martes, 18 de agosto de 2015

LOS CONDUMIOS DE DON EXE


LAS LIGAS DE LA NOVIA

Odio los matrimonios. Perdón, odio que me conviden a las bodas. Cuando era joven fui a muchos eventos de esta naturaleza y no sé si fue por yeta, pero todas las bodas que asistí terminaron en rotundos fracasos. Ya decano en esto de la vida y liberal en esto de los amores eternos, prefiero que los guachos se vayan a vivir por un largo tiempo solos para ver si se aguantan. Pero como nadie me da esférica y mis ideas se las ponen por cierta parte, igual me llegó el otro día un convite.

Se casaba la hermana chica de mi nuera. Mi hijo, Joaquín, me advirtió: Papá ¡tienes que ir si o si!

-        ¿Y si me enfermo?
-        No te creerán y yo quedaré mal.
-        Pero me empelotan los matrimonios
-        Acuérdate viejo que yo trabajo con mi suegro. Y él te puso en la lista.
-        ¿Y puedo ir acompañado?
-        Anda con quien quieras… pero te quiero ver en el matrimonio.

Ene, tene, tú, cape, nane, nu: llamé a la paquita y me dijo que ese día estaba con un turno imposible de sacárselo de encima; Mathy en Iquique y parece que con pocas ganas de verme; la peruanita en sus tierras y la peluquera era muy extravagante ya que le dio por ponerse piercings en las cejas, nariz y labios. ¿Pasará algo si no me acompaña nadie?

Le hice el quite a la misa ya que era “de precepto” y llegué justito cuando el cura daba la bendición final. Me instalé a un costado de la iglesia en un ángulo perfecto para que el suegro, cuando pasara del brazo de su consuegra, me viera. Le hice una pequeña reverencia y partí raudo a tomar un taxi para ir a la fiesta. Como estaba lloviendo nos disputamos un auto con una gorda vestida con un traje de lamé color morado. Parecía obispo la veterana. -¿Lo compartimos, pregunté?

Ella sudaba maquillaje con la lluvia y acepta mi propuesta. -¿Vas a la fiesta?

-        Obvio
-        ¡Yo también! Mi nombre es Esperanza.
-        Yo soy Exe
-        Soy tía del novio. ¿Y tú?

Para no extenderme le dije que era amigo del papá de la novia. Como su vestido de lamé era puro poliester, se le subía y ella trataba de bajarlo pensando que yo le miraría las piernas y los churrines.

-        ¿Vas sólo al matrimonio?
-        Si, le respondí. Soy viudo.
-        ¡Pobrecito Yo vengo sola porque al estúpido de mi marido se le ocurrió enfermarse justo hoy.
-        Qué idea más buena… murmuré
-        ¿Te gusta bailar, Exe?

Si ella hubiese sabido que hace una semana yo estaba bailando con la secretaria del alcalde de Pica, no habría hecho la pregunta.

 -   No mucho Esperanza. ¡Ya no estoy para chiquilladas!
 -   ¡A mí me encanta!

Por fin llegamos a la recepción. Pagué el taxi y no dejé que ella me diera su parte. Esperanza me paga con un beso lleno de pachulí que me dejó la nariz inflamada y aun siento el maldito aroma. Me recibieron en la puerta con un frío espumoso argentino. ¡El viejo se las mandó!, pensé. Esperanza no se movía de mi lado, así que le dije en un momento, perdóname pero tengo que ir al baño, hace media hora que no voy.

-        ¿También tienes la próstata mala?
-        ¡Mejor pregúntame lo bueno que tengo!

Rió maliciosamente y me fui por unos pasillos buscando el baño. A decir verdad no lo necesitaba pero fue lo único que se me ocurrió para deshacerme de la veterana. Las amigas de la novia estaban para recrear la vista y no pensaba malgastar mi tiempo viéndola vestida en su traje apretado de lamé.

Bebí otra copa mientras miraba el espectáculo ya que ir a un matrimonio es para empaparse de realidades. Buffet frío y caliente para la ocasión. Doce veteranas por lado, flanqueadas por sus flacos maridos prácticamente se tomaron los mesones del buffet. Y no dejaban pasar a nadie. Ellas comían pavo frío, ensaladas, huevos y lo que pillaran a mano pensando quizá amortizar el regalo. A una la vi salir del montón con un pedazo de carne en el plato, otro en la boca y en el mismo plato una porción de torta y ensalada de papas mayo. ¿Dónde habrán estudiado estas viejas? Mientras los carcamales comían, la juventud bailaba. A lo lejos diviso a Esperanza que habla animadamente con una amiga. Al fin encontró a alguien que la entretenga.

Mientas los mozos y cocineros cambiaban a cada momento el buffet, yo, sentado en una poltrona saqué diez arrugadas lucas de mi pantalón y se las ofrecí a un mozo. -¿Me atiendes mijo?

Fueron las diez mejores lucas invertidas en mi vida. Agarré desde centolla a Blue Label.

La hora de la verdad se acercaba. La novia, coqueta ella, decidió que esta vez ella le tiraría el ramo a los solteros que estaban en la fiesta, y quien lo agarrara, debía sacarle las ligas que llevaba en sus piernitas. Todos reían y lo estaban pasando bien. Yo, sentado en mi poltrona, quede mirando la situación mientras Omar, mi mozo particular, otra vez me traía un etiqueta azul. Claudia (así se llamaba la novia), tira el ramo y cae perfectamente en mi regazo.

¡Exe!, ¡Exe!, ¡Exe!, ¡Exe!… comenzaron a corear primero mis hijos y luego todos los asistentes. Claudita se acerca a mi lado y pregunta -¿Te atreves tío Exe?

No sin dificultad me paré de la poltrona y le pregunto en qué lado tiene su liga. -¿No prefieres buscarla?, me pregunta inquisitivamente. Respondí negativamente. –Prefiero que me digas, ya que últimamente la Unidad Coronaria Móvil se está demorando mucho en llegar.

Me ofrece su pierna derecha y comienzo a subir el vestido de novia con mi boca. Voy cerca de su rodilla cuando todo se hace noche: se había cortado la luz con el temporal. Escuche un uuuuuuuuuuhh justo cuando encuentro la liga y la saco con mi boca. Con ella aun allí, las luces de emergencia volvieron todo a la normalidad. Claudita, la novia, colorada más que el vestido burdeos de la veterana Esperanza que a esas alturas ya había sacado de su cartera un abanico para solucionar el bochorno de la situación. Yo, beso una mejilla de la novia y le regreso su liga. Ella me agradece y mientras responde el beso me dice: - “pronto nos veremos, tío”

Omar, mi barman personal, me da dos golpecitos en la espalda: - ¡Se pasó jefe!, comentó mientras ponía otro vaso con etiqueta azul. Lo bebí y mire alrededor. Todo era jolgorio. La música sonaba fuerte cuando decidí regresar a casa. La única que se percató de mi retirada fue Claudita, la novia, la que me cierra un ojo y pone la boca como dando un beso. Digna ella y digno yo.

Aun llueve fuerte cuando salgo al exterior. Veo un taxi y lo llamo. En la esquina, carabineros haciendo control de tolerancia cero. Llamé por celular a mi hijo que aún estaba en la fiesta y le digo: ¡O se quedan hasta mañana, o se van en taxi y dejan los autos botados… o pasan la noche en la comisaría!

Como en las fiestas modernas, al retirarme me regalaron una bolsa de papel kraft con algo adentro. Pensé que podría ser un pedazo de esas malditas tortas de matrimonio que son más secas que peo de camello, pero al abrirla me encontré que a mi bolsa habían metido una botella apenas abierta de Blue Label. 

No crean que la guarde. Bebí de ella un trago por la novia y sus suaves piernas juveniles. No quiero pensar que ella tiró el ramo para que lo agarrara yo. No quiero pensar que Omar cortó la electricidad justo cuando yo rozaba con mis labios la rodilla de Claudita. Prefiero pensar que todo fue cosa del destino.

¡Qué matrimonio!

Exequiel Quintanilla

CLÁSICOS DE LOBBY


LA COCINA EN SANTIAGO
En plena dictadura

La noche del 14 de junio de 1982, el ex ministro de Economía del Régimen Militar, brigadier general Luis Danús, a través de cadena nacional, anunció que el país abandonaba la política de tipo de cambio ($ 39 por dólar). Sergio de la Cuadra fue el ministro de Hacienda encargado de llevar adelante la devaluación del peso que significó que el país viviera uno de los momentos más difíciles de su historia económica.

Las empresas mantenían un alto endeudamiento en dólares y eso significaría la quiebra del sistema financiero, lo que después derivó en la intervención de la banca, medida que se cumplió con rapidez, precisión y secreto militar.

El sector más afectado con la crisis indudablemente fue el financiero. Tanto así que el instituto emisor debió intervenir los bancos, alejando a sus propietarios para evitar el colapso de la economía nacional. Esta crisis desencadenó la desaparición de varios grupos económicos. La actividad económica llegó a caer 13% en 1983 con un desempleo que superó el 30% y las empresas que quebraron fueron más de 850.

¿Qué hacer ante la crisis? Muchos pensaron y lo hicieron. Abrieron restaurantes. Decenas de ellos en la capital. Muchos ya no existen. Algunos, permanecen. Sin embargo, la monotonía gastronómica que se notaba en esos años varió sustancialmente con la aparición de dos genios (en esos entonces) que revolucionaron las mesas de la capital. Carlos Monge y Martín Carrera. Carlos, cocinero de espíritu y viajero incansable, importó las especias y sabores de la comida asiática. Soledad Martínez, crítica de Wikén hacía la observación. “Una comida así puede ser el Paraíso de una nueva generación de Pantagrueles refinados”. Las mesas del Baltazar, ubicado en el incipiente barrio El Bosque, se llenaban de cojinova cruda con salsa de soya; ensaladas de chagual con perejil, cochayuyo con tomate y cebollín y queso fresco con albahaca; crema de espinacas con puerros, mantequilla y jamón; trucha rellena y conejo a la mostaza. Una delicia para aquellos tiempos.

El argentino Martín Carrera hacía de las suyas en Borsalino de calle Nueva York, en pleno centro de Santiago. Su plato con locos había ganado medalla en el Concurso de Achiga de ese año. “Llegué para quedarme en Chile”, comentó. Transmitió muchos conocimientos, abrió su propio local y luego se mandó a cambiar.

Los hoteleros de esos años estaban preocupados. El alza del dólar los había pillado con una deuda de 4 millones de U.F. y en dólares. Los números no cuadraban. Con una ocupación promedio anual del 23%, necesitaban el apoyo del Gobierno. Sin embargo, Sernatur anunciaba que ese año llegarían al país 340 mil turistas que dejarían 100 millones de dólares en las arcas de la nación. A pesar de la crisis, la Hotelera Panamericana, ligada a la familia Meiss, compraba ese año a Corfo las instalaciones de la hostería Arica en 32 mil UF.

También lo pasó mal la viña Concha y Toro. Perdieron por la crisis 62 millones de acciones que tenían en el Banco de Chile y solo pudieron recuperar el 10% de su inversión. En platas de la época, se tuvieron que olvidar de 473 millones de pesos. Viña Tarapacá, en su intento de recibir efectivo que posiblemente necesitaban, instaló una “venta de bodega” como le llaman actualmente, con una oferta insólita: venta por docenas de su cosecha 1962 (¿habría alguna botella buena?), en una gran variedad de etiquetas.

Los pocos ingenieros agrónomos enólogos que existían ese año están pedían al Gobierno formar un Instituto de la Vid y el Vino, ya que “si en Chile hay malos vinos, es porque somos malos bebedores”. La crisis vitivinícola era fuerte entonces. Entre los años 83 y el 84, y ante el bajo precio de la uva, los productores arrancaron cuarenta mil hectáreas de viñedos. Solo los grandes sobrevivieron al desastre.

Nunca se supo si el negocio que anunció Pisco Control ese año fue realidad o fracasó. Llegaron un acuerdo con la firma inglesa Grey Leyland Co. para enviarles 270 containers con 297 mil cajas (3 millones y medio de botellas de pisco) y obtendrían un retorno de cinco millones de dólares.

22 años cumpliría ese año La Cascade, propiedad de la médico pediatra Ivette Raillard. En las fotos de la época, estupenda a sus 63 años, contaba que la cultura gastronómica de los chilenos era “espantosa” y que había instalado el restaurante ya que ley no le permitió ejercer la medicina en Chile.

En el año de los Juegos Olímpicos en Los Ángeles, en Santiago se inauguraban con bombos y platillos varios establecimientos que la memoria ya los tiene en el olvido. Ebony, en Agustinas; De Belloni, en Isidora Goyenechea; Valentino, en San Pascual y Reino Vegetal, en el centro de Santiago. Sin embargo, el restaurante de moda –no confunda el lector moda con calidad- era el Doña Flor, uno de los primeros proyectos en el barrio El Bosque.

Algunos cantantes aun llenaban restaurantes: Paloma San Basilio destacaba en el Casino de Viña del Mar; en L’Etoile del Sheraton cantaban José Alfredo Fuentes y Antonio Prieto y en el Bali Hai hacía de las suyas la morena voz de Julio Bernardo Euson.

1984 fue al año de la desaparecida Blanca Casali. Brillante por decir lo menos, imaginaba restaurantes y los hacía realidad. Nadie puede olvidar sus famosos Old Yellow Book, la Pensión no me Olvides, El Almacén del Abuelo, La Gata Hidráulica, el Peje-Rey, El Toro Simbólico, El Gato Viudo y El Chory Flay, entre otros. Toda una revolución de diseño y concepto gastronómico de la mano de un tremendo éxito comercial.

Pocos se deben acordar, pero en el mismo año que la Coca Cola lanzaba en Chile la Coca Light, el aeropuerto Arturo Merino Benítez era de una paz soñada: recibía 9 vuelos internacionales y despachaba 8 diariamente, a la vez que llegaban 9 vuelos locales y salían 8. ¡Y ya proyectaban una segunda pista!

Locos 84. Bombazos iban y venían. Los cortes de luz eran habituales y normales y los toques de queda también. Productores lecheros ponían el grito en el cielo ya que las disposiciones legales los dejarían sin poder elaborar el famoso “queso chanco” ya que éste lo elaboraban con leche sin pausterizar. Un verdadero “terremoto lechero” para los empresarios pecuarios.

“La economía está en una situación difícil, pero manejable” comentaba el ministro de Hacienda, Luis Escobar, a mediados del 84. Mientras, en el hotel Crowne Plaza – ex Cordillera-, inauguraba su restaurante “Le Chandelier” que recibía a sus comensales con un candelabro de 18 brazos. Por $ 1.490, los clientes dispondrían de una entrada de jamón, un sorbete de champagne, civet de liebre, cerezas jubilosas y media botella de vino. “Diner aux Chandel” se llamaba: cena a la luz de las candelas.

¿Tiempos lejanos para los olvidadizos? Quizá. Incluso el Parque Arauco había recibido 12 millones de visitas en sus dos años de operaciones. Aunque sí se torna lejana la idea de Sernatur de abrir el turismo antártico a la ciudadanía. Incluso un viaje se realizó. Con un costo de US$ 275 el vuelo ida y regreso desde Punta Arenas y 35 dólares diarios la estadía en el hotel de la Fuerza Aérea en Villa Las Estrellas, 120 felices chilenos lograron hacer este primer y único viaje.

Épocas difíciles: Caledonia, Las Brujas y Eve para bailar; Bowling para el deporte de moda; Giratorio y el primer restaurante de este tipo en el país; Rodizio y sus carnes a la espada; las fondues del Piso Cero de Juan Isarn; los lujos del mar del Canto del Agua de Magaly Toro; la gran oferta de El Caserío; las novedades del Ferrigó; el exótico Butan Tan del Parque Arauco; el gigante Danubio Azul de Reyes Lavalle; los frescos mariscos de La Tasca de Altamar; la reapertura del Carrousel; los flambeados de Charles Flambeau en La Enoteca; el jabalí, las langostas y el ciervo del Chez Louis; la apertura nocturna del Pinpilinpausha; las carnes del Angus… todos ellos y muchísimos más eran los encargados de entregarnos la gastronomía de esa época. Año en que había 16 cajeros automáticos en todo el país y se esperaba llegar a los veinte al comenzar 1985.

¿Qué tiempos, no? (Juantonio Eymin)

BUENOS PALADARES


CRONICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(AGOSTO) MAJESTIC (Mirador del Alto Las Condes, Av. Kennedy 9001, local 3236/ 2 2213 1422): “A modo de entradas o picoteos, pedimos un mix veg snacks (según el uso de los restoranes indios de poner los nombres en inglés; $8.900), que incluía buenas samosas de verduras (con comino), pakora paneer, un queso secón apanado y frito, sin gracia, y unas sabrosas tikki, especie de croquetas fritas de papa, algo aceitosas. Y no queriendo correr el riesgo de pechugas de pollo resecas, por mucha salsa que las acompañen, ni pescados, que desaparecen en esas salsas poderosas, nos cargamos al cordero. Un muy delicado lamb suhneri ($9.800), con una deliciosa salsa de almendras, acompañado de buen arroz peas pulaw ($5.500; pilaf con arvejitas), que combinó muy bien con la salsa -según gusto chileno-. El otro cordero rogan rosh ($9.800), con roja salsa picante, pedido de picor medio (de 1 a 4, 2), resultó muy agradable: el picante no nos irritó las mucosas de los morros ni nada por el estilo, por lo que disfrutamos del plato. En ambos casos, cordero tierno.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(AGOSTO) CHINA VILLAGE – PEÑALOLEN (Consistorial 5370): “…puro sabor con un plato más popular como el mapo tofu ($5.700), que combina carne molida con cubitos de este desabrido queso de soya, pero que gracias a una salsa picante transforma a esta mezcla en un vicio. Otro must son unas berenjenas flambeadas con pollo ($6.200), que además le ponen algo de show al almuerzo, mientras las agridulces y anisadas costillas de cerdo del pouchay ($7.200) se las ama -como debiera ser- o se las considera como con olor a postre (oh, supina ignorancia). También hay variados platos vegetarianos, como un clásico chapsui vegetariano con almendras tostadas ($5.200) o ¡lechugas salteadas con ajo! ($4.000) que no privan de pololeos posteriores, créalo.”

 

 

martes, 11 de agosto de 2015

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY Año XXVII
 13 al 18 de agosto, 2015
LA NOTA DE LA SEMANA: Secretos pascuenses
MIS APUNTES: La Brasserie
NOVEDADES: Los diez lugares más compartidos en Instagram
CLÁSICOS DE LOBBY: La gastronomía en los ochenta
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

LA NOTA DE LA SEMANA


SECRETOS PASCUENSES
La música de Margot Loyola

Hace unos años, y bebiendo unos aperitivos en el hotel Hanga Roa de Isla de Pascua, Eric Campaña (Q.E.P.D), ex presidente ejecutivo del aquel entonces Lan Chile me contaba las peripecias que tuvieron que pasar para abrir la ruta Santiago – Pascua, allá en el año 1967.

- “No había nada de nada, recuerda. Queríamos que la isla se convirtiera en un enclave polinesio en medio del Pacífico pero nos encontramos con una civilización atrasada. Prácticamente un indigenismo en el más puro sentido de la palabra y con el perdón de los isleños. Era tan grande la necesidad de la empresa para convertirla en un enclave turístico que viajé a Miami a comprar una serie de artilugios que usaban los polinesios en Tahiti. Así, collares de conchitas (no existen conchitas en la isla) y de flores, faldas de fibra vegetal, sostenes de coco y otros implementos ayudaron para vestir a los primeros niños que recibirían a los turistas. Las acomodaciones (como las de la foto) también eran paupérrimas. Llevamos carpas para los primeros viajeros…”

- “Pero faltaba algo importante. El folclore musical. Pascua no contaba con una identidad propia –cuentan que en año 40 llegó recién el Sau Sau desde las islas de Samoa-, así que contratamos a Margot Loyola para que nos creara música pascuense. Fue un secreto muy bien guardado ya que pocos lo saben. Incluso, tuvimos que llevar instrumentos y enseñarles a tocar guitarra para musicalizar la idílica escenografía que necesitábamos…”

- “Lo logramos, finalizó Campaña. Convertimos Isla de Pascua en un destino exótico y único. Pocos lugares en la tierra tienen secretos escondidos y serán miles los que vengan a visitarla en el futuro. El problema es que la Isla no es sustentable por sí misma y de la misma forma que la visitamos, la vamos destruyendo. Ojalá nunca pase, pero vamos para allá.”

Han pasado diecisiete años de esta última conversación con Eric. Sus vaticinios se están cumpliendo. La idílica Pascua ya no es la de antes y si no le ponemos un párele a la situación quizá en un tiempo más el problema sea insostenible. La isla es tan pequeña y los recursos son tan escasos que si pronto no se logra una nueva política de ESTADO (con mayúsculas ya que la idea es que no sea política del gobierno de turno) o un nuevo marco de regulaciones, nos veremos en una encrucijada tremenda ya que perderíamos uno de los enclaves turísticos más interesantes del mundo. Es cierto que Pascua es de todos los chilenos, pero hay que cuidarla y no aprovecharse de ella… y que los pascuenses tampoco se crean los dueños de la situación. (JAE)

MIS APUNTES


LA BRASSERIE
Lo nuevo de Franck Dieudonné

Muchos de nuestros lectores deben tener en su memoria gustativa los ya conocidos Oeufs en Meurette y la Gallinita trufada, dos de los grandes éxitos del restaurante Ópera, que hace ocho años irrumpió con gran éxito en la escena gastronómica de nuestra capital. El autor (recopilador de la receta) fue el francés Franck Dieudonné, que en esos tiempos llegaba a la capital tras un éxito sorprendente en Concepción, donde su restaurante Le Citron era una de las novedades de esa ciudad. Tiempo después se convirtió en el chef ejecutivo del hotel Radisson Plaza (hoy un flamante NH Collection) y tras un esporádico regreso a su inolvidable Ópera, se perdió de las pistas. Ya conocido por su trabajo, realizó una serie de consultorías (entre ellas la apertura del Entre Ríos, en Rengo) y últimamente colaborando con Sonja Ungar en buscar aplicaciones para las producciones de trufas que tiene esta última en el sur de Chile.

Pero el bichito de tener un restaurante propio seguía en su cabeza y hace dos semanas abrió a un costado del Mall Vivo de Providencia La Brasserie, un lugar que estoy seguro se convertirá en fetiche de los amantes de la cocina campestre francesa, ya que ha dejado la sofisticación y el lujo de sus preparaciones con el fin de entregar platos sabrosos y de raigambre gala en este local que está abierto desde el desayuno hasta media tarde (por el momento).

El concepto brasserie se aplica acá como corresponde. Un lugar ameno, donde no importa la hora que sea para almorzar (y pronto cenar) una serie de platos de gusto francés donde la trufa estará siempre presente. - “No en todos los platos”, me comenta Franck, “ya que la trufa no es del gusto de todos”. La inspiración viene del viejo continente, de las clásicas Brasserie ubicadas a un paso de las  estaciones de trenes de Bélgica y especialmente Francia. En estos espacios, los comensales en su mayoría viajeros, encontraban comida casera, en un ambiente distendido, rápido, ideal para la espera del próximo tren.

Bonito, limpio, sencillo y barato. Es lo que en estos momentos se puede decir de esta brasserie que recién ajustando todas sus piezas. Con individuales de papel y una terraza que anima a la conversación, es posible encontrar desde un desayuno a la minuta hasta un almuerzo ejecutivo, que por $ 6.490 ofrece plato de fondo con acompañamiento, postre, vino y café. Independiente a ello, una serie de platos con reminiscencias francesas como una excelente crema de ajo (3.490), un Risotto de champiñones perfumado a la trufa (4,590) o una Mechada Bourguignone con papas torneadas (7.690).

Cuatro entradas, ocho fondos y tres postres que serán sensación para los que conocen “la mano” de Dieudonné. Una carta de vinos en construcción que permite vino en copas, ya ha animado a bastante público acercarse a este lugar. Luminoso y atractivo, la apuesta es bastante entretenida e informal. En este caso no cabe una crítica completa ya que recién abrió sus puertas. Acá vale la intención y el conocimiento previo de que Franck Diuudonné sabe lo que hace y cómo lo hace. Y eso es una bendición. (Juantonio Eymin)

La Brasserie. Guardia Vieja 181, Providencia / 2 3223 8468

NOVEDADES


LOS DIEZ LUGARES MÁS COMPARTIDOS EN INSTAGRAM

La red social Instagram acaba de publicar los lugares más fotografiados a partir de los datos de todos aquellos usuarios que colgaron fotografías en esa plataforma.

El parque de atracciones Disneyland de Anaheim (California) es el lugar desde el que se compartieron más fotografías en Instagram de todo el mundo, los otros dos lugares desde los que los usuarios colgaron más fotografías fueron el Dodger Stadium de Los Ángeles, donde juega el equipo local de béisbol, Los Ángeles Dodgers, y la intersección de Times Square en Nueva York.

A continuación la lista completa de los 10 lugares más compartidos en Instagram:

 
1. Disneyland (California)
Parque temático ubicado en Anaheim, California, fundado por el productor y cineasta estadounidense Walt Disney en 1955.
 

2. Dodger Stadium (Los Ángeles)
Estadio de béisbol que tiene la mayor capacidad en Estados Unidos con 56.000 espectadores, también es el tercer estadio más longevo de las Grandes Ligas, solo superado por el Fenway Park en Boston construido en 1911 y el Wrigley Field de Chicago construido en 1914.
 

3. Times Square (New York)
Times Square es una intersección de Manhattan, situada en la esquina de la Avenida Broadway y la Séptima Avenida. Al igual que la Plaza Roja de Moscú, Piccadilly Circus en Londres o la Plaza de Tian'anmen en Pekín, Times Square se ha convertido en un icono mundial y símbolo de la ciudad de Nueva York que se caracteriza por su animación y por la publicidad luminosa.
 

4. Centro Comercial Siam Paragon (Bangkok)
El Siam Paragon es el centro comercial más lujoso de Bangkok y de toda Tailandia. En su interior, además de tiendas de ropa elitista, encontraremos concesionarios de coches de lujo, la ópera de Siam y el Siam Ocean World, actualmente el acuario más grande de Asia con más de 30.000 animales.
 

5. Parque de atracciones Gorky Park (Moscú)
Gorky Park es, posiblemente, el parque de Moscu más conocido y se encuentra en el suroeste de la ciudad, con múltiples diversiones, entre ellas, las montañas rusas. Desde acá se disfrutan hermosas vistas de Moscú.
 
6. Museo del Louvre (París)
Es el museo nacional de Francia consagrado al arte anterior al impresionismo, tanto bellas artes como arqueología y artes decorativas. Es uno de los más importantes del Mundo. Está ubicado en el antiguo palacio real del Louvre.
 

7. Plaza Roja (Moscú)
Es la plaza más famosa de Moscú en el barrio comercial conocido como Kitay-górod. Posee 330 metros de longitud y 70 m de ancho, totalizando así 23.100 m².
 

8. Madison Square Garden (New York)
Es un pabellón situado en Nueva York. Es la cuarta construcción con ese mismo nombre en la ciudad. Los dos primeros coliseos estuvieron localizados en la Plaza Madison (Madison Square), de donde proviene el nombre. Cuando se derrumbó el segundo se construyó un nuevo coliseo en el cruce de la Calle 50 y la 8º Avenida. El actual MSG se encuentra en el cruce de la Calle 33 y la 7ª Avenida, lugar en el que se situaba la antigua Estación de Pennsylvania. La banda británica de Rock Led Zeppelin grabó allí su película denominada "The Song Remains the Same" en 1973.
 
9. Yankee Stadium (New York)
El Yankee Stadium es el parque donde juegan como locales los New York Yankees, pertenecientes a las Grandes Ligas de Béisbol de América del Norte. Inaugurado en 2009, suplantó al estadio del mismo nombre que funcionó en el período 1923-2008, y estaba anexo al actual estadio en su parte sur.
 

10. Centro Comercial The Dubai Mall
(Emiratos Árabes Unidos)
Dubai Mall es un centro comercial de Dubái (Emiratos Árabes Unidos). Es el centro comercial más grande del mundo basado en su área total y el sexto más grande en superficie bruta alquilable. Incluso alberga un centro médico lujoso, una pista de hockey sobre hielo o un acuario / zoo acuático.

CLÁSICOS DE LOBBY

LA GASTRONOMIA EN LOS OCHENTA
Un poco de historia

Hace algunos años, cuando nuestros lectores no eran tan masivos como ahora, hicimos un resumen de lo que pasaba en el Santiago gastronómico antiguo.  Pensábamos partir desde el año 1989, cuando nació esta revista, pero consideramos que nos quedaba atrás una década de aciertos y de desazones. Por ello iniciamos una serie de artículos de cómo era nuestra gastronomía en aquellos años. Decidimos, entonces, partir en los años 80, sólo hace 35 años. ¿Será mucho?

Los que nacieron en los años 80 ya tienen 35 años y supuestamente cada uno con su profesión donde poco o nada saben de esta época. Incluso, los que nacieron en los 70 andan perdidos. Nosotros, los más viejos, leeremos con simpatía estas líneas, acordándonos quizá de esos tiempos, recién salidos de un largo toque de queda impuesto por el Gobierno de turno y recordando la gastronomía de antes, de restaurantes que lograron sobrevivir a tiempos difíciles y la simpleza de sus ofertas.

Achiga, incipiente aún, tenía 24 socios en Santiago y uno en Iquique (El Canto del Agua). De ellos, sólo dos sobreviven a la fecha: el Villa Real, el café que está en la Av. Pedro de Valdivia y La Cascade, el buen francés de la difunta madame Raillard. El resto, todos fueron cerrando con el tiempo y las vicisitudes. Algunos tan famosos como el Arlequín, de Hernán Eyzaguirre;  el Maxó, la máxima expresión gastronómica de aquellos años; el recientemente reconstruido Aquí está Coco; el Praga; el Hereford Grill, el Pollo Dorado, Bali Hai y el Bric a Brac entre otros. En esos años los buenos restaurantes se cobijaban en esta asociación para destacar la calidad de su oferta. Después, la agrupación se abrió a quienes quisieran ser socios.  Otros establecimientos, como L’Etoile del Sheraton, que ocupaba parte del séptimo piso del edificio antiguo, ofrecía, dependiendo del día, diferentes especialidades: los lunes, internacional; martes, mariscos; miércoles, buffet criollo; jueves y sábado, buffet internacional, todo con un cover inicial de $ 120, ya que ahí se podía bailar y cenar a la vez.

Algo más oneroso era el Maxó. Con un menú que bordeaba los $1.200 por persona, el restaurante de Patricio Sotomayor ubicado en Antonio Bellet ofrecía un menú que incluía como entradas crepés de centolla,  salmón ahumado o camarones al champagne; y de fondo pato a “la sangre” tal como lo preparan en La Tour d’Argent en París, según decían sus propietarios, o el  filete Maxó, con champiñones, mostaza y crema. Si consideramos que el dólar en ese tiempo estaba a $ 39, cada menú costaba, sin líquidos, 30 dólares.

Mientras el grupo Mocedades cantaba en el Casino de Viña del Mar, empresarios franceses anunciaban con bombos y platillos la pronta puesta en marcha de Valle Nevado. Un proyecto que dotaría al sector con 600 camas para transformarlas en 2 mil un par de años después, con la idea de lograr un complejo de diez mil camas para el año 1990… Soñar no cuesta nada. Al final, abrió parcialmente sus puertas el año 1988.

Brenda Lee aun hacía de las suyas en el Teatro Casino Las Vegas cuando el hotel Carrera ofrecía diariamente un show cena en la piscina ubicada en su último piso. El menú, dispuesto para los que pudieran pagar $1.800, consistía en un aperitivo (sour o Martini); palta reina o consomé de entrada; medio pollo al orégano o escalopa de fondo y una copa de helado o fruta de postre,  más media botella de vino y café completaba la oferta de esos tiempos.

Felices estaban los viñateros en aquellos años. Cifras indicaban que se habían exportado 29 millones de litros a un valor de 21,5 millones de dólares, un aumento del 131% en relación al año anterior. De esas exportaciones, un 60% era vino embotellado y un 40% a granel. ¡Gran noticia! Por otra parte, Concha y Toro, uno de los grandes de esa época anunciaba que todos los días hacían tours por la viña, aunque “para los amantes de las degustaciones, ya no se realizarán catas de vino por las pérdidas que han ocasionado  las malas personas que sólo van a tomar”.

El céntrico Pollo Dorado seguía en ese tiempo haciendo noticia. Era el restaurante de los turistas que llegaban a la capital. Ellos ofrecían “platos sofisticados” como filete a la Pompadour ¿?, y pollo al whisky. El centro de Santiago era importante en esos tiempos. Según registros, ese año se esperaban cien millones de dólares en divisas provenientes del turismo internacional.

La crónica gastronómica de aquella época confundía algo las cosas. Según escritos de “El Mercurio”, en el Da Carla de calle Mc Iver, los fetuccini a la Papalina, que los elabora una cocinera que “ya lleva 22 años trabajando en el local”, es de gusto de todos, tanto como la jaiba a la parmesana. Y, “para acompañar los platos de fondo”, están las entradas surtidas, las “antipastas”.

Sin embargo, el mismo cronista de aquellos años, cuando escribe del restaurante Caleta El Membrillo de Valparaíso, comenta que “atienden muy atentamente pasada la medianoche señoras tan simpáticas que cuando se termina la comida da gusto llevarlas a Viña del Mar, lugar donde residen….”. ¡Qué pluma!

En el Piso Cero (Holanda 64), la oferta era “novedosa”. Una parrillada de mariscos con congrio, corvina, camarones, almejas y machas a la plancha con pebre y papas en papillote, todo por $300.

Corría el año 1980 y en Viña del Mar se inauguraba la remodelación del nuevo hotel Miramar (no el actual). Y mientras gran parte de la población jugaba Polla Gol, el restaurante Bric a Brac, de Av. Las Condes y Abadía, ofrecía “comida francesa” como paté (sic) de la casa, jamón crudo con palmitos, caracoles a la Bourguignon, filete arco iris (con tres salsas diferentes), lengua a las tres mostazas y crepés de centolla. Fino, por decir lo menos. Los más “compadres” irían eso si al “Alero Los de Ramón” donde show y comida por $ 600 tomarían un aperitivo y cenarían medio pollo “pirula” a la parrilla con agregado, más postre, media botella de vino y café mientras vivían un show con bailes tradicionales. Una ganga.

Poco se hablaba de chefs en aquella época. En la calle Suecia, un matrimonio que había viajado por los Estados Unidos decidió abrir un restaurante con reminiscencias de New Orleans. Así lo bautizaron y  anunciaban en la prensa que tenían una chef: “la señora Elly”, quien junto a dos ayudantas, más Daniel, el del cuarto frío y el Lucho, destacaban por ofrecer la vichyssoise, “una sopa de puerros y papas” según la carta ofrecida en la época.

1980 fue al año del Regine’s, el club privado ubicado en Isidora Goyenechea y que llenó páginas y páginas de la prensa nacional. Ingresar no era fácil. Mil quinientos dólares era la cuota de inscripción, más la anualidad que deberían pagar los socios. Abrió y luego misteriosamente se quemó. Un emprendimiento quizá muy “caliente” para esos años.

Pero lo francés era top. En Luis Thayer Ojeda se establecía el “Jean Pierre” y ofrecía a sus clientes un asado alemán (¿?) de filete molido relleno con hígados de ave, choclo triturado, curry y leche, además de lengua preparada con especias y bañada en queso derretido. No sabemos cuánto duró este proyecto, pero  pareciera que estaba demasiado adelantado a la época.

En los 80 ya estaba en auge la propagación de los restaurantes chinos en Santiago. Pero, el primer “étnico” propiamente tal ya estaba funcionando en Marcoleta (calle que hoy tiene otro nombre pero todos seguimos llamándola así): el Japón. En esos tiempos, solo para los escasos orientales que llegaban al país. Hoy, digno de nuestro propio Ripley gastronómico.

Así era el 80. Hasta Coco Legrand incursionaría en el rubro. Instaló un bar Las Condes “La Taberna del escocés”  o más bien dicho “El bar del cuesco Cabrera”. Después de esa experiencia (aunque volvió a tropezar años después),  prefirió seguir con el humor.

Así fue el 80. Para los que vivieron esos años, nostalgia. Para los que no existían en esos momentos, historia y cultura. Cocina básica, elemental pero entretenida. Posiblemente toda una revolución. (Juantonio Eymin)

BUENOS PALADARES

CRONICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(JULIO) TEMPLE (Hotel Intercontinental piso 2. Vitacura 2885, Las Condes / 2 2394 2463): “El caso es que comimos una rica sopa miso ramen ($9.500), de entre varias sopas ramen de la carta. Es la que nos pareció más cercana a la que conocíamos: rico caldo (esta vez con un justísimo grado de picor), buenos fideos, verduras (más una lámina de cosa rara y decorativa que se desvaneció agradablemente en el caldo), y varias tajadas sustanciosas de chancho asado. Y, sobre todo, una maravillosa mitad de huevo duro, trabajado en alguna forma tal que lo dejó medio cafesosito y sabrosísimo. Otras de estas sopas que ofrece Temple traen espinacas, algunos mariscos, y demás.” “Servicio: tenían sólo cuatro "menús-tablet" para todo el restorán (lleno); había que hacer cola para usarlos. Y el ruido... Toda ilusión de "zen/paz" desaparece en el estrecho borde de una piscina, con ruidosos chorros de agua, con música muy fuerte, y una retumbante acústica de los mil diablos.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(JULIO) BRISTOL (Av. Libertador Bernardo O'Higgins 816 / 2 2639 3832): “No es barato y tiene un aire algo anticuado, pero la comida es gloriosa y MUY chilena. Si la idea es impresionar a un extranjero, este es el lugar. Y si quiere convencerse de que lo nuestro puede ser sabroso y además elegante, también.“…también de entre los platos destacados como "más vendidos" en la carta, una cazuela de osobuco de vaca ($10.500). ¿Y, saben qué? Lo mejor de esta experiencia es sentir que una sopa chilena modesta de nacimiento es tratada como plato de mantel largo. Porque la carne es blandita y el caldo ultra concentrado, mientras el zapallo es justo, la papa nativa y el choclo... hay que comerlo con la mano no más.” “Nota aparte: señores encargados de la imagen de Chile en el extranjero: por favor, olvídense del salmón. Es mejor la sierra. Y anoten: tenemos recetas nacionales destacables, aparte de las proteínas exportables.

MUJER
PILAR HURTADO
(AGOSTO) THE SINGULAR (Merced 294, barrio Lastarria / 2 2306 8820): “La carta es variada y juega con distintos productos: pato, ostras, trufa, pescados de roca.” “De fondo, mi cuñada pidió canelones de champiñones con salsa de queso de cabra y puré de zapallo, un plato bello y que nos gustó mucho por lo delicado y sugerente de sus sabores, también muy equilibrado. Yo pedí pechuga de canette de Barbarie de Casablanca con puré de membrillo y chalotas confitadas, esto es: pato hembra de una raza francesa del criadero de Cecilia Alvear en Casablanca -el que tuve el privilegio de conocer hace un par de meses-. La pechuga estaba deliciosa, perfectamente preparada, y resultó muy acertado el acompañamiento de puré de membrillos y chalotas confitadas, además de una suerte de papas rosti, ¡gran plato, me encantó! El servicio impecable y atento a cada detalle, los platos a temperatura perfecta también.”

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(AGOSTO) CARRER NOU (Av. Miguel Claro 1802, Providencia 2 2727 1161): “Para los clásicos, hay calamares a la romana ($5.200) y unos recomendables riñones al jerez, con arroz, que son de vaca y no de cerdo ($6.500). Un bocado garantido siempre es el rabo de toro, que acá llamamos cola de buey, pero es igual de sabroso por su muy larga cocción, que sirven con arroz caldoso ($9.500). O solomillo, filete de puerco con reducción de vino merlot y papas crujientes ($9.900).” “En este invierno las atracciones de postres son su chocolatin pirimpimpin, una mousse de chocolate blanco en terrina de chocolate negro, y mousse de chocolate negro en terrina de chocolate blanco, ambos con centro dulce ($ 5.200). Y una tarta de manzana, tan bien presentada como rica ($ 4.200). Y claro, para beber, en frío o caliente, con alcohol o sin él, hay de todo lo que se les ocurra.

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(AGOSTO) TEMPLE (Hotel Intercontinental Santiago, Av. Vitacura 2885 / 2 2394 2463): “El Ramen es una sopa de culto. Como muchas de las artes japonesas, nació en China. Decenas de millones de personas la comen cada día en el resto de Oriente y el mundo, en versiones que van del sobre instantáneo y las raciones de máquina automática hasta preparaciones muy refinadas y exigentes.” “El ramen consta de los fideos, el caldo y los acompañamientos. Elementos que varían en cada región, según el gusto y hasta en el modo familiar de prepararlos. Los caldos pueden ser de pollo, vacuno, cerdo (como el tonkotsu, caldo blanco que se prepara con huesos de chancho en larga cocción) o pasta de miso. Y entre los acompañamientos es imperdible el ajitsuka tamago: huevo pochado con la yema anaranjada y cremosa, marinado en soya.” “El  ramen de miso, muy delicado y de gran nivel, incluye hermosos y estilizados hongos enoki. Como alternativa, el shoyu ramen, sabrosa variante con un toque de ajo y jengibre. O quizá el kaisen ramen, en este caso con pescados y mariscos, escoltado por un sauvignon blanc Cenizas, de viña Laberinto.”

 

 

martes, 4 de agosto de 2015

REVISTA LOBBY


REVISTA LOBBY Año XXVII
 6 al 12 de agosto, 2015
ACTUALIDAD: Chile: Alma ratera
MIS APUNTES: La Fattoria
NOVEDADES: Los 10 cócteles más famosos del mundo
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica
 

ACTUALIDAD


CHILE: ALMA RATERA
¿Souvenir o simplemente un robo?

Yo nací en esta ribera del Arauca vibrador / Soy hermano de la espuma /De las garzas de las rosas / Y del sol y del sol.

No sé la razón, pero cuando veo los noticiarios de televisión me acuerdo de la canción “Alma llanera” el clásico venezolano que se canta desde 1901. Cuando veo el desmadre de los robos y asaltos en todo el país llego a la conclusión que no tenemos alma llanera… somos de alma ratera.

¿Qué diferencia hay entre aprovecharse de las circunstancias y apropiarse de un plasma en una casa deshabitada o de un salero en un restaurante? ¿Pocas? ¿Muchas?

Desgraciadamente tenemos en Chile el complejo (o la excusa) del souvenir. Creemos que llevarnos un cenicero o un salero no le hacemos daño a nadie. Las toallas de los hoteles son recuerdos imborrables de jornadas épicas vividas en ellos. El que logra llevarse una bata de un hotel es un héroe y la muestra como uno de sus trofeos favoritos. No falta en las mesas de la gente “bien” un pimentero y un salero con el logo de un restaurante de categoría. Incluso muchos conspicuos se hacen de un set de cubiertos de pescado tras varias visitas al mismo local.

La cultura del robo (o de la sustracción de especies) no es sólo nuestra. Pero, ¿de qué podemos quejarnos si un Estado con poco poder persuasivo deja en libertad a cualquier ladrón de supermercados, cuando muchos salen de los restaurantes y hoteles con pertenencias que no les son propias?

Para cualquier empresario hotelero y gastronómico, renovar especies que se han apropiado sus clientes es tanto o más caro que uno o diez plasmas. O sea, si el delito pequeño no se puede dimensionar, sigue siendo tan vil como el delito grande.

Y esa es una cultura que debemos borrar en nuestro país. Nos hemos acostumbrado a llevarnos objetos pensando que no le hacen daño a nadie y sin embargo eso no es verdad. Perjudicamos las infraestructuras de los negocios y los grandes esfuerzos que ellos han realizado para ofrecernos un buen ambiente y una mesa (o una cama) a la altura del costo de la cuenta. Pero en el costo del consumo no están incluidas las copas, los cubiertos, las servilletas -y según varios empresarios consultados-, hasta los platos.

No estamos justificando el robo y los asaltos. Pero tampoco justificamos el robo de un salero. Ambos son (y hay que ser claros en este aspecto), delitos contra la propiedad. Cuando vamos a la tienda de nuestra preferencia y nos gusta algo, regateamos y compramos un producto pero no nos apropiamos de él porque nos gustó. Y no nos engañemos entre nosotros. Si tenemos la oportunidad de comprar un producto robado a un vil precio, lo hacemos. Y eso pasa en toda la gama de clases sociales de nuestro país.

Estos últimos años hemos aprendido una lección. Nuestra sociedad permitió y fomentó la existencia de los delincuentes, anarquistas talibanes, traficantes, marginados sociales e incluso ladrones de cuello y corbata que se pasean en caros vehículos y asisten a misa todos los domingos. Eso es culpa de nosotros. De los 17 millones de chilenos que no supimos que para educar hay que dar el ejemplo. Nos sentimos atraídos por el dinero ajeno y pensamos que si surgimos gracias a él, no es delito. Cuando los de arriba y los que tienen el poder roban a manos llenas, ¿no es un ejemplo para los más desposeídos?

No es un tema fácil. Se necesitaran generaciones para terminar con este tipo de situaciones. Pero alguien tiene que decirlo y tratar de emprender esta titánica tarea. Por lo menos este escribidor piensa que es el momento de comenzar a frenar esta cultura del robo hormiga (y el grande). Si somos más honrados, capaz que sirva de ejemplo. (JAE)

MIS APUNTES


LA FATTORIA
El Hotel Regal Pacific se pone al día

En esto de la gastronomía, los hoteles tienen mucho que decir con respecto a su desarrollo. A decir verdad, estos establecimientos están obligados por ley a tener espacios destinados a la restoración y eso los diferencia del otro sector (los restaurantes) que deben invertir grandes sumas para desarrollar un modelo gastronómico. Al ser una obligación, los hoteles han tomado dos caminos: tratar de ser de los mejores de la plaza aunque sus operaciones vayan a pérdida, o simplemente tener un pequeño espacio (en general para sus huéspedes) donde consiguen algún alimento (desayuno principalmente), lo que les permite no perder demasiado dinero en la operación gastronómica del hotel.

Ejemplos en Santiago tenemos de sobra.  Hoteles con una gran gastronomía, muchos de ellos pertenecientes a cadenas extranjeras que ven el negocio en forma global y tratan de generar más dinero a través de sus divisiones de banquetería, y otros que tan sólo la palabra “comida” les da indigestión ya que su negocio es vender habitaciones. Una larga exposición para entrar al tema de esta semana, ya que el hotel Regal Pacific ha remodelado su comedor del primer piso convirtiéndolo en un espacio agradable que reúne cafetería, pizzería y restaurante, con la salvedad que el huésped no es el interés prioritario, ya que al estar situado en uno de los ejes comerciales más importantes de la capital (codo a codo con el Apumanque), les permite atraer un mayor público y generar mejores ingresos.

Lo que fue terraza hoy es una cafetería bastante agradable. Buen café espresso (1.700), medialunas (700), croissants y todo lo que permite un desayuno hotelero, pero abierto al público. Un lugar adecuado y bien pensado ya que en los alrededores no hay gran competencia. A mediodía comienzan a salir las pizzas (7.000 en   promedio) y paninis elaboradas en hornos eléctricos de gran potencia. Acá quiero detenerme un poco ya que la calidad de ellas bien vale la pena conocerlas. Hay sabor y textura en cada una de ellas. Livianas, gracias a la masa madre elaborada con harina italiana y que fermenta durante tres días antes de ser llevada al horno, me sorprendió gratamente. Si ser fan de las pizzas ni comerlas a menudo, acá hay un trabajo serio y un pizzaiolo que tiene incorporado el sabor en su ADN.

En el restaurante (y la carta) propiamente tal, creo que es necesario un ajuste de la propuesta. El chef, Enrique Araya, con bastantes años en su cargo y por ende con gran experiencia, presenta una carta multifacética que ha llamado “Sabores del Mundo”, donde presenta platos peruanos, italianos, chilenos y una serie de combinaciones que si bien pueden ser atractivas, no logran darle al comedor una personalidad propia. Hay aciertos, como la merluza austral (8.700) o el cordero patagónico con humitas (11.800), pero también hay errores, casi todos producidos por esta idea descabellada de tener todas las cocinas del mundo en un solo lugar.

La Fattoria merece platos acorde a su nombre. La comida italiana debería ser la principal entrega del lugar. Si le agregan dos o tres propuestas diferentes, no le veo problema alguno. Es el “mix” de preparaciones la que preocupa. No se puede abarcar todo el espectro gastronómico de la noche a la mañana. El lugar merece la atención de los clientes, pero urge definir la personalidad y el estilo del restaurante. Por el momento, regresaría feliz por las pizzas, sus masas y su cafetería. El resto… a la sala de operaciones.

La Fattoria. Hotel Regal Pacific, Av. Apoquindo 5680, Las Condes / 2 2377 6000