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Fachada exterior

miércoles, 7 de diciembre de 2011

LOS CONDUMIOS DE DON EXE



ABELARDO, EL PADRASTRO
Cuando las cosas se ponen peludas

- Aló. ¿Exequiel Quintanilla?
- Con él. ¿Con quién hablo?
- Soy Abelardo Rosas-Jaña
- Perdona, pero no te ubico.
- Soy el padrastro de Sofía, la oficial de carabineros. Ella no para de hablar de ti y me gustaría juntarme contigo.
- ¿Para qué?, (dije medio asustado).
- Para conocernos, respondió. Ella me contó que eras mayor y que algo le provocabas.
- Es probable que compasión. (Yo sabía a lo que iba este Abelardo con apellido compuesto.)
- Más vale Exequiel que sea por las buenas…
- Dime Exe y yo te digo Abe. ¿Te parece?
- Esta bien Exe. ¿Mañana a las 12.30 en el Don Peyo de Lo Encalada?

Una de las buenas técnicas de negociación es cagarse al enemigo de partida, así que le cambié la hora.

- Deberá ser a las 13.30. Antes estaré muy ocupado.
- Esta bien Exe. Pregunta por mí en la entrada. Me conocen ya que tengo el honor de tener una mesa siempre dispuesta.

Lo que no sabía el condenado es que yo era conocido del dueño del lugar. Nos teníamos buena y más de una vez habíamos terminado una farra bebiendo ron con jugo de huesillos. Un día me dio su número de celular y esta era la ocasión para importunarlo.

-¡Exe! Como va tu pobre vida
- Acá, amigo. Bien, pero preocupado.

Le conté la historia lo más rápido que pude. – No te preocupes Exe. Pondré a tu lado a dos mozos para que te cuiden. Y si él llega antes, le mandaré tres roncillos para que se ponga a tono. Si le da por pelear, llamamos a los pacos, pero creo que no, ya que es un cliente frecuente, bonachón y muy buena tela.

Cuando llamé a Sofía para contarle lo de su padrastro, me dejó con los pelos de punta. - Lo siento mi Exe querido, pero parece que metí las patas, comentó. Mejor voy a tu departamento y hablamos del tema.

“Lo busca la policía”, me dice el conserje por el citófono. – Déjela entrar, fue mi respuesta. Llego más linda que nunca pero algo alterada. –“No sé como vas a manejar esto Exe, pero mi padrastro pese a su aspecto simpático es mal genio también. Y no quiero que te pase nada.

No quiso tomarse una cerveza ya que andaba de servicio pero eso no fue obstáculo para retozar un par de minutos. ¿Te gustan los veteranos?, le pregunté entremedio de la fogosidad y ella respondió que yo era su debilidad.

¡Qué dilema!

…..

Hice hora para llegar atrasado. Eso molesta pero es un indicio de autoridad. No me extrañó ver una patrulla de carabineros en las puertas del restaurante. Tampoco cuando me recibe el maître y me lleva a la mesa de Abelardo. – Está con dos piscolas en el cuerpo, me cuenta uno de los mozos.

- ¿Abe?
- ¿Exe?

Nos saludamos como dos caballeros. Le di excusas por mi atraso echándole la culpa a los tacos de Irarrázabal. Él untó una sopaipilla en una salsa de ajo y fue directo al grano:

- Exe. Mi hija, si bien no es propia pero la considero como tal, tiene 29 años y tú ya estás a punto para entrar en un hogar de ancianos. ¿Qué pretendes con ella?
- Abe. Estás equivocado o recibiste mal la información. Sofía es sólo una buena amiga.
- ¡Eso no es lo que contó ella!

Primer round casi a salvo. Ahí aparece uno de los mozos a ofrecernos comida. Machas a la parmesana y ajíes rellenos para comenzar. Pernil y plateada de fondo, con puré picante y ensalada chilena. Una de blanco y otra de tinto para compartir. Y más sopaipillas para que Abelardo se atragante con el ajo.

- Tu hija es un encanto, le comenté. Pero es como una sobrina para mí.
- ¿Sobrina? Sinceramente creo que eres un viejo lacho.
- No me conoces Abe. A propósito, ¿cómo andamos por casa?
-¿Por qué dices eso?
- Que yo sepa, te ven en este restaurante tres veces a la semana con minitas de esas que se pasean con medias caladas y carteritas chicas.
- ¿Quién te lo contó?
- ¿Tú no sabes que por diez lucas un mozo puede conseguirme hasta tu ADN?
- ¿No se lo contarás a Sofía?
- De ninguna manera. Esa es información confidencial.
- Gracias Exe. Eres un gran hombre.

Round final: fue por lana y salió trasquilado. Llegó aguerrido y partió como una oveja. Estoy seguro que no traerá a sus minitas nunca más a este restaurante y buscará otra opción. Pedí la cuenta y el mozo me dice que todo estaba cancelado. -“¡Incluso dejó diez lucas de propina!, comentó el mozo. ¿Qué le habrá pasado?”.

Cuando le conté a Sofía mi experiencia con su padrastro, no paraba de reír. A decir verdad, dice, Abelardo acompaña a mi mamá. Ella y yo sabemos de sus salidas pero no hace daño. ¡Te apuesto tres a uno que en una semana más estarás cenando en mi casa!, comenta.

Lo siento mucho Sofía, respondí. Ese día estaré de guardia.

Pobre Abelardo. Eso le pasa por puto. Yo soy de otra estirpe… y que lo digan mis chicas.

Exequiel Quintanilla

Don Peyo: Lo Encalada 465, Ñuñoa, fono 274 0764