esta cadena hotelera.

El chef Yagui es peruano de nacimiento y de padres japoneses. Su carrera la hizo fuera del Perú y destaca en su currículo una larga estadía en Cuba. Como varios chefs japo-peruanos, su fuerte es la cocina nikkei, esa mezcla de producto y sazón  peruana y técnica japonesa y oriental en general. De ahí salió una carta con cerca de 20 preparaciones que se divide en entradas, ensaladas, sopas, sashimi, nigiri, sushi, grillados, tempura, arroces y fideos.

Punto a favor por sus preparaciones: el respeto por la cocina japonesa con el aporte de sazón peruana. Para comenzar, dos pequeños trozos de atún ecuatoriano y salsa ponzu (mirin, soya y vinagre de arroz) toques de ciboulette y jengibre. Luego –todo en pequeños platos para degustar-, laminas casi transparentes (usosukuri) de corvina con una fina salsa cítrica al aceite de oliva.

El pulpo que ofreció a continuación, con escamas de bonito, salsa miso y pepino encurtido, es uno de los grandes sabores nuevos que presenta la carta. Sabroso plato aunque su presentación no lo demuestra. Similar detalle para una variedad de cuatro sushi y nigiris que por su tamaño se necesitó occidentalizar los cubiertos, ya que toda la experiencia acumulada en el uso de los palillos de madera no alcanza para engullir de un bocado tal presentación.

 
El Ramen –que de sopa china se transformó en capricho gastronómico y el plato más consumido en el mundo- es uno de esos platillos que siempre está presente en los menús orientales y acá se presenta en todo su esplendor. Un caldo base, con fideos chinos, huevo y brotes verdes es un aporte que sigue conquistando adeptos y corazones. Posiblemente en este plato se puede demostrar el cariño del cocinero ya que permite múltiples variaciones.

Como platos de fondo repetimos el atún, esta vez sellado al sésamo y con salsa de jengibre del que no haré mayores comentarios, sin embargo un placer para el paladar fue el llamado “Buta no Kakuni”, trocitos de panceta de cerdo (carne y grasa) con salsa de soya dulce. Sabroso y especial.

Aun cuando el nuevo chef  no usa el teppanyaki, algo que desconcierta ya que estábamos acostumbrados a ver cómo cocinan en vivo y en directo los cocineros japoneses, hay que agradecer que la carta tenga novedades que gustarán a los amantes de esta cocina. El aporte peruano existe, pero aun es tímido. Lo que deben cambiar, sí o sí, es el servicio a la mesa. Desgraciadamente el día de mi visita fue deficiente. El desdén o desenfado de las garzonas –o mozas- fue notorio. En un lugar de estas características, servir tres diferentes vinos en la misma copa –sin siquiera avinarlas- sólo se ve en algunos restaurantes de caletas pesqueras. Posiblemente fue un día malo. Pero si nadie lo dice, nadie corrige. Por el precio que se paga comer en este tipo de restaurantes, el buen servicio es fundamental y necesario.

Bien por su nueva carta. Mal por el servicio y la pérdida del espacio donde se cocinaba teppanyaki. Desgraciadamente –como dije en un principio- el hombre es un animal de costumbres. Habrá que entender que estamos en épocas de transiciones y transformaciones. ¿Más nikkei que japonés? Creo que para allá se dirige este agradable comedor capitalino.

Matsuri /Hotel Grand Hyatt Santiago /Av. Pdte. Kennedy Lateral 4601, Las Condes / 22950 3051

EL REGRESO DE DON EXE


 
EN LA EMBAJADA ARGENTINA

Orondos llegamos a la Embajada Argentina en una noche muy especial. El jefe me había traspasado una invitación a ese recinto ya que se realizaría una comida gaucha gracias al alto auspicio del gobierno ché y del Instituto Nacional de Promoción Turística, algo así como nuestro criollo Sernatur.

Para qué contarles: cuando mi paquita supo que iría a la embajada, encontró que todo su ropero estaba pasado de moda y partió a comprarse pilchitas nuevas. Ni que hubiese jubilado en Capredena: vestido, abrigo (estaban en liquidación, me explicó), zapatos y carterita ad hoc haciendo composé con su tacos reina. A decir verdad se produjo como si fuera la ocasión de su vida. Yo, ya más acostumbrado a estos trotes, mi clásica y bien ponderada chaqueta de tweed y un abrigo de pelo de camello (le digo pelo de camello ya que es de color medio amarillento, pero realmente lo compré hace un par de años en la calle Monjitas, en una “vintage clothes shop”, por decirlo elegantemente).

Variopinta la fauna presente. Muchos argentinos (de la embajada supongo) y algunos aborígenes nacionales que no ubicaba. Espumoso argentino y unas empanaditas de carne y otras de pollo a la suerte del comensal. Ricas eso sí. En instantes me deslumbró una pibita que merodeaba por el comedor con una bandeja llena de copas de espumante Zuccardi

-¿Qué miras, Exe?

¡Diablos! Sofía me conoce tanto que estoy comenzando a creer que es una agente de inteligencia de algún país musulmán.

- Nada preciosa. El panorama global de esta casona, mentí.
- No me mientas guachito, me advirtió. Me gasté cien lucas en ropa para ser tu estrella esta noche y te pones a mirar cuanta promotora flaca y anoréxica que pasa por tu lado.
- Na’ que ver, linda.
- ¡Nada de linda, Exe! Últimamente las pocas hormonas que te quedan parece que las tienes en los ojos. ¡Pusiste una cara de caliente cuando viste a la flacuchenta esa!

Menos mal que me salvó la campana y nos llamaron a cenar. Mesa para ocho y un trozo de merluza negra sobre una crème brûlée de tomates secos, polvo de olivas negras y sal de limón acompañado de un buen vino malbec mendocino como entrada. Rica preparación.

- Me gusta Buenos Aires, Exe
- A mí también, preciosa. Es una ciudad enorme
- ¿Cuándo vamos? ¿Te tincaría para el 18?

Ella es como la Corfo. Siempre tiene recursos. Como sabía que a estas alturas los pasajes ya están escasos, le seguí el cuento. A decir verdad, mi fin de semana dieciochero será en Curacaví, con chicha baya y de la otra.

Ella pensaba en los cueritos que compraría en Baires y yo en el tremendo asado que me mandaría en la capital de la chicha. Cada uno en su tema cuando llega el segundo plato de la noche: unos sorrentinos rellenos con cordero ahumado y jugo de locro criollo. Realmente para chuparse los dedos y para sopear con pan el restante. Realmente un plato para orar en lenguas. Lo mejor de la noche de todas maneras.

Como era una comida gaucha, no faltó una pareja bailando tangos y milongas. Para finalizar lo salado, un bife con costra de chimichurri, papa confitada, manzana, morcillas y papas al romero.

- ¿Te gusta este plato, gordo? (después de tres copas de vino Sofía se pone siempre cariñosa).
- Rica combinación, me encantó la morcilla más que la carne ya que parece que el vacuno estaba muy estresado cuando se fue para el otro mundo… algo duro el filete.
- Estoy de acuerdo, cuchi. ¿Te cuento una infidencia?
- Dímela preciosa.
- Me compre ropa interior… Roja como el vestido de la bailarina. ¿Te tinca?

Mientras comíamos un clásico alfajor argentino con una mousse de chocolate, aire de frambuesas, nieve de almendras y salsa de dulce de leche, pensaba en los destruidos fondos de mi tarjeta de débito. Verdaderamente todo en contra. Así que decidí tomar las riendas de la situación y encarar el dilema. Yo sabía que ella quería irse a un hotel, pero me era imposible.

- ¿Tienes huevos en tu departamento?, pregunté.
- Si, responde, ¿Y eso que tiene que ver?
- Es que mañana tengo ganas de comerme al desayuno unos huevitos a la copa. Y como en mi departamento no hay huevos, nos vamos al tuyo… ahora y ya… antes que se destiñan tus prendas rojas.
- Eres un viejo zorro, respondió.

Partimos no sin antes despedirme con un besito largo en la mejilla de la pibita flacuchenta. Me pasó su tarjeta para que estuviéramos en contacto.

Puse la tarjeta en el bolsillo de mi chaqueta y me olvidé de ella. Me concentré en la lencería roja. Cuando regresé a mi departamento, en la tarde del día siguiente, busqué su tarjeta y me encontré con otra. Una de la paquita con el logo de los pacos y que había escrito encima: “a mí no me engañas. Te conozco…”

¿Será una confabulación?
 
Exequiel Quintanilla