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Fachada exterior

miércoles, 1 de febrero de 2012

LOS CONDUMIOS DE DON EXE





MÁNCORA

¿Se acuerdan de Abril, la peruanita que conocí en Santiago? Bueno, ¡yo sí! ya que nunca me olvidé de ella. Hace una semana me mandó un mail preguntándome si estaba dispuesto para acompañarla unos días en Máncora, allá en el Perú.

Ni les cuento lo que me demoré en llegar a Máncora. Lo único que les digo que está en el norte del Perú y cerca de la frontera con Ecuador. ¡Te esperaré en Piura!, me dijo junto con avisarme que podía pasar a buscar los boletos a LAN.

Dormí doce horas seguidas en una casa en la playa llena de palmeras y cerca del mar. Desperté en una habitación que aparte de aire acondicionado, un ventilador giraba lentamente en el techo. Miro por la ventana y encuentro a Abril al lado de la piscina y tomando desayuno. Ducha rápida, cambio de ropa por una más liviana y de color claro para atenuar el calor y ya con hambre, también fui por café y frutas.

Hace calor en Máncora. Es lo único que les puedo contar hasta hoy, horas en que trato de despachar esta nota. Abril vive el día entero con bikini o tanga (depende la hora), un pareo de algodón y hawaianas. Maneja un viejo escarabajo pero todo el mundo la saluda. Es tan conocida que en estos momentos termino de escribir esta nota en el banco principal de este balneario, en la oficina del gerente, para enviarlo vía Internet satelital a Santiago. - “Lo único que le pido don Exe”, dice el gerente, el único tipo que he visto con corbata en este pueblo, es que sea un mensaje corto. – Ya tendrá tiempo de contarles a sus amigos en Chile de nuestra linda Máncora.

Despacharé esta nota y luego me iré de parranda con Abril. Bueno, eso de despachar no es tanto ya que dejaré esta crónica lista y luego una secre del banco la enviará por el correo interno de su oficina. –Son las normas, me dice, aunque la señorita Abril sea la hija del dueño del banco.

- ¿La hija del banquero?
- Lo siento Exe, no había querido decírtelo.
- ¿No trabajabas para Sodexo?
- Aun trabajo ahí, lo que pasa es que Sodexho es de mi papi acá en Perú.
- ¿Alguna otra sorpresita?
- A decir verdad, Exe, te llamé para que me ayudes.
- ¿Cómo?
- Necesitare toda tu comprensión Exe querido. En marzo me voy a vivir a Santiago durante un par de años.
- ¿Y?
- ¿Me ayudarás, Exe?

Más no puedo contarles ya que este mail lo manda una secretaria del banco. Lo único que les digo es que si algún día llegan a Máncora se encontrarán con mil chicas similares a Abril; que es lindo y barato, y que a mi regreso a la capital conocerán el fin de una historia que recién está comenzando en la playa de Vichayito.

¡Hasta la próxima!

Exequiel Quintanilla