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Fachada exterior

miércoles, 23 de junio de 2010

LA COLUMNA DEL ESCRIBIDOR


SOL DE MANCORA

¡Santiago se está inundando de restaurantes peruanos!, pensaba cuando me dirigía al Sol de Máncora una lluviosa noche de la semana pasada. Cierto. Parece que es una plaga que no tiene para cuando terminar. Es que está gustando tanto esta gastronomía que muchos empresarios piensan que un restaurante con esta cocina es grito y plata. Y muchos gastan fortunas en implementar un local con estas características.

El Sol de Máncora es uno de ellos. Impecable y casi lujoso en un estilo minimalista donde lo negro se une a lo blanco y al beige. Bonito lugar. En la cocina está Gonzalo Olmedo, un chef chileno que vivió años en Lima y se empapó con la cultura gastronómica nortina. Un perfecto pisco sour –en vaso- (como lo beben los peruanos) me ayudó para paliar el frío que llevaba por dentro. El lugar, calefaccionado y con vajilla de primera, ya estaba encantándome.

Trío de causas para iniciar (8.000): pulpo al olivo, locos con chalotas y centolla con crema ácida. Ricas aunque la papa algo blanda, aunque el producto es de primera. Ya lo sabe el chef Olmedo ya que en su anterior emprendimiento, el “In Vitro” del Paseo el Mañío, experimentó bastante con esta cocina.

Lo nikkei también es su fuerte, aunque un cebiche nikkei de salmón (7.600), con soya, jengibre, sésamo y cancha con una emulsión de soya, no fue lo mejor para mi paladar. Si bien había sazón, esta era demasiada, quizá por el aporte escondido del ají no moto.

Bebimos vino a pesar de que esta comida es perfecta con cerveza. Sobre todo para un genial congrio crujiente apanado en panco y acompañado de un ajiaco de pulpo y panceta (8.900). Rica mezcla y de todo mi agrado. Sin embargo la elección del vino tuvo su momento de gloria al degustar un seco de costillitas de cordero sobre yuca majada con tomate, cilantro y ají amarillo.

Poco picor en los platos. La razón la entrega Gonzalo Olmedo. La gente no esta aun preparada para el picor peruano y cuando lo hemos intentado nos regresan los platos casi sin probarlos. Es posible que tenga razón, sin embargo le hicimos ver que bien podrían preguntar por el picor requerido por el cliente. Así todo sería más sencillo y el comensal saldría más que contento, ya que el lugar merece respeto.

Un piqueo con cocadas, guerqueros, picarones, merengues, ponderaciones y frutas (7.000) de postre. Acá, nada novedoso… faltó la “mano de monja peruana”

En resumen: un buen lugar para deleitarse con una amplia gama de platos peruanos a un precio justo y en un ambiente de calidad. Buena atención ya que los mozos son peruanos y si bien falta un poquito de picor… eso se soluciona con buena voluntad. Si fuera vino, el Sol de Máncora no sería un Premium, por así decirlo, pero sí un buen Reserva. (Juantonio Eymin)

Sol de Máncora: Av. Padre Hurtado 1460, Vitacura, fono 212 8275