martes, 7 de noviembre de 2017

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR




1992
EL AÑO DEL RENACIMIENTO GASTRONÓMICO
Cuando escribo acerca de la historia de los restaurantes capitalinos, pienso en la suerte de haber sido testigo de los cambios gastronómicos y vitivinícolas que recién el año 1992 comenzó a adquirir importancia. Grandes hoteles iniciaban sus operaciones y se abrían entretenidos restaurantes con el fin de cambiarle la cara a una ciudad llena de terrinas, áspic, galantinas y carnes al jugo y toques de queda. En esta crónica le entregamos un pequeño resumen de lo que pasó hace 25 años atrás, historia que solo está registrada en la prensa de esos tiempos, ya que Internet aun no despegaba y no hay mayores registros de estos años en esta red mundial
En la calle San Pascual, en Las Condes, Kunibert Langer y su hermano Reinhard, ambos provenientes del Sheraton de Buenos Aires, abrían uno de los restaurantes más comentados del año: el Vindovona. ¡Atención gourmets! escribían los cronistas de la época: “una cocina inspirada y perfeccionista de la más exigente línea europea”. Entre sus platos, Kunibert sorprendía con una mousse de salmón con caviar rojo y negro.

Emilio Peschiera, instalado en Santiago desde el año anterior con su Otro Sitio, ofrecía a sus clientes en el local de Antonia López de Bello sus recordados Buffet Criollo de los días domingo. Allí comenzaríamos a conocer las especialidades peruanas. Desde el cebiche cortado a cuadritos (antes era todo molido), las causas, tacu tacu y el famoso pisco sour peruano. Las cenas bailables aun brillaban en un Santiago que gustaba de esta modalidad. El restaurante Cantagallo las ofrecía los jueves junto a un buffet americano y muchos vestían de cuello y corbata para ir a los restaurantes de moda. Tanta corbata que incluso en la fiesta de la vendimia de Curicó, los invitados llegaban muy bien vestidos, al igual que las mujeres presentes. El electrónico de moda era el Walkman de Sony y un aparato de fax costaba la apreciable suma de 800 dólares.

En los mismos momentos que la Central Única de Trabajadores (CUT) apoyaba al gremio de los garzones para reponer el 10% de propina obligatoria en los restaurantes y los parlamentarios comenzaban a discutir la ley del tabaco que nos rige en la actualidad, los matrimonios encargados a las banqueteras estaban de moda. Unas de las principales de aquella época eran Silvia Lazcano, en sociedad con Pilar Larraín. Ellas comentaban que los champiñones rellenos y los rollitos de salmón con salsa eran los preferidos de los invitados a las fiestas junto a las tortas de merengue-lúcuma y chocolate con almendras. Para beber, ponche a la romana, whisky y old fashion. Se lamentaban, eso sí, de la gran cantidad de servilletas de genero que se les "perdían" en los matrimonios debido a la sana costumbre de las "señoras" de envolver en ellas los chocolates y dulces que servían al final de la cena.

Como "hotel boutique" fue presentado un nuevo hotel que se comenzaba a construir en Las Condes. El Sonesta tendría solo habitaciones en suite de gran tamaño, entre 35 y 55 metros cuadrados. Otro hotel inaugurado ese año fue el Parinacota, del empresario Ángel Maulen y el Apart Hotel Club Presidente, que con sus 21 departamentos daría el "vamos" a la habilitación de hoteles destinados a largas estadías. En Chillán, por otra parte, se inauguraba el Hotel Termas de Chillán, con una inversión de doce millones de dólares.

Sin embargo la apertura del año fue la del hotel Hyatt Regency. Con una inversión de setenta millones de dólares era el más comentado por la prensa y quienes lo visitaban. Sus restaurantes contarían con varios chefs de renombre. Ennio Carota en el Crostini; Joel Solorza en el Anakena; Patricio Fischer, encargado de banquetes y Robert Fischer oficiando de chef ejecutivo. Muchos de sus ex gerentes y directivos aún están en la hotelería: Myles Mc Gourthy, James Hughes, Federico Echaiz, Giovanne Giovine, Marcel Portmann, Klaus Lapp y otros. Mitri Rischmaui, propietario de los recientemente desaparecidos restaurantes Alfresco y en esa fecha gerente general de alfombras Wiener, recuerda que Hyatt les adquirió 30 mil metros cuadrados de alfombras, con 40 diseños diferentes donde utilizaron más de 120 colores de hilados.

El turismo también crecía en el país. Un millón 349 mil extranjeros llegaban ese año. En Sevilla se inauguraba la Exposición Mundial donde el país participó con iceberg y todo. Según los comentarios (propios, por supuesto) el pabellón chileno era de los cinco más importantes de la muestra. Guillermo Rodríguez, chef presente en Expo Sevilla, llegaría de regreso con una novedad: la cocina al vacío. En Santiago, ingenieros planteaban hacer una autopista por el lecho del Mapocho. Esta se inundaría solo los meses invernales por quedar bajo el agua, pero prestaría útiles servicios el resto del año.

"Parece un alquimista, una especie de mago" escribían en el ‘92 de Héctor Vergara, el único master sommelier de Latinoamérica que regresaba al país después de años de estudios y trabajos en el exterior. "Domina esa ciencia que resulta ajena a tantas mujeres ya que tantas veces nos caemos", comentaba Soledad Martínez. Su primer trabajo lo consiguió en los supermercados Almac, que ya comenzaba a vender vinos de distintas viñas y cepas.

Rosita Robinovitch lanzaba el libro "Presencia de la mujer en el periodismo". Ella estudiaba agronomía cuando descubrió el periodismo tras una visita a El Mercurio en el verano del año 39. Siempre jovial, pocos supieron que su única hija murió a los tres años y que de rabia dejó de tocar piano, una de sus pasiones, cuando una semana antes de casarse, su novio falleció en un accidente.

La cuarta versión de Tecnhotel, ese año con 60 expositores, la convertían en la feria de alimentos y equipos más importante del país. Las intenciones de sus creadores, Joaquín Reinecke y René Fischer era convertirla en la gran feria especializada de Latinoamérica. También aparecía Gourmand, una publicación especializada en gastronomía y creada por Alex González. De éxito inmediato, fue durante años el referente periodístico y gráfico de la gastronomía nacional.

"Casi nada de lo que hoy se ofrece en Santiago hubiera podido obtenerse hace 15 años" comentaban en la prensa, destacando las cocinas de Guy Lagoueyete, Guillermo Rodríguez, Aquiles Abarca, Francisco Layera (padre) y Ricardo Muñoz. "De ellos depende el crecimiento de una cocina chilena moderna. Y ese sí que es cambio". En restaurantes, destacaban La Divina Comida, Da Renato, Le Due Torri, L'Ermitage, Jockey Club, Carrousel, Giratorio, Hereford Grill, Aquí esta Coco, La Tasca de Altamar, Puerto Marisko, Balthasar, Enoteca, El Cid, El Satiricón, Montealpino, Mandragora, Joe's Palace y el Park Lane.

El periodista  Patricio Tapia escribía columnas gastronómicas en Wikén. De McDonald's opinaba: "El restaurante rápido con más éxito por estos días en Santiago" y "mucha higiene, mucha sonrisa y buena comida, todo con un aire gringo que no se la puede". Soledad Martínez, otra de las cronistas de Wikén descubría el restaurante El Suizo, de Carlos Meyer y opinaba: "cada día en una pizarra se anota una lista de sugerencias conforme al mercado y la imaginación del cocinero. Este local es uno de aquellos -más bien escasos- que podré recomendar cuando me pregunten por un muy buen restaurante.”

Las cenas del vino, o más bien llamada "Cena del Viñatero" comenzarían a ser exclusividad del restaurante Le Chandelier del hotel Crowne Plaza. La primera de ellas fue con los vinos Canepa y la presentación gastronómica incluyó una galantina de calamares con morillas y filete de pato.

El ya tradicional concurso de Achiga tendría ese año dos categorías independientes: hoteles y restaurantes. En la categoría hoteles el Oro fue para Josef Gander, del Sheraton; la Plata para Thomas Lecot, del Park Plaza y el Bronce para Quersen Vásquez, del Villa del Río de Valdivia. Los restaurantes ganadores fueron en el mismo orden el Montealpino, Aquí esta Coco y Chez Luis. Enrique Lafourcade criticaba desde la revista Wikén el concurso ya que no se presentaban más establecimientos: "resulta entonces, explicable que la distribución de los premios recayera con acentuada insistencia en tres o 4 establecimientos o chefs. ¿A qué se debió esto? ¿Disputas intestinas? Luego se disculpaba. "Hay que juntar fuerzas. La familia de gastrónomos no debe estar dividida. Somos cuatro gatos, Hagamos las paces, después que pase agosto (sic).

1992 fue un año de mucho movimiento. Varios festivales gastronómicos con chefs importados. Festivales italianos y franceses en el Plaza San Francisco Kempinski; Jamaicano en el Sheraton y Marisa Giuilfo en el Montealpino; y de los nuestros, Coco Pacheco cocinando en Gran Canarias y Guillermo Rodríguez en España.

El re-nacimiento de la gastronomía y los vinos había comenzado. (JAE)

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

MUJER, LA TERCERA
PILAR HURTADO
(OCTUBRE) BOA (Nueva Tajamar 287- C, Las Condes / 72253 0177): “Partimos compartiendo una carne curada, que sirven sobre tostadas de pan de campo con puré casero de porotos negros, lomo de libre pastoreo curado, chutney de kiwi y cebolla. Muy buenas, me fascinaron y estoy lista para volver por este plato equilibrado en sabores y texturas.” “Como fondo, mi madre pidió el pollo de libre pastoreo escabechado con puré de zanahoria con cardamomo, zanahoria rostizada, pepino encurtido y salsa de lemongrass, que estaba muy bueno, pero nos pareció que al puré de zanahoria le faltaba algo de gracia, estaba un poco soso; muy rica la zanahoria rostizada.” “Fresquísimos todos los vegetales, realmente da gusto comer así, y la porción muy generosa. Para tomar, probé un jugo de mate con maracuyá, que me gustó justamente por ser poco dulce. Los postres no nos cupieron, así de generoso era todo, pero se ven buenos: hay crumble, un arroz hecho con leche de almendras y coco y un brownie crudivegano que se ve muy rico, además de buen café. En suma, toda una revelación.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(OCTUBRE) ANA MARÍA VITACURA (Vitacura 6646 / 23245 1521): “Puede ser un poco raro el ambiente para el habitué más abajista, pero la atención y la comida es igualita. Y eso se siente cuando traen el aguamanil y el babero para enfrentarse a un pedazo de ganso a la cacerola ($18.000, los vale), nadando en un caldo de antología, con trozos de zanahoria que parecen haber sido cortados con hacha. No es una carne blanda, ya que el bicho gozó algo de su vida y logró moverse, pero al mismo tiempo cuenta con un sabor intenso y color oscuro que obligan a tomar la presa con las manos, apelando al cavernícola interior (y a la seda dental a posteriori).Y tienen más: ciervo, conejo, pato, jabalí, chancho ahumado, faisán, codornices, ancas de rana. La más variada zoología al plato dispuesta para los nostálgicos que han visto reducida su veta carnívora al lomo magro y la reineta.” “El lugar es elegante, pero cuesta un poquito encontrar su entrada, en el corazón de los Cobres de Vitacura. Los cubiertos son finos, las servilletas de papel grueso, las copas de rigor. Y la música, rara (entre Kenny G y éxitos de los ochenta). Pero lo esencial, la carne que rellena a este esqueleto, está allí.

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(OCTUBRE) PASTELERÍA ISABEL LA CATÓLICA (Isabel La Católica 4149, Las Condes): “En un barrio residencial y de paso hacia varios otros se ha instalado una pastelera que ofrece antiguas novedades. De ellas hemos catado una prodigiosa torta de ciruelas, que es un compendio, un repositorio, un resumen de la sabiduría centro-europea en estas materias. La torta es inmensa y alta; uno puede pedir que le vendan la mitad (entera vale $36.000 y alcanza casi para un regimiento). Es una especie de queque de muchas especias y nueces, que lleva incorporadas ciruelas en varias capas y algo de crema dulce (que sobra, a nuestro juicio; ya la preparación es impresionantemente rica en elementos). Parece tener antepasados croatas, o eslavos en general. Es de ese gusto. Para quienes están acostumbrados a la repostería alemana, se trata de una variación y prolongación de viejas ideas.” “Probamos, además, un excelente kuchen de nuez que, a primera vista, altera lo acostumbrado: tiene una gruesa capa de masa, que resulta ser un riquísimo y mantequilloso bizcocho, cubierto por una capa de nueces acarameladas pero, al mismo tiempo, blandas. Delicioso.”


 

martes, 31 de octubre de 2017

LOBBY MAG

LOBBY MAG.
Año XXIX, 2 a 8 de noviembre, 2017
LA NOTA DE LA SEMANA: No más carpas, por favor
MIS APUNTES: Catae, otra vuelta de tuerca
DE BEBISTRAJOS Y REFACCIONES: Issei, un viaje al oriente
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

LA NOTA DE LA SEMANA




NO MAS CARPAS, POR FAVOR

Escribo de capitán a paje ya que ejemplos sobran. Ahora que comenzó el buen tiempo y los empresarios sacan las carpas que han estado en las terrazas durante el invierno, es momento de evaluar no solo los resultados de la temporada invernal, sino también de la estética que por lo general arruina el paisaje y el buen gusto de muchos.

No hay carpas bonitas y eso hay que tomarlo en cuenta. Es cierto que una carpa ayuda a tener más espacio para que los clientes estén más cómodos y temperados en invierno, pero por desgracia la estética se va al carajo.

Casas grandes y lindas convertidas en restaurantes, con fachadas majestuosas, se deterioran visualmente en invierno con soluciones poco aceptables, no son el remedio para una ciudad o país que cada día recibe más turistas. Santiago encarpado no es una solución para ellos y tampoco para los propios residentes de la ciudad, ya que esperan –eternamente- una solución distinta a una carpa de plástico con ventanas transparentes del mismo material, para más encima calefaccionada con una estufa que hace hervir la cabeza.

Como ejemplo digno de destacar positivamente es El Bohío del hotel Sheraton. Desde sus inicios un espacio al aire libre que se utiliza sólo en primavera y verano y cuyos ejecutivos se han negado a revestir los muros perimetrales para servir de comedor en tiempos fríos. Ellos tienen conciencia que la estética es parte fundamental de su negocio y no transan por pesos más o pesos menos.

Sabemos que existen trabas municipales para no poner estructuras más pesadas en las terrazas de los restaurantes. Trabas tan difíciles como las famosas patentes de alcoholes que limitan los buenos emprendimientos gastronómicos. Pero en esta nota estamos hablando de estética y no de leyes absurdas. Estamos de acuerdo con los toldos y paraguas… feos, desteñidos y todo, pero al menos le dan un sentido de continuidad al paisaje. La carpa desentona y aparte de ser antiestética, poco contribuye a que la ciudad sea (o se vea) un poco más decente. Esperemos que en estos meses de canícula los propietarios de restaurantes con carpas piensen en alguna solución más atractiva para sus comensales, con el fin de tener una ciudad más acogedora y menos contaminada visualmente. (JAE)

 

MIS APUNTES


 
CATAE
Otra vuelta de tuerca
Los restaurantes hoteleros son, en su gran mayoría, un problema para un complejo cuyo negocio es vender habitaciones. Sin embargo las cadenas internacionales –y algunos establecimientos locales- que aspiran a lograr las 5 estrellas, deben invertir dinero en el posicionamiento de uno o más restaurantes, algo que no siempre es recompensado.

 
Cuando llegó a Santiago el hotel Renaissance, en la actualidad una marca de la cadena Marriott, se esmeraron en diseñar un restaurante a todo nivel, que estrenaron en el 2014 bajo la marca de Catae y con el argentino Mariano Cid en sus cocinas. Una gastronomía de vanguardia que rápidamente conquistó el paladar de los clientes y pasajeros del hotel. Tras el alejamiento de este cocinero, el sous chef de esos entonces, Mariano Bambacci –también argentino- demostró su talento gastronómico, pero debido las dificultades económicas de las cocinas hoteleras, decidieron darle una vuelta de tuerca al restaurante y poner en él a un chileno, David López, con experiencia en el Ritz Cartlon capitalino y por años parte del equipo del chef Tomás Olivera, que está orientando la gastronomía de este lugar hacia una realidad más chilena y con menos artilugios que los chefs anteriores.

A precios más asequibles, la nueva –y primera- carta de David López pone énfasis en la cocina chilena tradicional con productos de calidad. Un paseo de aromas y texturas que entusiasma a los clientes como  su Quínoa de colores (6.900), una preparación en que tres tipos de quínoa -blanca, roja y negra- sirve de cama para un huevo pochado y una mini ensalada crocante a base de berros, zanahorias y apio, todo ello junto a pequeños trozos de charqui de vacuno. Una vez que el huevo se revienta, los sabores se integran potenciando los sabores del conjunto. Un plato rico y posiblemente una de las mejores versiones de quínoa que haya probado en años.

De fondo, Osobuco en su jugo (13.200), una versión libre con un gran hueso de médula trabajada con mantequilla y aceite de trufas, sobre una cama de puré rústico, vegetales y chimichurri. Si bien el día de mi visita la médula no logró el sabor deseado ya que la técnica ocupada no fue la ideal, el producto promete buenos momentos para los amantes de este corte de vacuno.

Al postre, una versión original de Papayas a la crema (5.100) con hojas de masa philo y todo el sabor de las papayas conserveras de la IV región.

Carnes, pescados, pastas y risottos complementan una carta amable para quienes visiten el lugar.  El comedor es espacioso y lleno de detalles agradables. Buen servicio y una carta de cócteles y vinos acorde a un buen restaurante hotelero. (Juantonio Eymin)

Catae / Renaissance Santiago Hotel /Av. Kennedy 4700, Vitacura / 22678 8888

DE BEBISTRAJOS Y REFACCIONES


 
Issei – un viaje al “sol naciente”

Hace poco más de tres meses abrió sus puertas el nuevo restaurant japonés Issei –cuyo nombre significa "primera generación" - en la capital.

Teniendo en cuenta lo arriesgado que puede ser probar un restaurant estando todavía en su “marcha blanca”, nos encaminamos hacia La Dehesa para almorzar.

Grata sorpresa al llegar: nos recibe un sonriente garzón, que camino a la mesa nos enseña una vitrina llena de fresquísimos productos de mar, que de inmediato nos abren el apetito. Tras recibir la carta y pedir algo de beber a la mesera encargada del área donde tomamos asiento (sí, se nota y agradece que haya sistema en el servicio), al saber que venimos a degustar, nos recomienda algunas entradas, especificando los ingredientes y modos de preparación.
El menú fue ingeniado por todos los socios del restaurant Issei, los empresarios gastronómicos chilenos Alberto Ventura (Sakura, Osaka, e.o.), Catalina de la Cerda, Ignacio Montaner y Eduardo Arriarán (Pad Thai), así como también del maestro de sushi peruano, Mario Suárez. Mario es peruano radicado en Chile desde 2000. En su país trabajó en los restaurantes Yokosuka, Juji y Sushiito, finalizando su trayectoria en la Residencia el Embajador de Japón en Perú donde siguió especializándose en la comida japonesa. A su llegada a Chile, estuvo en el restaurante japonés Sakura y Sakura Express, incorporándose este año como socio al proyecto Issei.
La cocina aquí es internacional con fuerte inspiración asiática. Todos los platos tienen un toque japonés, ya sea por alguno de los ingredientes, por la forma de preparación o por la condimentación. Ante tamaña propuesta, elegir se convierte en un agradable desafío…
Partimos con un Ceviche mikussu ($7.900) de corvina, camarones ecuatorianos, ostiones y ají amarillo, marinados a la perfección y acompañado de zapallo camote suavemente apanado. El otro plato, Tosa tarutaru ($8.400), un tártaro de atún y salmón con palta, masago (caviar del pez capelán, considerada como un producto de alto valor, sobre todo en Japón), semillas de sésamo, aceite de oliva y cebollín muy bien adobado, resaltando la leve dulzura de la espesa salsa de soya.
No podemos resistirnos y compartimos, además, una porción de Nigiri Koushinoniku ($3.900): bingo! La calidad del filete Angus y los huevos de codorniz al punto, perfectos para reventar sobre la carne y arroz, nos dejan con una sonrisa sobre los labios. 
El diligente y cordial personal nos sugiere, por lo mismo, continuar con una trilogía de sushi-rolls al estilo nikkei. Mientras esperamos con bossa nova de fondo, disfrutamos del ambiente minimalista del lugar, donde llaman la atención los cuidadosos detalles de colores en las paredes, con cajones de madera a modo de macetas, llenos de plantas naturales.  
Pasados algunos minutos llegan nuestros sushis, dispuestos sobre un barco de madera decorado con camote al hilo, y continuamos nuestra travesía culinaria. La presentación y la mezcla de sabores y texturas son absolutamente logradas. El Ebi kani roll ($8.900) es un crujiente roll apanado de camarones, carne de jaiba, cebollín y queso crema, cubierto en salmón apanado en panko y acompañado por una cremosa salsa tibia. La nota frutal la pone el Mango roll ($8.900), siendo sus componentes fresco atún, carne de jaiba, crujiente pepino, palta con láminas de mango – todo bañado en una salsa del mismo fruto. Nuestra trilogía queda completa con el Acevichado roll ($7.900), una delicada composición de crocantes camarones apanados y palta cubiertos con láminas de pescado blanco, ceviche y una suave salsa de mayonesa al limón. De cada roll llegan nueve bocados, suficiente para probar diferentes combinaciones.
Podríamos dejarlo hasta ahí, pero la carta de postres es demasiado tentadora. Compartimos un Toffee de nuez ($4.400), un tibio kuchen artesanal en combinación con helado de alfajor de vainilla y salsa de chocolate blanco - ideal para los amantes de postres cálidos – y un Cheesecake de té matcha con sorbete de frutos del bosque, que convence por su excelente consistencia y el logrado balance entre la acidez y dulzura del helado.
El espresso italiano Illy que tomamos al final tampoco se quedó atrás: granos de café arábiga extraídos al punto, algo reconocible antes de siquiera probarlo debido a la espesa y abundante crema café-rojiza en la superficie. Summa summarum: una experiencia redonda.
En las próximas semanas se inaugurará la azotea, un espacio ambientado como bar-lounge, donde se estrenará su coctelería… ¡ya programaremos una nueva visita!  (KB & LAB)
Issei
Av. José Alcalde Délano 10492, Local 1512
Mall Vivo Los Trapenses (estacionamiento gratis)
Lo Barnechea, Santiago
Reservas (con 24 hrs. anticipación): +56 2 3224 6913 / contacto@issei.cl
 
 
 
 
 
 

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA
LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(OCTUBRE) LA MAR (Nueva Costanera 4076 / 22206 7839): “El local limeño que trajo Gastón Acurio a Santiago se organiza para lucir los productos de mar locales, entre las vedas que protegen la biomasa marina y los altibajos que experimenta la pesca estacional. Su vocación nos adentra en los alimentos marinos, tan cercanos en la producción como lejanos en el consumo. Y vengan la alba corvina, el rayado bilagay, el sabroso rollizo, las soberbias ostras, el supremo lenguado, y tantos picorocos, jaibas, centollas y pulpos, por nombrar a algunos. Que es cosa de ordenarlos en La Mar, a lo macho, nikkei, al ajo o al rocoto, o como le venga en ganas.” “Sólo así es posible asegurar una oferta sustentable y en La Mar sobran las opciones para disfrutarlos al gusto de cada uno. “Biodiversidad de productos nobles, frescos, espléndida excusa para compartir unos bocados, unos tragos, la vida”, filosofa el chef Labrín.”

MUJER, LA TERCERA
PILAR HURTADO
(OCTUBRE) GRACIA TAPAS Y BAR (Isidora Goyenechea 3000, local 106 / 23245 0879): “Probamos dos tipos de sangría, ‘Un golpe de gracia’, que es sangría blanca con maracuyá, vino blanco y gin, que nos zumbamos muy rápido y nos pareció suave. También la ‘Graciosa’, inspirada en la sangría clásica con vino tinto y jugo de naranja, que estaba más fomecita, he tomado mejores. De las tapas, probamos varias: boquerones en aceite de ajo y perejil, ricos pero con gusto a poco (parece que venían 6); las llenadoras patatas bravas, en cubos y muy ricas, con una salsa un tanto cargada a la mayo y muy poco picante, que debiera ser la característica de esta salsa (hasta en Wikipedia dice que, si no, las papas se debieran llamar flojas o mansas), pero las papas estaban buenas. También compartimos la tapa del día, almejas fritas, originales pero un tanto gruesa la fritura y tapaba la delicadeza del bivalvo.” “El garzón que nos atendió partió diligente y luego, cuando se comenzó a llenar el local, se resintió la atención pues estaba muy solicitado. En suma, el lugar increíble: lindo, animado, todo pasando. La comida y las sangrías que probamos ese día, perfectibles.”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(OCTUBRE) SWAD (Avenida Italia 1307 / 22699 9631): “Primero, samosas ($2.900), esas empanaditas rellenas de papas y arvejas, más horneadas que fritas en este caso. Igual muy sabrosas. Luego, unos trozos de verduras rebozados con harina de garbanzo (pakora, $3.500), otro golpe de sabor extranjero, al igual que unas bolitas de espinaca con queso (palak cheese ball, $3.990).” “De entre los platos principales, estos vienen sin picante, pero, si se quiere, se les puede incorporar en grados de uno a cinco. El único que se pidió con un preciso grado dos fueron unos camarones en una salsa atomatada (jhinga masala, $6.500), hechos a punto y no en grado textura plumavit. Para acompañar, un arroz con comino (jeera rice, $2.000) y un kashmir pulau, con frutas ($2.900). Además se sumaron tres variedades de pan, entre las que destacó un planito nan con MUCHO ajo, maravilloso y matapasiones ($2.000).” “¿Que se puede decir de una comida que se termina sopeando con el pan? Que es una fiesta no más. Y con la cantidad de platos ofertados en Swad, dan ganas de ir llenando una cartilla para ir probándolos todos.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(OCTUBRE) DOÑA TINA (Los Refugios 15125, Lo Barnechea / 22321 6546): “Partimos con una empanada ($3.400) excelente: es difícil encontrar tan atinadamente equilibrada la sazón chilena de comino, orégano, color, picor y ajo como en este caso. Masa perfecta; pino de buena consistencia (ni seco ni aguachento), textura correcta (carne molida, aceituna, huevo duro y, cosa muy laudable porque así es la tradición, pasa). El plato de "picadillo" que vino a continuación ($7.800), suficiente para dos, traía muy buen arrollado de chancho, tajadas carnudas de pernil y un estupendo arrollado de malaya, como no comíamos hacía mucho.” “Un plato de fondo fue "el plato de Doña Tina", que combina arrollado caliente de chancho y costillar de chancho asado ($10.700). Ambas cosas en el colmo, que es decir "en el culmen", de la calidad y en una cantidad adecuada al apetito que despierta (porque, como se sabe, "el hambre se despierta comiendo"). Ah, qué bueno estaba aquello. Un puré de papas escoltó correctamente este "platillo", como dicen los finos.”

 

 

martes, 24 de octubre de 2017

LOBBY MAG


LOBBY MAG.

Año XXIX, 26 de octubre al 1 noviembre, 2017
LA NOTA DE LA SEMANA: El chileno y la comida china
MIS APUNTES: La mar
LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR: De gallinas felices y gatos de burdeles
BUENOS PALADARES: Crónicas y críticas de la prensa gastronómica

LA NOTA DE LA SEMANA


 
EL CHILENO Y LA COMIDA CHINA

¿Le gusta al chileno la comida china masiva?

Buena pregunta y muchas respuestas. Más de algún purista dirá que lo que se come en Chile como comida china es una representación a la chilena de la comida cantonesa y que esa gastronomía es bastante más que eso. Razón tiene nuestro “purista”. Sin embargo el fenómeno de la comida china-cantonesa en nuestro país llegó para quedarse por mucho tiempo. Es una comida popular y económica y por ellos muchos le quitan la vista de encima y niegan vínculo alguno con el chapsui, el filete mongoliano y el arrollado primavera. Sin embargo no hay barrio que se distinga que no tenga un par de restaurantes chinos. Está claro que por mucho restaurante peruano que exista en el país, los locales chinos llevan una gran ventaja.

Como la cumbia, que se transformó en baile nacional, la comida china se ha involucrado tanto en nuestro ideario colectivo que es prácticamente insustituible en las salidas a cenar de gran parte de nuestra población. Rápida de elaborar, digerible y buena sazón son los puntos a favor. Buen precio y abundantes porciones también son factores importantes que consideran los habitúes. Definitivamente el pueblo –el 94 % de nuestra población- prefiere el wantán a las giosas; el arrollado primavera al sushi y el pollo chiten al teppanyaki.

¿Sabiduría china? Es posible. Estadísticas nos indican que sólo un 4 a un 5 % de nuestra población accede a restaurantes de categoría. Esto es un universo de 800 mil habitantes. Son los mismos que compran vino embotellado. El resto, cerca de 16 millones de compatriotas se conforma con el vino en caja, el chimbombo, las garrafas; el fast food, la comida china, peruana y otras cocinas económicas que se han instalado últimamente gracias a la inmigración de latinos a nuestro país.

Y a pesar del éxito de esta cocina, aun no logra fusionarse con nuestra propia gastronomía. Por ello es quizá que los peruanos –que avanzan a paso gigantesco- descubrieron hace años que la fusión de diferentes gastronomías los haría famosos. Juntaron lo inca con lo africano, lo chino y lo japonés y hoy es considerada como una de las cocinas más sabrosas del mundo. ¿Sabía el lector que antes que los japoneses les enseñaran a los peruanos cómo se comía el pescado, nuestros vecinos elaboraban una especie de puré con pescado desmenuzado para hacer el cebiche, al igual que nosotros?

Poco nos atrevemos para revolucionar nuestra cocina. La queremos pura, ojalá con quínoa, amaranto y chaguales para diferenciarnos. Es posible que el aislamiento en que vivíamos hace unas decenas de años nos haya marcado un carácter conservador en nuestra gastronomía. Pero ya no estamos aislados. Somos parte de una comunidad mundial y también queremos que nos distingan por una cocina vanguardista. Existen los chefs y las materias primas necesarias. Es posible que sólo falte algo de audacia para incorporar a nuestro recetario raíces foráneas que siendo parte de nuestra actual idiosincrasia, aun las vemos como ajenas y lejanas.

No crea que este sea un pensamiento estúpido y fuera de foco. La cazuela y la cueca están para la foto; la cumbia y posiblemente una cocina nacional repensada serán para el chileno del futuro. De repente creemos que nos estamos quedando detrás de todos. Lejos de los que experimentan y de los que se renuevan. Y eso hay que revertirlo pronto. Chile no debe ser sólo materia prima. De eso hemos vivido durante siglos pero lo que nos dará distinción es el valor agregado de nuestros productos. Y para allá hay que mirar. (JAE)

 

MIS APUNTES


 
LA MAR

Nació en Lima y hoy está presente en seis mercados internacionales en las Américas, Santiago incluido. El gestor de todo es Gastón Acurio –conocido por todos- y por ello no ahondaremos en los logros que lo ha convertido en uno de los grandes a nivel mundial. Más allá de contar lo que todos saben, intentaremos traspasar al lector la experiencia de asistir a uno de los íconos gastronómicos de la capital. Luego del cierre de Astrid y Gastón –por razones de ubicación y que aún no tiene fecha de retorno-, La Mar, pronto a cumplir diez años en nuestra capital, se convirtió en el producto bandera de los restaurantes de Acurio en Chile, donde es imposible llegar sin reservas y pese a sus valores, es uno de los grandes best sellers de la capital

Curiosamente, el chef del lugar es chileno. Uno que se tomó muy en serio la cocina peruana, sus técnicas y productos, pero que lentamente introduzco pescados y mariscos propios de nuestro mar en la carta de este entretenido restaurante. Carlos Labrín lleva cinco años a cargo de esta novedosa cocina y que revisitamos para conocer su nueva carta, con increíbles sabores, aromas, picores y colores, que inundan los dos pisos de este lugar.

Lo peruano, lo nikkei y lo popular es la base. Cebiches donde manda el ají amarillo, la cebolla morada, el pescado y mariscos frescos (13.800); o una maravillosa Leche de tigre (12.800) con camarón del Atlántico y concha de ostión, fue el inicio de una extensa degustación. Imbatible es una original Causa de alcachofas (12.800), con centolla, huancaína, palta e ikura, tan sabroso como unos Pulpitos con salsa parrillera, chimichurri y pimientos, sobre papitas mortero (15.800)

Los arroces y las pastas son memorables. Desde unos Spaguettis Negros (15.800), saltados en tinta de calamar, mariscos y alioli de rocoto, hasta su famoso Arroz chifa (15.800), con mariscos, verduras y huevo.

La carta de postres también tiene lo suyo y ahora figura como protagonista el Turrón Doña Pepa, masa de anís con miel de frutas, caramelos de colores y helado de turrón, aparte de sus ya tradicionales Picarones con miel de higos, que son realmente de otro planeta.

Al buen servicio se le suma una nueva lista de cócteles que van más allá de su tradicional –y siempre bien ponderado- Pisco Sour. De la mano de su bartender, Donald Tirado, aparecieron cócteles como Mueve tu Cucu, infusión de pisco en betarraga, arándanos y naranja. Por su parte, Mentiloosa invita a disfrutar la terraza de La Mar con vodka frambuesa, menta, jengibre y tónica. Flor de la Canela sorprende con una base de malbec y pisco, más toques de canela y naranja; mientras Sabor a ti juega con los notas del cardamomo, pisco quebranta, maracuyá y hierba luisa, con un toque de lychée.

La cocina peruana es de temer, pero para bien. Con ingredientes básicos como papas, arroz y ají,  sumándole un par de productos más, logran preparaciones inigualables. La cocina merece felicitaciones ya que se despendieron casi totalmente del Ají no Moto, un potenciador de sabores algo suicida. En la actualidad se pueden apreciar sabores puros, y eso se agradece.

La Mar / Av. Nueva Costanera 4076, Vitacura / 22206 7839

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


 
DE GALLINAS FELICES Y GATOS DE BURDELES

 (No niego que los huevos de campo son más sabrosos que los industriales. Eso es obvio, pero de ahí a decir que la gallina es feliz por permitirle comer pasto, piedrecillas y gusanos, hay un tremendo tramo que explorar)
 
Eso de “gallinas felices” me suena similar a “gato de prostíbulo”. Ambas etiquetas son tan falsas como los billetes de tres mil pesos. Un recurso más del marketing publicitario para hacernos pensar que todo lo que provenga de la industria es malo, dañino y pernicioso. ¿Son felices las gallinas o es mejor hablar de huevos orgánicos?

La diferencia de color de la cáscara de los huevos de gallina únicamente difiere por causas genéticas ya que cada raza aporta pigmentos diferentes que se irán depositando en el cascarón a su paso por el oviducto de la gallina.  El interior del huevo no cambia, ya sea de un color o de otro,  porque el sabor y el color interno del huevo dependen de la dieta de la gallina.

En el fondo, el huevo es un producto bastante homogéneo, por lo que para diferenciarlo los productores recurren a estrategias como enriquecerlos con Omega-3, vitaminas, minerales y carotenoides, todo esto a través de la comida que se les da a las gallinas.

¿Y la yema más naranja? Para los chilenos un huevo con yema más oscura es más sano y mejor, en tanto que en otros países los consumidores prefieren las yemas más pálidas. Sin embargo, las diferencias de color también están dadas por la dieta que siga la gallina: si consume mucho pasto, sus huevos tendrán una yema más naranja. O sea, el manejo de las características de los huevos lo hace la industria.

Lo mismo pasa con los gatos de prostíbulo. El gato es otro de los personajes novelescos que moran en las casas de remolienda durante todo el día. Equivalía al perro faldero de las prostitutas parisinas que posaron para Toulouse-Lautrec. Si el gato no estaba paseando entre las piernas depiladas de las "niñas", recibiendo una caricia de ninfa cada tres pasos, ronroneaba sobre las piernas de la regenta o dormía cómodamente en las camas de las habitaciones, además de que comía más de la cuenta ya que todas las niñas de la casa lo alimentaban. De ahí proviene otro corolario popular chileno: "Más flojo que gato de casa de putas", sin tomar en cuenta que la gran mayoría de los gatos urbanos se crían como mascotas, comen alimentos fortificados y con mucha suerte cazan polillas.

Probablemente, el gato era el ser vivo más regaloneado de un burdel, después de la clientela, y el único con autorización a pasear sin restricciones por todos sus rincones. Pegarle un puntapié al minino equivalía a estrellarse con todas las mujeres de la casa. Pasa lo mismo con las gallinas felices. Hay quienes buscan afanosamente los huevos de estas gallinas para sentirse con la conciencia aliviada al comer productos supuestamente más sanos, cuando la realidad es que está alimentándose con el mismo valor nutricional pero el doble de caro, sin tomar en cuenta que debido a que la demanda supera la oferta, la gallina feliz se ha transformado en otra figura literaria, tanto o mejor (con todo respeto) que el gato novelesco de las casas de putas. (JAE)

BUENOS PALADARES


CRÓNICAS Y CRÍTICAS
DE LA PRENSA GASTRONÓMICA

LAS ÚLTIMAS NOTICIAS
RODOLFO GAMBETTI
(OCTUBRE) RUBAIYAT (Nueva Costanera 4031 / 22617 9800): “Ponen a criterio del respetable la posibilidad de elegir entre cortes, precios y sectores, según el despostado brasileño. La lista incluye ojo de bife, picaña, bife de chorizo, filete, bife de tira, entraña, tirita de picaña y mollejas de corazón, de 350, 320 o 380 gr., con valores de $16.900 a $19.000, o una cotota megadegustación de tres carnes que suman 580 gr. (ojo de bife, bife chorizo y picaña, por $35.500. Como variante, pollo de grano, chuletas de cordero y hamburguesas de 200 gr. Su acompañamiento propone un despliegue de guarniciones a todo dar, desde papas fritas (agregue otros $5.300, hasta puré trufado ($6.300). Hay bastante para picar y compartir. Y de alternativa, pulpo al horno, una fideuá -en versión aún española-, de camarones con azafrán. O un pescado del día, al horno.”

MUJER, LA TERCERA
PILAR HURTADO
(OCTUBRE) LA MAESTRANZA (Av. Vitacura 5468 / 23223 5280): “Compartimos un crudo de vacuno La Maestranza, que aquí hacen con carne cortada a cuchillo (a menos que la haya cortado un samurái con una katana, yo juraría que esta vez la pasaron un par de veces por la moledora, ya que era como un puré), viene con pocillos de cebolla morada, alcaparras, pepinillos y mostaza en granos, todo picado bien pequeño. El limón que acompaña es sutil y las tostadas son de pan artesanal grueso y crujiente; nos gustó bastante.” “También probamos un Osso Lucco, emparedado de osobuco en pan ciabata casero, servido con mermelada de tomates, hojas verdes y media palta fileteada perfecta, además de coleslaw de repollo morado en potecito aparte. Estaba delicioso, solo un detalle: los amantes del osobuco amamos la médula, que yo pondría en potecillo al lado, bien caliente, para disfrutarla junto al sándwich.” “La Maestranza no defrauda…”

WIKÉN
ESTEBAN CABEZAS
(OCTUBRE) JOHN NORTON (Alto Las Condes, local 3229 / 98290 1897): “De entrada, unas tostadas con roast beef ($8.800) que incluían en su bautizo "Hein beans", por traer porotos agridulces de esa marca. Bueno, primero que nada fue flaco favor al placement, porque no tenían porotos. Luego, una palta ofrecida en la carta, inexistente. Y, lo peor de todo: unas lonjas minúsculas de algo que NO era roast beef, porque en este la carne viene rosadita, y esto era carne cocida en su totalidad. Un chiste. Y malo.” “Luego los fondos, de una oferta donde destacan precios altos para ser un lugar informal (mantel y servilletas de papel, y con un par de platos en su carta a... $23.000). Primero, unas albóndigas sobre puré de papas rústico y con cebolla caramelizada ($9.800). Y hay que decirlo: por suerte el cuchillo era de los aserrados, porque eran ricas y duras las albóndigas, lo mismo que un pedazo de papa poco cocido escondido en medio del puré. Las cebollas sí estaban buenas.”

WIKÉN
RUPERTO DE NOLA
(OCTUBRE) LA PERLA DEL PACÍFICO (Parque Arauco, local 372-A / 22656 7013): “Para empezar pedimos una Selección de frutos del mar ($22.900) para dos: se nos trajo, entre abundantes lechugas de adorno, un potecito de erizos, una copa con cebiche de pescados, unas diez ostras chicas, unas cuantas patas de jaiba, algunos choritos al vapor y pulpo frío. Tuvimos que pedir alguna salsa, porque el plato llegó así, mondo y lirondo. Jaibas congeladas con mala textura; ostras impávidas que no fueron probadas por instinto de supervivencia; buen cebiche. Disfrutamos, sí, de los erizos; pero, por ese precio, uno espera algo sustancialmente mejor.” “Como tuvimos que cancelar una orden de atún, que no había (fuimos de los primeros en llegar), pedimos una merluza austral al ajillo ($11.900), que no tenía mucho ajillo, para ser francos, aunque estaba cocida a punto. Y otra merluza austral sellada (mismo precio) acompañada de las consabidas verduritas al wok. El otro acompañamiento (motivo por el que pedimos el plato) fue un guiso de mote con mariscos: muy bueno; el mote se comporta bien casi con lo que le pongan. Pero ninguna de estas cosas valía lo que tuvimos que pagar por ellas” “…una cocina corriente, con pocos aciertos, en un ambiente excesivamente ruidoso.”