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Fachada exterior

martes, 5 de noviembre de 2013


ST. LAWRENCE: EL MERCADO DE TORONTO

Es absolutamente cierto que los mercados capitalinos son elogiados por los miles de visitantes y turistas que reciben, además de ser galardonados por varias revistas extranjeras. Sin embargo conocer y embriagarse con la variedad de productos que tienen a la venta en el Saint Lawrence, el mercado de Toronto, es toda una experiencia para los sentidos y el paladar, lugar que visité tras conocer las instalaciones de los próximos Juegos Panamericanos, que se realizarán en esa ciudad el 2015.

Diez horas de viaje, en un vuelo nocturno de Air Canadá para encontrar en pleno centro de Toronto, una antigua construcción con más de dos siglos de vida, que fue restaurada para ubicar lo mejor de la producción agrícola y animal de Canadá, además de cientos de productos importados y vinos de Ontario, lo que otorga a este lugar una opción fundamental para el abastecimiento de los miles de restaurantes de la ciudad, además de su propia población.

¿Qué lo hace tan atractivo? De partida, lo limpio y ordenado del lugar. Nada altera ni existen olores desagradables en su entorno. Amplios e iluminados pasillos para ver y admirar verduras y frutas frescas y de exóticos colores, como coliflores amarillas y azules; tomates que saben a tomate y así sucesivamente. En carnes, de todo y porcionado: desde costillas de cordero limpias, para llegar y cocinar; o carne de camello, cocodrilo y otras especies, que consumen las más de 100 etnias que llegaron de todo el globo a vivir a esta ciudad.

Tres pisos para una colorida propuesta. Incluso una cocina profesional de la multinacional Miele, con chef y todo, para preparar platos con productos comprados en el mercado. Abajo, en su subterráneo, las especias de todo el mundo y granos de todos los tamaños. Desde lentejas enanas (que les llaman Beluga por su parecido al caviar), hasta porotos y arroces de todos los colores y estilos. También quínoa, que la están descubriendo y alabando en Norteamérica. Desgraciadamente todo se traduce en mirar con ganas de comprar, ya que las estrictas normas chilenas no permiten el ingreso de la gran mayoría de productos que ofrece este mercado. Mirar y admirar solamente, pero eso basta para quedar alucinado con un mercado que a simple vista parece muy caro, sin embargo es absolutamente asequible para cualquier habitante de Toronto.

Acá también se puede comer el "sánguche" más famoso de Toronto: el “Peameal bacon on a bun”: de cerdo, envuelto en una crujiente mezcla de harina de maíz y especias. De pie o sentados, cientos de visitantes van por este icono de la ciudad, a un valor de siete dólares.

Si su plan es tomarse unos días en una de las ciudades más tranquilas y menos peligrosas del mundo, váyase a Toronto y recorra sus barrios. Una ciudad con múltiples atractivos y cien por ciento segura. (JAE)