martes, 13 de octubre de 2015

MIS APUNTES


PIÚ
Otro italiano en Vitacura
A medida de que el mundo se va globalizando, cada día es más fácil conseguir en las grandes capitales productos o materias primas provenientes de otros mercados del mundo. Por eso no extraña para nada la profusión de restaurantes representativos de varios países del mundo, dado que a veces incluso es más rápido conseguir un producto determinado en Santiago que en el país de origen.
Hace un lustro, productos como la harina italiana, la burrata, el mascarpone y la mozzarella –entre otros- eran tremendamente difíciles de conseguir. Hoy, gracias a la labor que han efectuado varios importadores de materias primas italianas, ya es posible adquirir casi la totalidad de los ingredientes que requiere un verdadero plato originario del país de la bota y a un costo relativamente  normal.

Es posible que ésta sea la causa principal de la proliferación de pizzerías en el país además del asentamiento de varios restaurantes con vocación italiana, uno de los cuales ya habíamos visitado hace un año, el Piú, al que regresamos hace un par de semanas para conocer su nueva carta y confirmar su consolidación gastronómica.
Sin referirnos a los resultados económicos del Piú, avalamos la sinceridad de una propuesta sencilla preparada por el chef Gianluca D’Alessandri, cuya familia tiene intereses en el Tavelli de Manuel Montt. Gianluca trabajó en Italia y España, lugares que inmortaliza detrás de sus simples recetas que representan a estos dos países en su carta.

Pasta, pizza, carne y pescado es su propuesta normal. No hay risotto en su carta ya que prefiere no ofrecerlo debido al tiempo que se requiere para preparar la receta original. Buen punto, pensando en los cientos de risottos que hemos comido durante años y que no son preparados a la minuta, como debe ser. Sus pastas (entre 9.000 y 11.000) correctas, sabrosas y con el “dente” a la chilena. Aun así, se nota dedicación en la confección y posterior tratamiento para servirlas, como unos estupendos Fettuccine al ragú (9.200), un clásico de las trattorias italianas.
Dentro de las carnes –y una gran alternativa- es su ya conocida Lengua cocinada durante siete horas con salsa de pimientos rojos y escalibada de verduras (10.500), un plato que sobresale por la intensidad de color y sabor.

Punto aparte para las pizzas, que con siete variedades (entre 7000 y 9.500) intenta rescatar al público joven que mayoritariamente ocupa una terraza interior, construida especialmente para ese propósito.
Con un abastecido bar de cócteles, vinos y cervezas, en el Piú están conquistando poco a poco un público difícil y exigente. El barrio es complicado ya que la oferta es bastante significativa. Poco a poco han ido corrigiendo su carta y su cocina ya tiene bastantes seguidores. Pero eso no basta para catalogarlo –como opina Zomato- como un restaurante de lujo. Es bueno –cierto-, sin duda se come bien, pero el lujo es otra cosa.   

Lo ideal sería que el chef, que tiene buena mano para la cocina, vaya afinando su carta a la verdadera cocina italiana, a esa del ossobucco a la milanesa, la cucina de la nonna y la frescura de las verduras tradicionales europeas. Las medias tintas, como anunciar papas nativas chilenas en platos de origen italiano, personalmente no me atraen. La gracia está en ir posicionándose en el país de origen de las recetas y dejarle las papas nativas a quienes les corresponda elaborarlas.  En español: zapatero… a tus zapatos. (Juantonio Eymin)
Piú: Vitacura 3269 /esq. Nueva Costanera / 2 2207 3192

RESTAURANTES CON HISTORIA


 
EL PORTAL: EX BAHAMONDES
Durante la década de 1920, un comerciante chileno llamado Eduardo Bahamondes Muñoz abrió un local de comida rápida en el conocido Pasaje del Portal Fernández Concha, aparentemente en el que sería el actual número 900, según la leyenda. El restaurante se convertiría con el tiempo no sólo en el primero que introdujo el “completo” y otras versiones nacionalizadas del hotdog gringo en nuestros menús, sino que, además, fundó el carácter de expendio de platillos que es propio del Portal Fernández Concha hasta nuestros días, aunque gozando por entonces del don de la elegancia.

Don Eduardo tuvo ojo para llamar su restaurante como el "Quik Launch Bahamondes", evidenciando un poco la visión que había importado desde el expendio de comidas luego de un viaje a los Estados Unidos, con el hotdog como príncipe de la carta (todavía hay uno de los viejos kioscos del portal que mantiene este titulo, de "Quik Launch"). Sin embargo, el público criollo, poco acostumbrado a la fonética inglesa y a estos conceptos extranjeros, llamó al local simplemente como “El Bahamondes”, título con el que pasó a la posteridad de la historia culinaria del Portal Fernández Concha. Otros locales se instalaron en la vecindad del pasaje comercial ofertando la misma clase de platillos económicos y también el concepto de comidas rápidas, que era toda una novedad en la sociedad santiaguina de aquellos años.
Crecieron las salsas, los aderezos, las ensaladas, los acompañamientos, las pizzas, los embutidos.

El Portal Fernández Concha, gracias al impulso generado por Eduardo Bahamondes y su novedoso negocio de alimentos, se convirtió en un centro de variedad y de diversificación, muchas veces adaptando recetas internacionales a las fórmulas alimentarias más tradicionalmente chilenas. Contribuyó, además, que el Portal fuera uno de los más importantes centros gastronómicos de Santiago, en aquellos años.
Al fallecer el fundador, el negocio fue convertido en una cooperativa y la administración quedó legada a los hijos. Sin embargo, estos no pudieron mantener el negocio y tuvieron que ponerlo en venta, siendo adquirido por una familia italiana residente en Chile, los Devillaine, quienes ya estaban en el rubro de los restaurantes, aunque más tradicionales y "finos". En el “Ex Bahamondes”, en cambio, los dueños optaron por seguir ofreciendo comidas rápidas y más económicas, pero alejada de la alimentación chatarra. En los años sesenta, cuando era el favorito de los estudiantes, se hizo famoso por sus grandes y abultados sándwiches de lomito. La variedad del completo llamada “italiano”, también parece ser una creación de este local, vinculada al origen de la familia Devillaine.

Según un reportaje del diario “La Nación en Domingo” (25 de febrero de 2007), José Devillaine había sido dirigente del Club Deportivo Audax Italiano, y dueño también de las parrilladas “La Brasileña” (en la cuarta cuadra de San Diego) y de “La Estancia” (en Las Condes arriba). Habrían sido sus hijos quienes se percataron de la importancia que tendría la introducción del concepto de “fast food”, proponiéndosele una adaptación a la chilena. Eso lo convirtió en un lugar de culto para su fiel público de comensales.
Actualmente, el negocio que siguiera la línea fundacional iniciada por don Eduardo Bahamondes se llama “El Portal”, reforzando su importancia histórica dentro del Portal Fernández Concha que tantos otros centros de la tradición culinaria nacional albergara por sus pasillos, como el “Nuria”, el "Ravera" y el desaparecido “Chez Henry”. A su lista de inventos culinarios suma también la llamada Pizza Portal, que ya está siendo imitada en otros locales, además de los tradicionales completos y bifes o churrascos a lo pobre, entre las muchas otras apetitosas opciones ofrecidas en sus vitrinas y cartas.

La decoración de sus locales dentro del pasaje evocan en "El Portal" un poco a ese aire clásico y originario, de los tiempos tempranos de una ciudad abriéndose al desarrollo comercial. Bajo su actual nombre, por lo tanto, “El Portal” sigue recordando siempre al visitante su glorioso pasado, aunque poco quede ya formalmente del “Ex Bahamondes”. (Urbatorium.com)

NOVEDADES


EL JÄGESMEISTER

Después de una suculenta comida, cuando la sensación de saciedad comienza a ganar la partida, no hay nada mejor que esta bebida para echarle una manito al estómago sin dejar un mal sabor de boca.
Una de las primeras cosas que uno debe hacer cuando se instala en Alemania es adquirir una botella de Jägermeister, que fue inicialmente comercializado como un producto médico; propuesto como una cura contra todo: desde la tos hasta problemas digestivos. Incluso fue usado en la Segunda Guerra Mundial como anestésico.

Generalmente se bebe como licor digestivo, como colofón después de una comida profusa, como aperitivo o como ingrediente de cócteles en cualquier bar. También se utiliza en casa como remedio doméstico, como trampa para las moscas o las avispas que se sienten atraídas por el aroma de las hierbas que componen la fórmula. Jägermeister es una bebida espirituosa de poderoso efecto, animosa y eficaz para fanáticos de las bebidas amargas, alcohólicos irreconciliables, curiosos y aficionados a las barras.
La palabra Jägermeister fue introducida en Alemania en 1934, cuando se promulgó la ley de caza Reichsjagdgesetz. El término se aplica todavía hoy a los guardas forestales veteranos y a los guardabosques en los servicios civiles alemanes. Cuando apareció este licor en 1935 los alemanes ya estaban familiarizados con el término. De hecho, Curt Mast, el inventor de la bebida, era un cazador entusiasta. Los auténticos Jägermeister velan por la regulación y el cumplimiento de las leyes de caza de sus jurisdicciones.

Literalmente, la palabra Jägermeister significa maestro de cazadores, término asociado siempre a la caza, a los animales salvajes del bosque, a las presas. Se trata de un exquisito mejunje que produce cierta euforia y reviste a su consumidor de una valentía inusitada, más allá de los efectos previsibles que se suelen asociar a las bebidas alcohólicas, damos fe. La botella incluso contiene un poema de Otto von Riesenthal de 1848 que homenajea a los cazadores.
El Jägermeister está compuesto de hierbas, flores, extractos de raíces y especias, y es el producto insignia de la empresa alemana Mast-Jägermeister AG, con sede en Wolfenbüttel, Baja Sajonia. Dicen las creencias populares que contiene sangre de ciervo o arce, amén de otras propiedades estimulantes poco definidas relacionadas con los opiáceos –así que alerta a los hipocondríacos que generalmente suelen ser más propensos a la sugestión–, pero la empresa lo desmiente. Aunque de ser eso cierto, suponemos que las autoridades sanitarias lo habrían retirado del mercado. Contiene un 35 por ciento de volumen. Un surtido de 56 hierbas diferentes contribuye a su elaboración. Se recomienda beberlo frío y a modo de contundente chupito. Al menos, es esa la forma en la que el licor es consumido en bares y discotecas. De color marrón oscuro y consistencia densa, el sabor del Jägermeister es fuerte: semiamargo, semidulce, gracias a sus extractos de azúcar caramelizada.

La botella, mística y atractiva, dibuja con letras góticas su nombre. La cabeza de ciervo del logo coronado por una cruz latina resplandeciente hace pensar en conexiones que asocian al licor con San Huberto, santo patrono y protector de los cazadores. San Huberto fue un noble caballero, hijo del Duque de Aquitania, nacido en el año 650 en Bélgica. Cuenta la leyenda que un viernes santo, Huberto andaba de cacería con su jauría cuando del interior del bosque apareció un venado al que siguieron los perros. Al poco todo el bosque quedó en silencio. Huberto, extrañado, se internó en el bosque y, en un claro, vio a sus perros sumisos y echados al lado de un ciervo hermoso, en medio de cuyos cuernos brillaba una cruz. Dedicado desde ese momento a promulgar la palabra de Dios y el amor al prójimo, Huberto fue canonizado por el Papa Sergio I un siglo después de su muerte. Los cazadores le ofrecen como ofrenda su primera caza, y su festividad es celebrada el 3 de noviembre.
Entre sus ingredientes, llaman la atención la canela de Sri Lanka, las raíces de jengibre provenientes del sudoeste asiático, las cáscaras de naranjas amargas de Australia o el sándalo rojo del este de la India, productos naturales que transforman a este elixir oscuro en uno de los más complejos del mundo. Su aroma es fuerte, extraño y penetrante. Su sabor también. Digamos que su logo está tan establecido como el de Mercedes Benz, Bayer o Porsche. Otra de las sólidas instituciones alemanas.

Jägermeister fue uno de los grandes patrocinadores de las competencias automovilísticas. También apoya a bandas de rock duro como Metallica a través de su división Jägermusic. La empresa fue fundada por Wilhelm Mast en 1878, primero como una destiladera dedicada al vino y más tarde al vinagre. Fue su hijo Curt quién lanzó esta bebida en 1934 y la introdujo en el mercado al año siguiente. Y quien la prueba, repite. Eso seguro. Prost! (JAE)

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

MUJER, LA TERCERA
PILAR HURTADO
(OCTUBRE) LA MAESTRANZA (Av. Vitacura 5468 / 2 3223 5280): “Partimos con un pulpo a la plancha con chimichurri que estaba a punto y muy rico, y con una de mis amigas probamos las cervezas californianas, muy buena la North Coast Red Seal. De fondo, cada una pidió un sándwich: Tengo tungo es lomo de cerdo con ensaladilla criolla, chips de papas chilotas y mix verde en ciabatta, el que fue devorado por su dueña y le encantó. Otra opción fue la musaka burger, hamburguesa, mermelada de tomate, berenjena asada, mix verde y queso de cabra en pan brioche (los panes, dice la carta, son de la casa), en buen punto de cocción y muy sabrosa. Tentacular es un sándwich de pulpo con chimichurri (como el picoteo), sobre ensalada criolla y chips de camote, entretenido y sabroso. Yo pedí una guagua vegetariana, de berenjena asada, zapallo italiano y mermelada de tomate, con salsa de tres quesos en pan guagua, todo gratinado. Era un tremendo sándwich, de lo menos light, ¡casi un guiso!, y donde encontré un poco confusos los sabores. Todos los emparedados vienen con papas fritas en un baldecito y pequeños potes para las salsas. Los sirven en tablas y planchas de fierro caliente, con papel mantequilla impreso, muy linda la presentación; pero en nuestra mesa, chica para 4 personas, fue difícil acometer la tarea de comer.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(OCTUBRE) TQUILA (Mall Plaza Egaña. Larraín 5862, piso 4. ) “El primer plato: flautas ($4.700). Se trata -en la receta original- de tortillas de maíz rellenas, enrolladas y posteriormente fritas, para que queden muy crujientes. En este caso, primera vez en la vida de este mortal, las tortillas eran de trigo. O sea, mucho menos crocantes. Y si esto era molesto, hubo algo imperdonable: las abundantes hojas de lechuga acompañantes estaban po-dri-das.” “Luego, llegaron unos tacos de pescado realmente decepcionantes ($6.200), con demasiados porotos negros y unos dedos (tamaño meñique) de pescado frito puestos encima de todo. Y, además, fríos. O sea, fritos y fríos. Y cero que ver con la foto de la carta. Y sobre la lechuga acompañante, sin estar incomible, no calificaba para un ranking de frescura.” “En fin. Como habría dicho el profesor Jirafales: Ta ta taaa.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(OCTUBRE) RE (Hotel Plaza El Bosque Nueva Las Condes, Av. Manquehue Norte 656): “Lo primero que nos interesó fue un potaje de cebolla blanca al anís, con gotas de aceite de perejil trufado ($6.000): plato realmente delicado, guarnecido con una donosa quenelle de pollo, muy bien hecha aunque no con la forma tradicional, y coronada con una tajada de salmón” “El solomillo de cerdo (léase "lomo de chancho") llegó asado a la perfección: jugoso, blando (se nota la buena infraestructura en la cocina), rodeado de ollucos, fondos de alcachofas tiernas, habas frescas (no congeladas; éstas son siempre perfectas y del mismo porte), y unos trocitos de cebolla apenas blanqueados, todo unido por una apropiada salsita ($8.800). Los ollucos son tubérculos andinos (ojo: no papas), muy agradables. Excelente plato. Igualmente buena fue la merluza austral, cocida a la perfección y con la piel ricamente crocante, encaramada en unos chapaleles con queso mantecoso ($8.600): interesante idea, perfecta ejecución.” “Muy recomendable.”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(OCTUBRE) LOS INSACIABLES (Andrés de Fuenzalida 40, Providencia / 2 2232 3668): “…su novedad este año está en “la dulce pizza”. En vez de los ingredientes de costumbre sus pizzas de viernes y sábado después de las 5 de la tarde, previa reserva, se vuelven postre. Sobre la clásica masa a la piedra aparecen, en puñados, coloridos confites M&M y generosa porción de nutella. O la hoja de masa se convierte en un  cheescake con  golosa salsa de frambuesa.  O en un  tiramisú, o chocolate con crema de maní, o pie de limón y frutas a destajo. Tentadoras alternativas para que el tiempo de postre sea un cuento de nunca acabar.” “Y para los maratonistas del apetito, la oferta de Pizza  Libre, con 16 alternativas saladas que funciona todos los días con el sistema “all you can eat” (que se traduce como “toda la pizza que quepa en ese barril sin fondo de tu estómago”) por $9.990 para adultos, y $ 6.990, para niñitos suficientemente voraces como para justificar  tal inversión.”

 

 

martes, 6 de octubre de 2015

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVII, 8 al 14 de octubre, 2015
LA NOTA DE LA SEMANA: Más cafeterías y menos farmacias
MIS APUNTES: Le Bistrot
HISTORIA GASTRONÓMICA: La aventura del Waldorf
FOLCLORE POPULAR: El Gloriao: el último adiós
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

LA NOTA DE LA SEMANA


 
MÁS CAFETERÍAS Y MENOS FARMACIAS

A nosotros no nos molestan, pero a los extranjeros sí. ¿Tan enfermos están los chilenos?, se preguntan. Pareciera que sí, ya que no hay esquina que se salve de esta verdadera invasión de farmacias. De todo y para todos. Además, generalmente llenas de un ávido público comprando medicamentos para cualquier mal.
Estamos mal. Enfermos de la cabeza.


Me gusta Buenos Aires y Mendoza ya que allí encontrar una farmacia es más difícil. En vez de ellas hay pequeños cafés y trattorias donde la gente conversa, se entretiene y discute de la vida. Y ellos no se complican. ¿Será la felicidad que transmiten que son más sanos que nosotros? No dudo que la gran mayoría de los chilenos puede pasar una semana sin ir a un café pero sus visitas a las farmacias son estables y periódicas. ¿Qué duele la cabeza?, un fármaco; que para la presión, otro. Incluso para prevenir lo que nunca tendremos. Pecamos de padecer de hipocondría o síndrome de Münchausen, donde nos prefabricamos dolencias para hacernos cientos de exámenes y gastar fortunas en laboratorios y remedios que no nos llevan a ninguna parte.

Si en vez de ocupar parte del sueldo en pildoras lo invirtiéramos en un café, una cerveza, una copa de vino y una buena conversación, seríamos un país más feliz y les aseguro que en esos momentos los dueños de las farmacias deberán buscarse otro giro comercial. La culpa no es de ellos. La demanda los llevó a llenar el país con medicamentos para todos los males, que nosotros mismos nos fabricamos.

MIS APUNTES


 
LE BISTROT
Hace un par de semana hablábamos de la trilogía de restaurantes franceses que cumplen con los requisitos de las tres B (Bueno, Bonito y Barato) que se han instalado en Providencia. El primero en llegar fue el Baco, con una propuesta que provocó envidia por lo exitosa. Luego, y un poco antes del terremoto del 2010, Le Bistrot, otro francés, se instala en el paseo Santa Magdalena casi frente a la entrada posterior del Baco y hace un par de meses, la tríada se completó con la apertura de La Brasserie, del chef francés Franck Dieudoneé.

Había escrito del primero y del último ya que había dejado fuera a Le Bistrot debido a que por tiempo o por los avatares de la vida, nunca almorcé o cené en ese lugar, al que conocía gracias a los innumerables presentaciones de buenos vinos y espumosos que ocupan el lugar gracias a sus características y a la buena gastronomía que siempre acompaña a los buenos vinos. Pero la idea era conocer la propuesta más íntimamente y –ojala- sin que se supiera de mi visita.
No fue fácil ya que el día escogido de la semana pasada el local estaba repleto a la hora de almuerzo. Tanto, que logré conseguir una mini-mesa en un mini-pasillo. La atención fue casi inmediata y sin errores, algo tan común en muchos restaurantes que se apanan fácilmente con treinta clientes. Acá, partiendo por el servicio: correcto e incluso agradable. 

Un bistrot es, como muchos saben, un restaurante sin demasiadas pretensiones como no sean las de encarnar un lugar íntimo, no demasiado grande ni caro, pero con buena o muy buena comida. Acá hay una cocina de donde se expresan los platos de charcutería o quesos, tres o cuatro sopas y preparaciones clásicas, casi siempre guisos, como el coq-au-vin, el boeuf bourguignon (6.100) o el confit de pato (7.200). No falta una quiche, un par de ensaladas y los clásicos postres franceses como las consabidas créme brûlée y tarte tatin. Eso, aparte de que en Francia, particularmente en París, los bistrot pueden ser, usualmente, el comedor del barrio donde se vive.
La explicación de una cocina que ofrece algunos platos mejores que otros, pero que tiene puntos notables, reside en la presencia del joven chef francés Gaetan Eonet, que ejecuta muy bien, precisamente, los platos clásicos de un bistrot. Pocos patés de campagne tan aromáticos, sabrosos y suculentos hemos probado como el plato que iniciamos nuestro almuerzo. Era una pasta de naturaleza tosca, pero sabrosísima y abundante, con buen pan caliente y a un precio de sólo $3.800.

La segunda especialidad, agreste, poco apreciada por chilenos que arriscan la nariz, pero también clásica de restaurantes regionales franceses, fue un fromage de téte, dicho en chilena, queso de cabeza de cerdo en dos trozos generosos, de notable sabor y delicadeza, con abundante salsa ravigote, una finura poco usual que enriqueció tanto el plato como la ensaladilla de hojas verdes de sabor y presentación magistral. El precio, casi ridículo en estos tiempos, fue de $3.700.
El feuilleté d'escargots, un volován relleno de caracoles pudo ser mejor, porque la masa estaba un poco retostada y los caracolitos no todos tiernos, pero nadie discute que es un plato de categoría que, recién horneado, habría sido magistral. Pero maravilloso les quedó el Conejo a la mostaza (7.200) un acierto por donde se le mire.

El resultado es mucho más de dulce que de agraz. Con la señalada imperfección, probablemente propia de una semana agotadora, Le Bistrot es mucho mejor que el 90% de los restaurantes de Chile. Además, una carta de vinos por copa y botellas digna de imitarse, ya que sus precios van acorde a lo económico del lugar.

Le Bistrot: Santa Magdalena 80 - local 7, Providencia / 2 2232 1054.

HISTORIA GASTRONÓMICA


 
LA AVENTURA DEL "WALDORF"
 
EN LA VIEJA CALLE AHUMADA

Nunca hemos hablado de los subterráneos que se encontraban -hasta hace pocos años- en la segunda cuadra de calle Ahumada, cuyo origen se remonta a los tiempos en que aún había tránsito vehicular por la arteria, antes de que la administración del alcalde Mekis la convirtiera en paseo peatonal. Caminando hacia el fondo de las escalas del número 131, se llegaba al espacioso subterráneo del final del pasillo, sede de un mítico local que ofició como bar-restaurante y salón de té durante el día, y como boîte y salón de espectáculos durante las noches: "Establecimientos Waldorf", nombre que dolerá como puñalada en el alma a los románticos y los nostálgicos bohemios del Santiago que se perdió en la línea inexorable del tiempo.

El "Waldorf" fue fundado a mediados del siglo pasado por la sociedad Pubill Hermanos y Cía., conocidos empresarios de origen catalán. Su cuartel era este subterráneo situado en el edificio de oficinas y departamentos del mismo nombre del restaurante, que a lo largo de su historia ha acogido otras famosas casas en su interior, como la Satrería Aedo. Según Oreste Plath, fue en agosto de 1949 que tuvo lugar la presentación pública del "Waldorf", pero tenemos a mano la "Revista de la Asociación de Hoteles, Restaurants y Similares" que comenta con orgullo la inauguración en el mes de febrero de ese mismo año.

Para ingresar al local, se descendía por esas escalas señaladas y donde un cartel celebraba al visitante anunciando: "Restaurant Boite Waldorf". Por entonces, los escalones estaban cuidadosamente alfombrados, con pasamanos de bronce a cada lado. Al interior, su estilo, estética y servicio eran muy norteamericanos, precursor de un carácter modelo que fue considerado todo un progreso para el comercio y el desarrollo de la industria de este tipo de establecimientos, "sin parangón en toda Sud-América", según comentaba el articulista Antonio Garay en el citado reportaje de la revista gremial.

El éxito como restaurante continuado, luncheonette et rotisserie, atraía a unas 250 personas promedio por día regular, mientras que los viernes, sólo durante la hora del aperitivo, tenía con seguridad 200 clientes. Con tales volúmenes de público, el "Waldorf" llegó a ser rápidamente uno de los bares-restaurantes más importantes de todo Santiago, visitado por ilustres personajes y gente del mundo del espectáculo. Sus dueños eran, además, los mismos de los célebres "Establecimientos Oriente", ubicados en Plaza Baquedano.

A diferencia de otros incómodos locales subterráneos de la capital, éste contaba con sistemas especiales de acondicionamiento ambiental y aparatos de purificación de aire. La cocina era eléctrica y con modernos refrigeradores, con equipos especiales para el traslado de los alimentos hasta los garzones. Don Luis Pubill Carnet, director de la firma y gestor de la idea del "Waldorf", había supervisado personalmente la construcción de estas maquinarias y aparatos eléctricos en Estados Unidos, y luego el montaje de ellos en Santiago. Había mucho interés en la buena presentación de los platos y bebidas, concepto que era novedoso en el comercio gastronómico chileno de aquellos años. Fotografías de los mismos platillos se hallaban sobre los mostradores, al estilo de los actuales expendios de comida rápida. Había luces decorando el ambiente, fotografías artísticas enmarcadas (a color) y cristales iluminados. Además, los tableros incluían información nutricional de cada plato solicitado por el cliente.

Plath dice también que en sus salones se filmaron películas de la célebre cantante y actriz nacional Hilda Sour, que había sido protagonista del primer filme chileno sonoro junto a Alejandro Flores: "Norte y Sur", de 1934. Me parece que, en el caso de las escenas rodadas en el "Waldorf", Plath quizás se refiere al musical "Chao Amor", de 1968, pero sí tengo plena seguridad de que aparece varias veces como locación del filme "Uno que ha sido marino" de José Bohr, de 1951, con la propia Hilda Sour cantando en el escenario del local.

Por las tardes y  noches, el ambiente cambiaba a un aire bohemio y artístico por el que pasaron grandes figuras de la música, como Lucho Gatica, Sarita Montiel, Antonio Prieto, Doménico Modugno y Malú Gatica. El piano bar estuvo amenizado por el Hideway del maestro Roberto Inglez (Robert Inglis), esa suerte de pianista de "Casablanca" versión escocesa pero nacional por adopción, que tocaba en la hora de once y al aperitivo. Otras celebradas visitas que pasaron por el "Waldorf" fueron estrellas como Bill Haley, en su tour internacional de 1958, y Paul Anka, quien concluyó en el escenario del local su gira por Chile en octubre de 1960. En otra ocasión, actuó para la boite la prestigiosa orquesta española "La Casino de Sevilla". En este mismo nivel internacional que fue capaz de ofrecer para sus shows, el "Waldorf" prestó escenarios a "The Platters", en 1968. Como se sabe, uno de los cantantes, Andy Moss, quedó fascinado con Chile y decidió venirse a vivir acá unos años después, ya disuelto el quinteto, contrayendo matrimonio con una chilena, pero ella falleció en un accidente. Destruido, enfermo y arruinado, Moss falleció el año 2003 en la miseria y el abandono, en la ciudad de San Antonio.

El "Waldorf" tuvo también muchos clientes igual de ilustres, nacionales y extranjeros. El comentarista deportivo Julio Martínez era uno de sus comensales más fieles; el maestro Valentín Trujillo no sólo iba a menudo, sino que también tocó el piano alguna vez en las orquestas del club. Cuando visitó Chile el afamado trompetista Louis Armstrong, quiso conocer el reputado centro de entretención y comidas; sin embargo, la leyenda dice que no lo dejaron entrar, pues no cumplía con la estricta exigencia de ingreso a esa hora, que era llevar corbata. Otro acontecimiento parecido que es comentado por Oreste Plath, es el que sucediera al abogado, sociólogo y economista Felipe Herrera, cuando le pidieron su cédula de identidad para aceptarle el cheque con el que pretendía pagar la cuenta. Lo curioso es que Herrera era, a la sazón, gerente general del Banco Central de Chile y Presidente fundador del Banco Interamericano de Desarrollo, además de profesor de Derecho y ex Ministro de Hacienda... Su firma aparecía impresa en todos los billetes de circulación en aquellos años.

En 1970, los propietarios del "Waldorf" y del "Establecimientos Oriente" pasaron los locales a manos de una nueva firma que se quedó con ambos restaurantes. Volvió a ser vendido un tiempo más tarde, en medio de un progresivo decaimiento de su popularidad y de afluencia de público... Su brillo comenzaría a apagarse.

Con la caída de los espectáculos nacionales y el advenimiento de la crisis económica de la recesión mundial, más los efectos que la época de "toques de queda" y de restricciones a este tipo de actividades tuvo para el rubro, el "Waldorf" comenzó a precipitarse hacia su ocaso. Tras 35 años de vida, se decidió el cierre del local y las galerías subterráneas fueron vendidas. El domingo 26 de agosto de 1984, en una dolorosa última jornada, los últimos clientes del otrora célebre club y centro gastronómico, eran atendidos antes de proceder a la clausura. Plath dice que sumaban, entre todos, 13 parejas. Al concluir, el público fue despedido, los empleados colgaron sus uniformes y la cortina se bajó diciendo adiós para siempre.

Actualmente, el ex subterráneo de Ahumada 131 ha sido absolutamente transformado por la multitienda "Falabella". Sin embargo, aún se pueden observar las escaleras que conducían al querido "Waldorf" y después a los juegos "Diana". Sus ex dependencias son usadas como recintos administrativos y de atención de clientes de la firma comercial.

El único recuerdo que quedó del "Waldorf" en este concurrido sector de la capital, si es que se le puede llamar así, es un cartel de neón en el segundo piso del edificio y casi justo sobre su ex entrada, que ostenta el mismo nombre lleno de historia y memorias pero ya no para el alguna vez famoso restaurante, sino para una peluquería homónima del lugar. (urbatorium.cl)

FOLCLORE NACIONAL


 
EL GLORIAO
El último adiós

Existen y existieron varios tragos dulces chilenos a base de aguardiente, cuyos nombres derivan del arcaísmo lingüístico que persisten en nuestra forma de hablar el castellano, con la tendencia nacional a comerse la "D" de la última sílaba. Ejemplos de estas denominaciones son el famoso apiao (de apio), el murtao (de murtas o murtillas), el guindao o  enguindao (de guindas) y el avellanao (de avellanas), entre otros. Por lo general, se trata de maceramientos de estas frutas o vegetales por algún tiempo dentro de aguardiente, a la que después se azucara y se agregan otros ingredientes a modo de especias. Han sido especialmente populares en el ambiente de la cultura rural de Chile.

Hay uno de ellos muy apropiado para este próximo 1° de noviembre, sin embargo, tradicional Día de los Muertos heredado de costumbres paganas druídicas (Samhain) y que coincide hoy con el Día de Todos los Santos, pues parece que la Iglesia Católica nos trasladó a regañadientes la fiesta al día 2, eufemísticamente llamada Día de los Difuntos. Y el trago de marras es el gloriao, una curiosa bebida de nuestras antiguas tradiciones campesinas adoptadas por la ciudad y que se asoció al momento más triste de la vida familiar, correspondiente a la despedida de un ser querido... Pura expresión necromante en un vaso.

El nombre del gloriao tiene también una razón profunda: si bien no corresponde a los ingredientes con que se prepara como en otros casos, apela a la Gloria Eterna en que se desea el descanso de cada difundo que provocaba el brindis de adiós con esta bebida de color dorado. El mote parece estar tomado directamente de la oración Gloria Patri, por lo que el gloriao es, entonces, el trago propio de los muertos en la tradición chilena: para ellos, con ellos y por ellos.

Desde los tiempos de la hidromiel nórdica y las primeras cervezas del antiguo Egipto, el vínculo de la entrada al cielo y el consumo de alcohol es parte integral de las tradiciones y creencias funerarias, incluso anteriores al cristianismo. De hecho, el dios Baco o Dionisio, asociado al patronato del vino, es un intermediario de la comunicación entre hombres vivos y hombres muertos, precisamente porque representa ese estado de transición entre los mundos o estados simbolizados en el alcohol, y no necesariamente la ebriedad vulgar, como muchas veces se cree. Plath, por su lado, comenta que "La persona que muere el día 29 de junio se va a la gloria, porque entonces San Pedro está borracho y deja pasar a todo el mundo", ya que ese día es el consagrado a las fiestas del apóstol. Por eso no extraña que en las tradiciones mortuorias chilenas, además del gloriao se bebieran como despedida simbólica otros tragos como ponche, chicha, vino tinto,  chupilca, pihuelo y huachacay, éste último hecho de una versión de baja calidad del aguardiente que parece tener relación con el origen de la expresión guachaca. Hasta la muerte ha sido buena excusa para beber, en otras palabras.

La preparación del gloriao también es en base a aguardiente azucarada, pero en este caso se dejaban reposando canela y clavos de olor. Muchas veces se lo preparaba y guardaba en el campo, esperando la dolorosa ocasión en que sería sacado de la despensa. Cuando faltaba aguardiente en casas muy pobres o mal abastecidas del destilado, los dueños de casa preparaban una versión aún más modesta del gloriao, usando en su lugar vino blanco con torrejas de limón o naranja que mezclaban con la canela, el azúcar y los clavos de olor. En Rancagua y la zona de Colchagua se preparaba, a veces, con el aguardiente mezclada también con leche. Plath habla de otra versión que podría interpretarse como una variedad de ponche. También dice que era llamado el  cordial, nombre que, según sabemos, se daba de preferencia a un brebaje reconfortante que antes se servía a los enfermos. Y aunque en la Zona Central muchos lo tomaban frío, originalmente servían el gloriao caliente en el velorio o el posterior brindis, para lo cual encendían por un instante la taza o vaso inflamando los vapores etílicos del aguardiente, o bien calentaban una cantidad del mismo dentro de una tetera, haciéndola circular entre los asistentes.

Mirando su principal y más popular receta, se hace un tanto parecido a otro trago que fue famoso en el viejo Santiago y Valparaíso: la  canela o encanelao, que curiosamente era famoso en el barrio de los mercados de Mapocho y especialmente en La Chimba donde están los grandes cementerios históricos de la capital, por lo que quizás exista alguna clase de vínculo entre el gloriao y la canela. Más aún, el principal restaurante que por muchos años lo ofrecía a su triste clientela de luto, era el famoso  "Quita Penas" del Cementerio General, razón por la que en sus primeros años bajo la administración del gringo Burroni, el boliche era conocido como "La Gloria", pues el dueño proclamaba urbi et orbi que "aquí se viene a tomar gloriao". Era el mismo nombre que Edwards Bello le coloca en "El Roto" a  un mítico burdel de Estación Central regentado por la tía Emma, en los años veinte, como evocando también a las puertas del cielo (aunque por la vía placer, en este caso).

El trago fue muy popular en los velatorios y sepelios de campo y de barrios pobres, pero especialmente necesario en los llamados  velorios del angelito, correspondientes a los de niños pequeños fallecidos antes de los 7 años, pudiendo ser que su origen se encuentre en estos ritos. Allí simbolizaba el deseo de todos los presentes, de que el alma inocente entrara a la gloria; que el niño estuviera glorioso, tal como hacían lucir su cuerpo decorado con flores, cortinas y coronas mientras era despedido. Por esta razón, los adultos formaban cuartetos de cánticos al angelito mientras otros brindaban por él repitiendo:

"¡Que sea en buena hora! ¡Que sea en buena hora!"

El gloriao fue, como se advierte, parte de la emoción de la despedida, en esas antiguas exequias donde los dolientes danzaban, bailaban  cueca, comían asado en la tarde y caldo de gallina o pava en la medianoche; brindaban y cantaban al son de guitarras intentando demostrar al fallecido un homenaje en su memoria, al tiempo que se fingían alegría por su entrada a la gloria eterna en el caso de los adultos, y su conversión en ángel en el caso de los niños. Y dice Plath que mientras brindan ante el muerto, los concurrentes al velorio exclaman:

 "Mañana será otro día y no sería malo que se muriera un viejo... ¡Pa' tomar otro gloriao!..."

El dogma era, en todos los casos, que el muerto debía ser despedido con un brindis de gloriao casi como una necesidad ceremonial, de modo que era extraño ver este licor en otro contexto que no fuese en la despedida de un difunto o una connotación funeraria.

El gloriao trascendió así a su ambiente rural, llegando a las grandes ciudades y puertos. En el libro "Patrimonio cultural de la Provincia de Iquique", escrito por varios autores bajo dirección de Lautaro Núñez y Cecilia García-Huidobro, se confirma que tuvo presencia también en las tradiciones funerarias de Tarapacá. Allá en el Norte Grande era bebido para las celebraciones de la Fiesta de la Cruz de Mayo, junto a las mistelas, pero conservando también su asociación con lo funerario; en este caso, al propio calvario de Cristo.

El dato anterior nos da una referencia de cuánto se extendió su uso en todo el territorio chileno, hasta Magallanes inclusive, donde el trago se endulzaba con azúcar quemada, según un artículo publicado por el investigador e historiador Mario Isidro Moreno. Sin embargo, Marco Antonio León confirma que esta tradición de hacerlo con azúcar acaramelada a fuego proviene originalmente de Chiloé, cuna y cultivo de muchos otros tragos populares y tradicionales del país, como el licor de oro y la mistela chilota.

Pero el gloriao ha ido extinguiéndose; diríamos que durante la segunda mitad del siglo XX, hasta casi desaparecer en nuestros días. En ciertas zonas rurales y en algunas licorerías artesanales del Valle de Elqui, del Cajón del Maipo y de Chiloé, todavía se fabrican traguitos parecidos a éste, con aguardiente y canela, pero al ser necesario que para poder existir un legítimo gloriao éste debe estar asociado a los ritos funerarios y las viejas tradiciones correspondientes a la muerte, no cabe duda de que su época en el folclore y costumbrismo chileno prácticamente ha concluido. (urbatorium.cl)

BUENOS PALADARES

CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

MUJER, LA TERCERA
PILAR HURTADO
(OCTUBRE) CEBICHAZO (Tobalaba 12175, Peñalolén / 2 2785 1223): “La carta de comidas ofrece más especialidades que solo cebiches, y hay platos con pollo y carne. Como la idea era comer pescado, pedimos un sabroso tiradito de la casa, de pescado y camarones servido con salsa al huacatay y queso fresco, muy equilibrado porque el huacatay es fuerte y a veces difícil de digerir. También pulpo grillado con puré de habas y chimichurri de pimientos asados, decía la carta, pimientos que no venían y puré de habas que estaba mezclado con papa; el pulpo venía servido con toda la base pero pienso que quedaría mejor con los tentáculos separados pues la base es muy gruesa y ancha, y aunque esté bien cocido, esa parte queda dura. El tercer plato fue un cebiche mixto, sin glutamato y muy minimalista, servido con canchita y choclo y un trozo de camote, muy suave, prácticamente sin sal y sin ají, aunque venía una rodaja de rocoto en el plato.” “Así y todo, con demora y algunas cosas que no fueron de mi gusto, este local me parece una buena opción peruana en Peñalolén, con porciones generosas y atención muy amable.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(OCTUBRE) MAMA KUNA (Salvador 3094, Ñuñoa / 2 2986 3058): “De entrada y a primera vista no es una picada peruana” “Aquí se puede comer del recetario tradicional y del internacional, con una gama de sabores e insumos que superan a la media. O sea, hay una diferencia.” “Para empezar, una leche de tigre ($2.800). Señores, no dejen de probar este brebaje alimonado, aunque con un chorrito de leche evaporada, que contiene trocitos de productos del mar, bien aliñadito y que -ojo- igual llena.” “La atención fue muy gentil, aunque algo superada por la cantidad de público. La carta es realmente variada, con excepciones tan gratificantes como un pato con arroz o tamales criollos. Al lado del restaurante hay una panadería peruana, con esos sándwiches que hacen salivar (perdón por la sinceridad). Y, para más señas, es fácil llegar: están en toda la esquina de Salvador con Grecia.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(OCTUBRE) TOROFRUT (Panamericana Norte Km 80, 34-2611798): “Da pena ver cómo desaparecen las glorias pasadas. Y más pena da cuando el deterioro podría evitarse con poquísimo esfuerzo. Es lo que ocurre con Torofrut, restorán de cocina chilena a la orilla del camino al Norte, bajando la cuesta de Las Chilcas. Por años fue galardonado repositorio de estupendas tradiciones culinarias campesinas, con servicio atento y precios moderados.” “De varias entradas que se ofrece, no había más que una, de arrollado con papas con mayonesa, que pedimos de inmediato, sólo para oír, dos minutos después, "que no había arrollado". Tampoco había palta reina, lo que es como mucho, porque vimos palta servida en otras mesas de diversas formas. Pedimos, entonces, algo que no es ahí, oficialmente, entrada, pero que funge de tal: lengua fría con las dichas papas mayo. Excepcional la lengua, como siempre. Blanda, en tajadas de buen grosor ($7.100). Pero las papas con mayonesa, para llorar a gritos: unas cuantas papas, bien cocidas, con unos chorreamientos de abominable mayonesa industrial encima (ni siquiera mezclada con las papas). “Ojalá repunte este lugar, que tuvo una gloriosa historia...”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(OCTUBRE) LA FATTORIA (Hotel Regal Pacific, Apoquindo 5680 / 2 2377 6000): “Entre las novedades que ofrece están sus pizzas a la chilena, con ingredientes de sabor local y masa a la piedra, y unos crujientes panini con bien elegidas berenjenas. Entre sus entradas destaca un ceviche limeño,  con corvina y langostino, camote, choclo peruano y cebolla morada como ingredientes ($8.700). Su carpaccio mediterráneo ($6.700) lleva salmón, alcaparras, cebolla con mezcla de oliva y limón fresco. También ofrece un cóctel de centolla y camarón en salsa mexicana ($11.600).” “Entre los fondos propone una merluza austral sellada, con crema de ajos, puré de aceitunas y pimientos. Llama la atención un tentador cordero patagónico con humitas gratinadas con romero al merlot. O tal vez, un risotto de frutos de mar y parmesano ($8.600).” “La Fattoria funciona como cafetería, con entrada directa de la calle, desde 7:30 AM hasta las 8 PM. Ofrece variedad de café, dulces, jugos de frutas y sandwichs, que se complementan con ensaladas, panini y pizzas al mediodía, wifi incluido.

 

martes, 29 de septiembre de 2015

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY
Año XXVII, 1 al 7 de octubre, 2015
LA NOTA DE LA SEMANA: La lista Pellegrino
MIS APUNTES: La Bodeguilla
FOLCLORE GASTRONÓMICO: El Quitapenas
BEBISTRAJOS: Vino con leche condensada
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

LA NOTA DE LA SEMANA


LA LISTA PELLEGRINO

En los últimos años, la cocina de autor se ha convertido en uno de los grandes temas dentro y fuera de los medios impresos y digitales gracias a que, hoy en día, ir a cenar a un restaurante va más allá del acto de satisfacer, en compañía o en soledad, una necesidad fisiológica: es una experiencia sofisticada –no con tanta elegancia, sino en la atención al detalle de principio a fin. Los chefs cosechan sus propios productos, hacen arte y arquitectura con sus ideas y muestran su amor a la cocina a través de la manera en que diseñan viajes sensoriales para el comensal que los visita.
La mayoría de los amantes de la comida ubicamos perfectamente a los hermanos Roca, hablamos –en su momento– hasta por los codos de Ferrán Adrià y, más recientemente, de personajes entrañables de la cocina mundial que han subido como la espuma, tales como Acurio y Massimo Bottura.

Los amantes de la comida sabemos, también, que apenas hace una semana se llevó a cabo la ceremonia de premiación de los 50 mejores restaurantes de Latinoamérica, patrocinada por San Pellegrino. Dicha ceremonia albergó en México a los galardonados, quienes expresaron su júbilo a través de sus redes sociales.

Central, en Lima, de Virgilio Martínez, mantuvo la posición número uno. El segundo lugar fue para el Boragó en Chile, de Rodolfo Guzmán (quien también recibió el premio al mejor chef), el tercero para el viejo conocido Astrid y Gastón, el cuarto para D.O.M de Alex Atala y el quinto para el restaurante de Mitsuharu Maido.
En la lista también figuran otros representantes nacionales como el restaurante Osaka –del hotel W-donde es chef Ciro Watanabe, en el puesto 25. Además en la posición 32 se ubicó el restaurante Ambrosía de la chef Carolina Bazán, y en el lugar 46 se instaló, por primera vez, el restaurante 99 del cocinero Kurt Schmidt.

La lista ha ganado prestigio y es cada vez mayor el número de personas que la esperan año tras año pero, ¿es justa? ¿Qué pasa con aquellos que se quedaron en el lugar 51?, ¿con aquellos que ni siquiera fueron considerados? Bien, pues debemos partir de que la famosa lista no es el único referente de la buena cocina. Que un establecimiento esté fuera de ella no quiere decir que haya sido rechazado, sino que quizás aún no se tenga conocimiento de su existencia o que no persiga figurar de esa manera. Recordemos que la lista se construye de una forma muy básica y, por lo mismo, algo subjetiva, ya que no tiene manera de abarcar forzosamente el universo gastronómico latinoamericano. La cosa funciona así: doscientos cincuenta y dos expertos deben votar, cada uno, por los siete restaurantes que más los hayan satisfecho en un periodo de dieciocho meses antes de la votación. Cada quién va, prueba y decide, y la sumatoria de todos los votos arroja el resultado final. Así de simple y con un importante detalle: se vota por el restaurante, no por el chef.
O sea que como comensales la tenemos muy fácil: tendremos de visitar a los protegidos de San Pellegrino para probar los platos de los chefs más reconocidos, pero también tendremos que seguir explorando otros rincones de nuestro continente –desde simples restaurantes de pueblo hasta hoteles de grandes cadenas– en donde los sabores también cuentan historias alucinantes.